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“Las estrategias y las luchas de poder están en un plano atmosférico pero la realidad es gente que le matan un hijo, personas a la que le bombardean la casa y tiene que sacar a otros de los escombros mientras hay gente llorando bajito”, dice Paula Farías, expresidenta de la organización Médicos sin Fronteras, en un video que resume los insumos en los que se basó el dramaturgo y director teatral español Mario Vega para escribir y dirigir Protocolo del quebranto. Esta obra teatral con vocación documental, basada en testimonios de sobrevivientes de la guerra de Ucrania y estrenada en España en octubre de 2023, llega a Montevideo la semana próxima en el marco de una gira latinoamericana iniciada en Colombia y México. Se presentará en dos funciones, el jueves 24 y el viernes 25 a las 21 en la sala Campodónico del Teatro El Galpón (entradas en RedTickets y boletería).
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Vega ha construido su trayectoria teatral sobre temáticas sociales urgentes en Europa como las guerras, las crisis migratorias y los miles de refugiados que estas generan año tras año. El primer paso fue en 2014 con Me llamo Suleymán, obra que relataba el periplo de los migrantes desde África a las islas Canarias. Para su gestación, Vega viajó a varios países africanos en los que documentó historias reales de migrantes. En 2020 estrenó Moria, obra bautizada con el nombre de un campo de refugiados africanos instalado en la isla griega de Lesbos, donde eran llevados quienes intentaban cruzar el Mediterráneo desde Áfica a Grecia e Italia a bordo de embarcaciones precarias clandestinas. Vega permaneció durante 10 días en el campamento, donde entrevistó a decenas de refugiados para después plasmar en esa obra una doble problemática, la de los migrantes y la de los refugiados. Moria se presentó en Montevideo en 2023, en el festival Temporada Alta, en Sala Verdi.
Según el autor, Protocolo del quebranto surgió con el propósito de llevar a escena las causas y las consecuencias de la guerra y el dolor de las víctimas, sean de donde sean. “¿Es el abuso de poder inherente a la condición humana?”, es una pregunta omnipresente en esta obra. A partir de personajes ficcionales, el director propone explorar conceptos como justicia y moral para analizar las relaciones humanas desde la perspectiva de la necesidad imperiosa de la supervivencia.
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Protocolo del quebranto, el jueves 24 y el viernes 25 en El Galpón
Mónica Hernández
Cáncer de la humanidad
Entrevistado por Búsqueda esta semana, Vega contó desde México (donde se está presentando la obra) que entre las personas con las que habló en Ucrania hay padres que perdieron a sus hijos, un cura que tuvo que enterrar 17 cadáveres en el jardín de su iglesia, un chico mutilado de 17 años que perdió una pierna en el frente de batalla en Dombás, la región invadida por Rusia. “Lo que me interesó es retratar el dolor de las víctimas. Y después de todas las charlas que tuvimos, lo que quedó como denominador común es que la guerra es un cáncer de la humanidad y todo el que se acerca a una guerra termina padeciendo una metástasis. Al punto de que en la guerra real, entre quienes están en el frente, se diluyen los papeles de víctimas y victimarios. Incluso quienes son espectadores de esa guerra, como los periodistas que van a cubrir o un médico socorrista o un miembro de una ONG, cualquiera que esté en el frente, termina contagiándose de ese cáncer y se convierte en víctima y también en victimario. Entonces, en este espectáculo intentamos reflejar cómo los roles se van transmutando de acuerdo a los momentos y a la necesidad de cada individuo”.
Un año después del inicio de la guerra, el autor viajó a Ucrania para entrevistar a 19 sobrevivientes de los bombardeos del Ejército ruso en Kiev y otras ciudades de ese país. Al regreso de ese viaje realizó una serie de mesas de conversación a cargo de especialistas en periodismo de guerra, derechos humanos, juristas internacionales y expertos en políticas de cooperación. Con las entrevistas en territorio ucraniano y esas rondas de reflexión como insumos, se embarcó en la dramaturgia. Así cobró forma la obra, estrenada en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas (Islas Canarias) en octubre de 2023.
Protocolo del quebranto es interpretada por tres actores españoles: Marta Viera, Mingo Ruano y Luifer Rodríguez. Cuenta la historia de Crezk, un comerciante de pólvora ambulante, de origen y bandera desconocida, que va de guerra en guerra en un carromato motorizado, un armatoste itinerante al que llama Osel, donde vive y esconde pólvora y munición de pequeño porte. Es un mercachifle de la guerra “trapichea”, según escribe Vega, “sin importarle quién es amigo y quién enemigo”. En el carro vive con él Nadia, definida como “una mujer extraña, casi monstruosa”, con quien el protagonista mantiene una relación ambigua, poco clara, que se balancea entre la atracción y la repulsión. Una noche, Crezk encuentra a un hombre malherido y lo auxilia, “sin ningún ánimo de buen samaritano, ya que intuye en él un siervo para su reino”. Y agrega el autor: “Lo que empezó siendo una acogida se convierte en una invasión… y puede que en una guerra por la supervivencia”.
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Mónica Hernández
Sin perdón
Vega sostiene que el impacto de la guerra sigue siendo tan traumático y brutal hoy como siempre. “En todas las entrevistas repetíamos la pregunta a cada quien sobre si llegaría a perdonar alguna vez al enemigo, y absolutamente nadie respondió que sí. Otro patrón invariable es que todos piensan y creen que su bando será el ganador, lo que habla de que la única manera de mantenerse vivo frente a una guerra es entendiendo la victoria como la única posibilidad. Si no es la muerte. Esto lleva a que todo el mundo adopte posturas radicales, con lo cual terminas convirtiéndote en lo que detestas”.
El diseño de los personajes responde al principio de que en la guerra cambian por completo los paradigmas morales: “Matar está mal, lo sabemos. Desde el sofá de tu casa nunca matarías, pero en la guerra, si alguien apunta con un arma a la cabeza de tu hijo y la unica posibilidad de salvarlo es cargando una pistola y disparándole a ese tipo, se va a resquebrajar tu discurso ético y moral sobre el bien y el mal. Y vas a disparar. Entonces, en ese límite están parados los personajes en la obra. Desde ese límite contamos esta historia”.
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Mónica Hernández
Agua
Esta historia está hecha con base en historias reales, cuenta Vega: “Un padre que tiene que enterrar el cuerpo de su hijo en el patio de su casa, de la que no puede salir porque está asediada por francotiradores rusos. Una chica que vivió durante seis meses en un búnker de un edificio que estaba ocupado por los rusos. Esas historias que nos contaban eran tan terriblemente dolorosas que es la propia guerra la que dirige parte del espectáculo. El impacto es tan brutal que yo como director hago cosas aquí que en otra obra no haría. La guerra te lleva a lugares insospechados”.
Vega imprimió a la puesta en escena un gran despliegue de luces, sonido, proyecciones audiovisuales y un elemento clave muy poco frecuente en el escenario: el agua, presente en una lluvia que enmarca varias escenas. Todos tenemos a la guerra en un imaginario de fuego, al rojo vivo, y muy caliente. Ucrania nos llevó a un frío y a un agua que permanentemente va desgastando y horadándolo todo. Es una incomodidad vinculada al contraste emocional que provoca el frío helado que hiela los corazones y el alma. Muy lejos de los referentes cinematográficos. El agua como la tortura permanente de la guerra.