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José María Obaldía, el escritor e investigador del habla “del pago”, murió a un mes de cumplir los 100 años
Padre de la periodista y actual diputada María Inés Obaldía, fue maestro, escritor, lexicógrafo y presidente de la Academia Nacional de Letras del Uruguay (1999-2003); sus poemas fueron musicalizados por varios cantantes, como Tardecita y Tiento por Los Olimareños
Con sus relatos, poemas y canciones, dejó huellas de su tierra, de sus pagos, de su gente y de sus formas de habla. José María Obaldía fue un gran escucha de historias orales que con su escritura se volvieron literatura, una literatura llena de oralidad. El jueves 17, a un mes de cumplir los 100 años, Obaldía murió en Montevideo.
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Había nacido en Treinta y Tres un 16 de agosto de 1925. Fue maestro y director, escritor de cuentos y novelas, lexicógrafo y presidente de la Academia Nacional de Letras del Uruguay (ANL), entre 1999 y 2003. Pero antes de esas profesiones, tuvo varios oficios en su tierra natal y siempre fue un gran proseador, rico en giros y expresiones.
Cuando cumplió 90 años, la revista de la ANL le rindió homenaje con artículos que escribieron varios de sus colegas académicos, amigos desde la infancia, escritores y comunicadores. Uno de ellos fue el maestro Luis Neira, quien así lo recordaba:
“Desde muy joven ejerció un singular carisma que le proporcionó infinidad de amigos, o simplemente admiradores, con su singular manera de ser, su carácter afable y comprensible. Yo tendría unos nueve o 10 años, y él andaría por los 20 cuando lo veía pasar, en alpargatas, por la puerta de mi casa, allá en Treinta y Tres, con un amigo sosteniendo una conversación, que sin duda debía versar sobre algún tema trascendente, ya que estábamos en épocas de un mundo convulsionado por la Segunda Guerra Mundial. Agudo observador y memorioso, es poseedor de una gran capacidad para la narrativa oral, capaz de ponerle suficiente picante y sal a un asunto cuasi banal, para transformarlo en una inolvidable pieza literaria”.
Neira también evocaba el carácter “picante” de sus relatos recopilados en 20 mentiras de verdad (1971), que tuvo una primera edición por la Fundación Editorial de la Unión del Magisterio y después fue publicado por Banda Oriental. Ese libro fue un mojón en la trayectoria de Obaldía.
20-mentiras-de-verdad
En el prólogo de aquellos relatos, Obaldía escribió que las mentiras que contaba el viejo Severo Cardona en el Olimar eran “tan fantásticas y descabelladas que desterraban totalmente el engaño, dándose su validez plena y únicamente en el placer de oírlas”. Esas historias se sentían “como el río, el arroyo o los cerros grises que aparecen allá, al morir de unos ramales de la Cuchilla Grande”. Sin embargo, cuando el músico Atahualpa Yupanqui llegó a sus pagos contó que había oído esas anécdotas en varios países latinoamericanos. “Nuestras mentiras, las que contara don Severo, y yo escribiera, eran ajenas”, concluía Obaldía como advertencia para quienes se embarcaran en sus relatos.
Él mismo escribió que gracias a las voces y frases que incluyó en aquellos relatos recibió la invitación para colaborar con la Comisión de Paremiología de la ANL. “Nuestra tierra, pequeña y lisa, sin accidentes geográficos capaces de complicar o impedir la relación fluida entre todos los parlantes del país posee, sin embargo, ‘pagos del habla’. Con límites difusos o inexistentes”, escribió en el prólogo de El habla del pago (Banda Oriental, 1988, 2001), un verdadero “diccionario” de palabras y expresiones, como abanar, caer agua como baba de loco, enverijar o mormaso, difíciles de encontrar en el habla montevideana.
habla-del-pago
Su visión sobre los cambios en el lenguaje la destacó el escritor Mario Delgado Aparaín en su artículo para el homenaje en la revista de la ANL, con las palabras del propio Obaldía, al negar que se haya perdido riqueza en el habla: “¡De ninguna manera, qué esperanza! Solo hay palabras que han desaparecido. A pesar de que las queremos muchísimo, muchas se fueron. Como se ha ido el Montevideo de 1939 o 40, el que yo conocí cuando vine a vivir para terminar los últimos años de escuela (...). Escuchaba a mis amigos pronunciar cantidad de palabras misteriosas y a mí me ocurría que nadie aceptaba un gajo de mi tangerina, porque yo les ofrecía un gomo… Incluso me mofaba en Treinta y Tres de que usaran el término pásula para hablar de un gorrión o de un pichón de pájaro. Esa palabra murió e igual suerte corrió minero, que era un ratón doméstico y beninún, aquel insulto tan ofensivo y descalificatorio. Cayeron en desuso y en su lugar se fueron y se van incorporando otras”.
Obaldía tenía especial interés por el público infantil, y de sus investigaciones, junto con Luis Neira, publicó Versos y canciones en la escuela (Banda Oriental, 1973) e Historia de la literatura infantil juvenil uruguaya (Banda Oriental, 1978). Otros de sus libros fueron La bandera del jabalí (novela histórica publicada por Editorial Monteverde, 1993), Bautista el equilibrista. Cuatro cuentos y doce canciones (Banda Oriental, 1997), Tres cuentos del tío (premio del MEC, Banda Oriental, 1997), Como pata de olla (Banda Oriental, 1997).
Sus poemas fueron cantados por varios grupos del canto popular. Tardecita es una palabra preciosa y uno de sus poemas cantado por Los Olimareños, igual que cantaron Tiento, a modo de payada: El pintor que pinte mi alma / Tendrá que pintar la pampa / Porque mis penas son negras / Pero mi frente bien blanca.