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    Para hacer bien el contenido hay que venir al sur: ‘Magic Farm’, un estreno de Mubi

    La cineasta argentino-española Amalia Ulman critica la apropiación cultural en su original comedia

    Quien navegue dentro de la cultura contemporánea, a través de los múltiples canales digitales en los que esta se encuentra, se topará con compost de residuos donde el mal gusto parece ser el motor con el que se construye el canon que mejor traduce popularidad en estadísticas, esas que coleccionan corazones, aviones de papel y otros símbolos utilizados hoy para medirla.

    La cineasta argentino-española Amalia Ulman, con su película Magic Farm, estrenada y disponible en la plataforma Mubi, se adentra de lleno en esa dinámica con una sátira sobre la voracidad mediática. En su segunda película, tras su brillante ópera prima de 2021, El planeta, un equipo de documentalistas estadounidenses obsesionados con lo viral llega a un pueblo de La Pampa en busca de una tendencia exótica para su programa. Su afán por exportar a la fuerza un contenido efímero que resulte atractivo para un mercado hambriento por ellos los lleva a tener que construir, a como dé lugar, esas imágenes que buscan.

    Magic Farm propone un choque cultural tan delirante como colorido, en el que la ceguera etnocéntrica del equipo de filmación colisiona frontalmente con una vida local más auténtica. Para subrayar cómo la obsesión por lo efímero oculta problemáticas graves, como la contaminación por pesticidas que acecha al pueblo, Ulman estetiza una realidad demasiado compleja para ser captada por miradas foráneas. Así, convierte la interpretación superficial en una crítica mordaz.

    La directora, cuya trayectoria entrecruza el performance, el videoarte y las redes sociales, ha explorado la complejidad de la identidad digital en un mundo de imágenes construidas y verdades esquivas. Su obra reflexiona sobre nuestra confianza en la imagen y su poder para moldear la percepción de la realidad. Con su nueva película, no solo captura la ansiedad insaciable de los medios, sino que la desmonta, revelando cómo la interpretación superficial y la falsificación de narrativas se vuelven mercancías valiosas en el ecosistema digital.

    Nacida en Argentina, criada en España y residente en Nueva York, Ulman posee una perspectiva singular. Su experiencia como “latina blanca”, como se ha definido, le permite adentrarse en las dinámicas de poder y los malentendidos culturales que definen la interacción entre el “Norte global”, que describe como las regiones más desarrolladas, caracterizadas por imponer su cultura y cuyos medios buscan explotar tendencias regionales para contenido, y el “Sur global”, referido a las regiones en desarrollo explotadas por esos mismos medios. De hecho, la artista ha mencionado que, por ello, a menudo las personas olvidan de dónde es y, en su presencia, dicen cosas escandalosamente racistas sobre latinoamericanos a puerta cerrada.

    Su trayectoria cinematográfica se consolidó con El planeta (2021), una oscura comedia que dirigió y protagonizó junto con su madre. La cinta, estrenada en el 40º Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay de Cinemateca, sigue a un dúo de madre e hija que, ante la inseguridad de su vivienda, estafa a españoles en Gijón para subsistir, vestidas con abrigos de piel y gafas muy coquetas. Este debut independiente, filmado en blanco y negro, con transiciones alocadas y un humor mordaz, mostró la capacidad de la artista para explorar las sutilezas de la precariedad económica y la construcción artificial del estatus social.

    Esa película la motivó a abandonar del todo lo que calificó como el “abusivo mundo del arte” y descubrió que en el cine había mayor libertad creativa y protección profesional, además de valorar la colaboración. Su visión evolucionó hacia una sátira más incisiva y ambiciosa, manteniendo su control estético en la preproducción, su fase favorita.

    Magic Farm presenta un equipo de documentalistas estadounidenses, inspirado en el estilo de Vice News, que llega a Argentina para investigar una efímera “tendencia viral” musical. Sin embargo, un error logístico inicial los deja en la ciudad equivocada de San Cristóbal, lejos de su objetivo original en otro país de Latinoamérica. Ante la imposibilidad de encontrar al escurridizo fenómeno musical Súper Carlitos, la ambiciosa productora Edna, interpretada por Chloë Sevigny, junto a su equipo, decide fabricar su propia moda con la ayuda ingenua de los lugareños.

    Embed - MAGIC FARM | Official Trailer #2 | Now Streaming on MUBI

    Ulman encarna a Elena, la única integrante de la producción que habla español, y sirve de puente lingüístico y cultural entre ambos mundos en fricción. La trama explora las brechas generacionales y culturales entre estos neoyorquinos cool y los habitantes locales. Mientras el equipo se obsesiona por construir una narrativa, ignora por completo la cruda realidad que los rodea: la crisis de salud pública causada por la fumigación con pesticidas en las plantaciones, que deja a la población con problemas graves como ceguera, cáncer y malformaciones. La película desentraña, con mucha ironía, cómo la miopía cultural y la ansiedad insaciable por lo viral les impiden a los personajes principales comprender las complejidades y los peligros reales del lugar que visitan.

    Magic Farm fusiona con destreza una estética vibrante y saturada con técnicas experimentales que aportan sorpresa y comedia por igual. Ulman emplea lentes ojo de pez y cámaras adheridas incluso a perros, y crea un estilo visual impredecible y dinámico que dialoga, sin asperezas, con el lenguaje de las redes sociales. La directora mantiene un control estético riguroso y en locaciones reales y luz natural, en una suerte de naturalismo moderno que se ve influenciado, según ha revelado, por el movimiento Dogma 95. Ese enfoque meticuloso también da lugar a la improvisación espontánea y a los “accidentes felices” durante el rodaje.

    Narrativamente, la película también destaca por cómo se burla ácidamente de la ignorancia estadounidense y de la apropiación cultural. Por otra parte, integra con naturalidad la realidad de los actores argentinos de reparto, sobre todo, la del personaje que encarna Mateo Vaquer, que sufre de progeria, o la de la actriz Camila del Campo, que tiene una gran marca de nacimiento en la cara.

    Sin embargo, la proliferación excesiva de personajes, tanto protagonistas como secundarios, hace que la película luche con una segunda mitad notablemente menos asertiva que la primera, donde el ritmo narrativo comienza a perderse hasta conducir a un desenlace menos contundente.

    Sin adoptar nunca una postura obvia o moralizante, el encanto de Magic Farm reside precisamente en su capacidad para superponer múltiples capas de comentario social y político, y en la autenticidad de las conexiones humanas que logran emerger en medio de todo este artificio. La película puede calificarse como una culminación de las ideas que Ulman ha explorado a lo largo de toda su trayectoria artística. Sirve como un espejo crítico de la cultura contemporánea, donde la identidad digital y la autenticidad en la era de lo viral son constantemente puestas a prueba y deconstruidas, y propone un viaje definitivo a las profundidades de la superficialidad contemporánea.