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‘Lugares’, novela de Georges Perec, uno de los escritores más delirantes y geniales del siglo XX
Lugares es un experimento asombroso: 12 visitas durante 12 años a 12 puntos afectivamente significativos de París; un dispositivo literario que Perec pareció diseñar tanto para fijar su memoria como para garantizarse un colapso nervioso
En 1969, Georges Perec, uno de los autores más originales del siglo XX, concibió un proyecto literario desmesurado que combinaba memoria, método y obsesión: Lugares (Anagrama, 2025). Su estructura se basaba en lo que en matemáticas se denomina “bicuadrado latino ortogonal de orden 12” y exigía 12 años de visitas anuales a 12 puntos de París afectivamente significativos. Cada visita debía producir dos textos, que una vez escritos serían sellados: uno puramente descriptivo, el “real”, centrado en lo infraordinario, y otro evocativo, etiquetado como “recuerdo” y vinculado a las memorias que el lugar despertaba. Era un dispositivo literario que, en su arquitectura, parecía diseñado tanto para fijar su propia memoria como para garantizarle un colapso nervioso.
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El proyecto —al principio llamado Loci Soli, en referencia a Locus Solus, de Raymond Roussel— formaba parte de un “un vasto conjunto autobiográfico”, según el propio autor, que se articulaba junto con otros tres libros: L’Arbre (El árbol), sobre la historia de su familia —que apenas logró empezar entrevistando a una tía—, Lieux où j’ai dormi (Lugares donde he dormido), que se presume empezó y luego abandonó, y W, una novela de aventuras que acabó convirtiéndose en W o el recuerdo de la infancia, publicada en 1975. En este plan, Lugares (Lieux) debía funcionar como eje unificador.
Perec inició el viaje atravesando una crisis personal tras su ruptura con Suzanne Lipinska, y el trabajo le permitió mantenerse anclado en París y en una rutina creativa estricta. Sin embargo, a mediados de 1975 lo abandonó tras producir 155 de los 288 textos previstos. Murió el 3 de marzo de 1982, a cuatro días de cumplir 46 años.
Nació el 7 de marzo de 1936 en París, hijo único de Icek Peretz y Cyrla Szulewicz, judíos polacos emigrados a Francia en la década 1920, quienes modificaron el apellido original para integrarse en el ambiente francés de la época. Icek murió en 1940 combatiendo a los nazis, Cyrla fue deportada a Auschwitz, donde se le perdió el rastro en 1943. Criado por sus tíos, que lo adoptaron formalmente en 1945, Perec supo tarde la verdad sobre sus orígenes. De sus primeros siete años de vida no alcanzaba a recordar casi nada. Y ese “casi nada” se volvió, con el tiempo, una especie de ruido que latía detrás de su afición por los experimentos lingüísticos, los puzles, las enumeraciones, las repeticiones y las ausencias.
bicuadrado
Bicuadrado contenido en Lugares.
lieux-georges-perec.seuil.com
Sociólogo de formación y miembro del OuLiPo (acrónimo de Ouvroir de Littérature Potentielle, en español: taller de literatura potencial), Perec escribió de manera extensa en todo tipo de estilos y tonos. Fue un autor singular, un buscador, un explorador que incursionó en la poesía, el teatro, el cine y la literatura, campo donde se exigió a sí mismo no repetir en su siguiente libro una fórmula o un sistema desarrollado en cualquiera de sus libros anteriores. Su obra se desplegó en tan solo 17 años, desde Las cosas (1965) hasta su muerte. Publicó Un hombre que duerme (1967), una exploración del aislamiento de un joven estudiante escrita en segunda persona (“Tú no te mueves. No te moverás. Otro, un sosias, un doble fantasmagórico y meticuloso hace, quizás, en tu lugar, uno a uno, los gestos que tú ya no haces: se levanta, se lava, se afeita, se viste, se va”); en 1969, La Disaparition, novela de la ausencia, un policial en el que no aparece la e, la letra más habitual en francés (la traducción al español prescinde de la letra más habitual en ese idioma, la a, y se titula El secuestro); luego, en 1973, La cámara oscura, una recopilación de 124 sueños (“Alcancé tal práctica que los sueños me llegaban escritos a la mano, incluso con sus títulos. Terminé por admitir que esos sueños no habían sido vividos para ser sueños, sino soñados para ser textos”); y después, en 1978, La vida instrucciones de uso, su obra maestra, un gigantesco y deslumbrante rompecabezas narrativo (“Abre bien los ojos, mira”, dice el epígrafe, que cita a Julio Verne).
En 2022, más de cuatro décadas después de su muerte, la editorial francesa Seuil publicó Lugares. El titánico trabajo de edición involucró sobre todo a Jean-Luc Joly, editor de La vida instrucciones de uso y presidente de la Asociación George Perec, a Sylvia Richardson, sobrina segunda y ahijada de Perec, profesora de Bioestadística en la Universidad de Cambridge, y a Claude Burgelin, amigo del escritor desde los años de juventud, autor de una extensa biografía y editor de póstumos como El Condotiero y El atentado de Sarajevo. La edición española de Anagrama (2025), traducida por Pablo Martín Sánchez, que prologó la edición del cuadragésimo aniversario de La vida…, alcanza más de 800 páginas entre notas, índices, ilustraciones, correspondencia y los materiales que documentan la estructura matemática del proyecto.
Hojas de contacto de fotos de la calle Vilin
Fotos de la calle Vilin que integran Lugares.
lieux-georges-perec.seuil.com
Los 12 lugares elegidos: 1) Rue Vilin, donde pasó los primeros años de su vida: “Un lugar que pronto morirá (no aguantará doce años)”. 2) Rue de l’Assomption, donde lo recibieron sus tíos durante la guerra. 3) Rond-point Franklin-Roosevelt: el destino de una fuga adolescente; bastaba con nombrarla para que algo se encogiera. 4) Rue de la Gaîté, donde vivía su amigo Jacques Lederer. 5) La avenida Junot: “Tal vez porque es un lugar donde me habría gustado vivir”. Su primo Henri le habló de literatura por primera vez en esa calle. 6) La Île Saint-Louis: ligada a Lipinska, que tenía un apartamento allí. 7) El Passage Choiseul: “No me ha ocurrido nada allí. Me gustan los pasajes”. Y fue ahí, en ese sitio que no le significaba nada, donde compró el rompecabezas que más tarde inspiraría La vida instrucciones de uso. 8) Place d’Italie: “Allí escribí mi primera novela”. 9) Saint-Honoré, la calle de la habitación de Un hombre que duerme, lo transporta a los períodos de soledad de 1956-1957. 10) Carrefour Mabillon y 11) Place Jussieu: relacionados con los comienzos de su vida con Paulette Pétras, su primera esposa. 12) Place de Contrescarpe, uno de los tres rincones del Quartier Latin (junto al Carrefour Mabillon y la Place Jussieu) marcados por recuerdos de su vida después de la universidad y de principios de la década de 1960; a su vez, este espacio divide la estructura del proyecto.
En el texto 41. Saint-Louis, Recuerdo 2, se explaya acerca de la elección. Y dice: “No quiero olvidar. Tal vez sea el eje central de este libro: conservar intactos, repetir año tras año los mismos recuerdos, rememorar las mismas caras, los mismos acontecimientos minúsculos, reunir todo ello en una memoria suprema y demencial”. En 63. Saint-Louis, recuerdo 3, admite: “Mi proyecto entero fue al principio una excusa para no olvidar este lugar”. Allí estaba el apartamento de Lipinska.
A poco de iniciado el trabajo, Perec sintió que algo no terminaba de encajar. “La cuadrícula de doce localizaciones tratadas de forma idéntica creaba demasiadas disparidades”, explica Burgelin. Lo que le pasaba en la Rue Vilin no tenía nada que ver con lo que sentía en la Place d’Italie. Era una simetría forzada. Y ese fue un motivo por el que Lugares se frenó en 1975. Simplemente dejó de avanzar. No obstante, algunos textos se publicaron en revistas como Les Lettres Nouvelles, Nouvelle Revue de Psychanalyse o Action Poétique, entre otras, y los pasajes de la Rue Villin fueron incluidos de manera póstuma en la recopilación Lo infraordinario (1989).
Lugares es un experimento asombroso —un delirio, claramente—, un diario, un libro de memorias, un rompecabezas, un mapa emocional, un catálogo de espacios y de las emociones que despiertan o reavivan esos espacios. En los relatos que apelan a la memoria, Perec describe sueños, habla de la destrucción masiva (incluso de la misteriosa desaparición) de sus primeros manuscritos, como J’avance masqué (Avanzo enmascarado), Les Errants (Los errantes), novela cuya lectura no tardó en resultarle insoportable y acabó tirándola a la basura. Pueden notarse algunas aristas de la poliédrica inventiva de Perec, un orfebre y un bromista capaz de crear el palíndromo más largo de la lengua francesa y estructurar una meganovela basándose en el movimiento del caballo en el ajedrez.
Aparecen rasgos de su humor, su rigor combinatorio y, muy especialmente, su fragilidad emocional. Se confiesa dependiente de Suzanne, víctima de celos literarios, inseguro, vanidoso, furioso consigo mismo: “Soy envidioso, soy mala persona; la gloria de Sollers (o de Le Clézio) me quita el sueño”; “Soy un imbécil”; “Acumular títulos; y ver cómo me dedican tesis, programas culturales”; “No soy más que un bufón”; “No tengo derecho a invocar a Roussell, a Queneau”; “Nunca seré Leiris; Leiris nunca me leerá”; “No soporto que me desprecien o me ignoren; tampoco soporto fracasar, claro; estaba mejor antes (antes de Las cosas)”. Admite haber vivido con “una especie de odio contra Ronald Barthes” porque no había leído El secuestro (“Ya no existo para él”, se lamenta). Un poema que escribe en agosto de 1971 se titula ¿De qué sirve? y condensa su resignación ante la imposibilidad de sentirse feliz.
capeta gaite real
Carpeta Rue de la Gaîté real, del libro Lugares.
lieux-georges-perec.seuil.com
La lectura de Lugares puede resultar ardua si pretende hacerse de corrido. La narrativa es irregular. La repetición deliberada a veces se vuelve monótona. En los textos de lo “real” abundan las listas, por supuesto, los apuntes fragmentarios, las descripciones mínimas, los espacios en blanco. Apostando a una dinámica más lúdica, la editorial Seuil tomó la arriesgadísima decisión de compartir el libro completo, de manera gratuita, en lieux-georges-perec.seuil.com.
Lugares es, de forma inevitable, un mapa incompleto. Y es, también, un testimonio extraordinario de un proyecto que buscaba fijar la memoria mediante un ritual casi obsesivo, y que revela, a través de su inacabamiento, la tensión central de la obra del autor que Italo Calvino definió como “una de las personalidades literarias más singulares del mundo, al punto de que no se parece a nadie en absoluto”.
Burgelin, en su biografía, afirma que solo puede hallarse a Perec en la suma de sus escritos. Su vida, marcada por traumas de infancia y crisis adultas, está contenida e impulsada por la escritura. De ahí que Lugares, aunque inconcluso, no deba leerse como un fracaso, sino como una fase de un proceso mayor: la construcción de una obra única que alcanzaría su punto culminante en La vida instrucciones de uso, imposible de imaginar sin la odisea previa de restricciones, experimentos y reconstrucciones de la memoria que impulsó este proyecto.