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    ‘Sobras de arte incompletas de Ernesto Vila’, libro de la Fundación El Monitor Plástico

    El volumen reúne, además de obras del artista, sus reflexiones y concepciones estéticas que fue escribiendo en libretas durante varios años y recopiló en Cuadernos del ojo que ladra

    La historia breve diría que nació y murió en Montevideo, que fue uno de los grandes artistas de su generación, que estudió en el Taller Torres García y que sus maestros fueron Guillermo Fernández y José Gurvich, que viajó a Europa y a Estados Unidos con el Taller Montevideo, y que en esa gira participó de las vanguardias; que fue un preso político en el Penal de Libertad (1972-1978) y que al ser liberado se exilió en París; que regresó a Montevideo con la democracia, se puso a hurgar en sus raíces, en el tiempo, en la memoria y que de allí surgió un arte de papel y de cartón, de palillos, alambres, recortes y figuras sin rostro definido.

    La otra historia, la más compleja y la más rica, hay que buscarla no solo en la obra y trayectoria de Ernesto Vila (1936-2025), sino también en su concepción estética y en su pensamiento que fue registrando en un montón de libretas. Hacia esa búsqueda apuntó Sobras de arte incompletas de Ernesto Vila (Pozodeagua/Fundación El Monitor Plástico, 2025), un libro de cuidada y hermosa confección que contiene fotografías, entrevistas, fragmentos de artículos de prensa, alguna poesía, obras del artista y citas de sus anotaciones y reflexiones. Un libro voluminoso que Vila no llegó a ver terminado, pero con el que sí llegó a colaborar en su punto de partida. Él brindó sus anotaciones y además quiso que el título fuera Sobras de arte, para él significativo y recurrente en sus exposiciones. “Arte no es lo que se hace sino lo poquito que queda de todo lo que se hace”, escribió en una de sus reflexiones.

    Detrás de esta publicación está la Fundación El Monitor Plástico que surgió en 2025 y de la que Vila fue uno de sus socios fundadores. Pero muchas décadas atrás El monitor plástico había surgido como un programa de video-entrevistas a artistas en Canal 5. Desde ese origen en 1994, atravesó varias etapas y algunos paréntesis, pero a partir de 2006 tiene una emisión semanal. Eduardo Pincho Casanova y Macarena Montañez, a cargo de la productora Pozodeagua, llevan adelante este proyecto que con los años ha ido alimentando un inmenso archivo audiovisual con unos 600 programas, que se puede consultar en su página web. También ha dado lugar a seminarios y proyectos de investigación, ahora potenciados por la fundación.

    Ernesto-Vila-libro
    Sobras de arte incompletas de Ernesto Vila.

    Sobras de arte incompletas de Ernesto Vila.

    El libro que faltaba

    Casanova, fotógrafo, realizador audiovisual y artista, conversó con Búsqueda sobre la elaboración del libro dedicado a Vila, con quien tuvo una relación de amistad. “Él era medio reacio a hacer un libro, pero al final aceptó. Yo le decía que era el único artista que no tenía un libro y que era un egoísmo para la gente. Vila se ponía en un límite marginal, nunca se la creyó mucho, nunca se creyó eso de ser mainstream del arte, tal vez por eso nos hicimos tan amigos”.

    Primero fue una relación de simpatía cuando Casanova andaba con su cámara y Vila con actividades en la Fundación de Arte Contemporáneo (FAC). Después vinieron invitaciones a noches de reunión con otros artistas e intelectuales en la casa de Casanova en la calle Yaguarón y la amistad fue creciendo. “Él escuchó un comentario mío de que estaba cansado de vivir en ese lugar y me dijo que la casa de Eduardo Yepes y de Olimpia Torres en Punta Gorda estaba para alquilar. Allí él tenía su taller donde yo lo había entrevistado en 2007. Entonces me dijo que arreglara con Regina, la nieta de Olimpia. Alquilamos la casa con Macarena y nos quedamos seis años. Él seguía con su taller y trabajaba como un obrero, ocho horas diarias. Teníamos una relación cotidiana, tomábamos mate, almorzábamos. Tengo varias horas de grabaciones en ese taller”.

    Cuando llegó la pandemia, Vila no pudo salir de su casa y comenzó a fotografiar con su celular lo que veía en su patio. De alguna manera, el encierro pandémico le recordaba el encierro de la cárcel, cuando empezó a usar el papel como materia prima de su arte. Como resultado, surgió en 2021 El patio de atrás, una muestra en el Museo Gurvich con 1.000 de aquellas fotos y otras obras de Vila. “Un lugar reducido, un cielo enrejado. Un humilde hilo con humildes palillos de colores, como pájaros, una pared universal, un balde con agua que es su espejo y su telescopio estelar”, escribió Casanova para el catálogo de la muestra.

    Vila-Casanova-2019
    Ernesto Vila y Pincho Casanova en 2019.

    Ernesto Vila y Pincho Casanova en 2019.

    Lo primero que aparece cuando se abre el libro es un dibujo de Luis Scotti, serigrafista y artista, que reprodujo una pintura de Vila: un hombre con camiseta rayada que patea una pelota. Scotti reprodujo la imagen en papel cometa que se incorporó al libro después de que estaba impreso. A cada libro le pegaron esa hoja en un trabajo artesanal muy parecido al que hacía Vila con sus papeles.

    “Le gustaba el fútbol y veía partidos por televisión. Jorobaba con que era de Rampla. En realidad el tío Roberto era de Rampla y lo inició en el fútbol. Pero creo que él era de Peñarol, aunque no se lo decía a nadie. Rampla era como un símbolo de resistencia”.

    En el libro hay un prólogo de Casanova que cuenta el proceso que llevó a su concreción y una introducción sustanciosa de Gabriel Peluffo Linari que analiza las etapas de Vila como artista. Hay una cantidad de artículos críticos, de entrevistas que van componiendo un perfil “a muchas voces” y entre esas voces está la del propio Vila. Al final, el Decálogo del Flaco aporta un humor reflexivo: “No te plantees ningún problema, hacela fácil, cuando labures, pensá en el dedo gordo”, es uno de sus consejos.

    Casanova dice que nunca quiso que este libro fuera “Vila por Pincho”. Se basó sí en las entrevistas que él le había hecho, en las palabras de otros artistas y críticos y también en el libro Páramo Beach. Conversaciones con Ernesto Vila, de Clío E. Bugel (HUM, 2009).

    Ernesto-Vila- taller
    Taller de Ernesto Vila.

    Taller de Ernesto Vila.

    Cuadernos del ojo que ladra

    Los ojos de los artistas son como los dientes de los perros. Mirando las imágenes veo a Petrona Viera, Zelmar, Manolita Piña, Gardel… Pero mordiéndolas registro no solo lo que muestran sino lo que la imagen es, contiene, oculta y simboliza

    Vila tenía una escritura poética, llena de metáforas y de imágenes en las que mezclaba los sentidos, como “morder con los ojos” o “pensar con los ojos”. En una hermosa carta imaginaria dirigida al artista Dumas Oroño escribió: “Era invierno crudo y hacía un frío de vidrio”.

    Casanova recuerda que llevaba sus libretas de anotaciones a todos lados y que era riguroso al releer, tachar, reescribir. “Rumiaba mucho lo que escribía y después lo pasaba en limpio. Todo su pensamiento decantado lo reunió en tres grupúsculos (de 2009, 2012 y 2015), a los que llamó Cuadernos del ojo que ladra. Él me los dio en mano porque quería que el libro tuviera su obra pictórica, pero también su pensamiento. Tengo muchas de sus libretas. Cuando murió limpiamos su depósito. Saqué un par de cosas que no quise que quedaran en la volqueta. Eran todo sobras (se ríe)”.

    El libro se alimenta de esas “sobras”, más lo que se rescató del depósito y algunas imágenes que el propio Vila sacó con su celular. A esto se suman los aportes de amigos y el material de archivo.

    Materiales humildes, voces y sombras cercanas componen mi zona de trabajo y reflexión, esas voces no son nuestras, nosotros somos de ellas y, fijándolas en el soporte que sea, registramos y compartimos nuestra voz con el mundo

    Vila encontró la originalidad de su obra en el uso de esos “materiales humildes”. “Él hablaba del origen de la originalidad, que no había obra si no había originalidad. Y la encontró en las figuras recortadas, en las guirnaldas, en el tío Roberto, en la maestra, en los palillos de la ropa. Tenía una frase que a mí me gusta mucho: ‘La luz que busqué en el Mediterráneo la encontré en la playa Ramírez’. Tenía una filosofía muy profunda en sus reflexiones. No se le ocurrían cosas de la nada, era un gran consumidor de literatura, de música, de cine. Tenía una concepción filosófica del arte”.

    Otro de sus temas recurrentes fue la desaparición de la memoria social y el tiempo, que a veces también “muerde”. “No desaparece lo que en el tiempo queda” fue uno de sus pensamientos. También recurría a la palabra como forma de fijar la memoria, porque no se olvida y no desaparece lo que se nombra.

    En el fondo de mi pensamiento hay algo que ya no es pensamiento y que intento inútilmente capturarlo con mi trabajo.

    Vila participó en más de 100 muestras colectivas, en más de 50 individuales y en varias bienales, la última fue en 2007, en la Bienal de Venecia, con el proyecto Imágenes (des) imágenes. En 2003 obtuvo el Premio Figari por su trayectoria.

    Sobras de arte incompletas da cuenta de su itinerario e implicó un trabajo de investigación minuciosa en el que trabajaron Macarena Montañez y Lucía Napoli. “Si había un papelito que dijera ‘Vila’, lo escaneábamos”, recuerda Casanova. De ese trabajo surgió una cronología completísima, a la que se suman el diseño y el tratamiento de imágenes a cargo de Rodolfo Fuentes y también las fotografías de Antonella De Ambroggi.

    Casanova dice que para él Vila fue un referente, una de esas personas fundamentales. “Él los llamaba los Totos y las Totas”, dice y se ríe. Al terminar de leer y disfrutar del libro, se siente un Vila querible, cercano, de esos para no olvidar.

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