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    La ANII tiene que “agudizar el ingenio” para hacer “rendir” su presupuesto “acotado”; existe una “demanda legítima” por más

    Año nuevo, desafíos nuevos. En el 2016 la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) pone a prueba su creatividad para “hacer rendir” el dinero “acotado” del que dispone de la mejor manera posible, dijo a Búsqueda el ingeniero Fernando Brum, presidente de ese organismo.

    Fue durante la campaña presidencial que Tabaré Vázquez se comprometió a aumentar al 1% la inversión en Ciencia y Tecnología, que actualmente ronda el 0,4%. El presupuesto actual “no es un gran paso” para llegar a esa meta, señaló Brum.

    La ANII se creó en 2007 y fue en 2008 que comenzó a funcionar con un presupuesto de 244 millones de pesos. Este monto fue creciendo. Para este año tiene asignados 811 millones de pesos (casi 25 millones de dólares con el tipo de cambio actual) y 911 millones de pesos para 2017. Con este dinero la ANII está “ejecutando los instrumentos al límite” y hay una “demanda legítima” de aumentar su capacidad.

    A continuación un resumen de la entrevista que Brum mantuvo con Búsqueda.

    —La ANII se creó en 2007. Abrió diversos instrumentos de apoyo a la investigación e innovación. ¿Cómo evalúa este camino? ¿Cuáles son sus perspectivas con el presupuesto actual?

    —El desempeño de la agencia viene creciendo año a año. Ha estado desde un primer momento tratando de poner el tema de la innovación e investigación en las conversaciones del país. Si hacemos un balance, el resultado es enormemente positivo. Hoy el tema de innovación está arriba de la mesa, les preocupa a todos los sectores. Ese éxito nos ha llevado a que los instrumentos que tenía la ANII orientados a fomentar la innovación en las empresas tengan cada vez más demanda. Estamos ejecutando los recursos al límite. Tenemos que agudizar el ingenio para ver cómo hacerlos rendir de la mejor manera posible.

    —Algunos instrumentos de la ANII se llenan de postulantes y los investigadores piden más. Otros, como lo empresariales no tienen tantos interesados.

    —Se están empezando a llenar. En este momento todos los proyectos de investigación son por concurso, porque tenemos más demanda que oferta. Tenemos que seleccionar a los mejores, no tenemos fondos para financiarlos todos. En innovación empresarial no teníamos concurso sino sistema de ventanilla abierta. Había menos demanda y queríamos estimularla. En algunos sub­rubros en este momento estamos pasando a concurso. La demanda está superando a los recursos que tenemos. En 2016 por primera vez vamos a pasar a modalidad de concurso a un instrumento orientado a la innovación.

    —¿Cuál cambiará?

    —El de los Centros Tecnológicos (CT). Comenzó hace un par de años y en 2015 empezamos a tener resultados bien interesantes. Los CT son un club, son brokers, agentes que juntan ofertas de investigación con demanda. Están funcionando el de las tecnologías de la información, del plástico, de la industria de alimentos. Tienen empresas socias que pagan cuotas anuales y dos tercios de los costos los pone la ANII. Hay varios en formación, como el de industrias creativas y culturales y el del agua. Vamos a tener que elegir los CT que estén en mejores condiciones con el dinero que tenemos de un par de millones de dólares. Da para un par de centros.

    El del agua empieza en 2016. Estamos haciendo un convenio con el Instituto del agua de Unesco con sede en Holanda y empezamos a trabajar en él para arrimar capacidades existentes. La OSE tiene problemas y puede necesitar recurrir al Instituto de Mecánica de los fluidos, a grupos de Facultad de Ciencias o a investigadores en otro país. Pueden intervenir empresas de tratamientos de efluentes. En los CT también tenemos programas de maestrías y doctorados.

    —¿Cuáles instrumentos desea la ANII que tengan más demanda?

    —El de “capital humano avanzado” para las empresas. La ANII ayuda a la empresa que quiera fortalecer su capacidad de investigación, desarrollo e innovación. Paga la mitad del sueldo (por uno o dos años) a la persona que se empiece a dedicar a innovación, recolectar nuevas ideas, plantearlas a dirección y hacerles el seguimiento, para darle seriedad al asunto. En vez de tener a una persona pensando en una amenaza competitiva, que piense en nuevos productos, procesos. La ANII siempre baja el riesgo: si tienen un proyecto nuevo, nosotros subsidiamos la mitad.

    Este instrumento todavía no tiene alta demanda, debería tener más. Hay margen y estamos conversando con las cámaras empresariales. Es muy importante la innovación a todo nivel, en empresas medianas para arriba, públicas y privadas, con o sin fines de lucro.

    El Fondo Bia es una iniciativa conjunta con el Latu. Llamamos a empresas u organizaciones a plantear problemas, desafíos, y abrimos la posibilidad a quienes quieran plantear respuestas, soluciones. El que está abierto es el de Unilever, la empresa tiene que destruir toneladas de alimentos perecederos que se vencen. Tuvimos uno solo, vamos a llamar a una nueva edición. Otro eje de este año son los premios Nova, premios de innovación.

    —Llevan varias ediciones.

    —Sí, los cambiamos totalmente de formato.

    —¿Por qué?

    —Siempre es bueno revisar. La Agencia quiere dar una señal más poderosa con el tema innovación, más concentrada y focalizada. Plantearemos tres premios: a la empresa innovadora, a la startup (nuevo emprendimiento) y a la innovación social. Solo tres. Pueden no haber sido beneficiarios de la ANII. Usaremos a los comités de selección de proyectos de la ANII que ya están funcionando y llamaremos a unas 150 o 200 personalidades de los ámbitos de la tecnología, ciencia, cultura, empresarial. Les vamos a pedir que propongan, que nominen candidatos, y los vamos a ranquear al estilo Oscar. Vamos a crear una academia informal. La empresa ya no se tiene que presentar. Se darán los premios en noviembre.

    —¿Necesitan buenos ejemplos para contagiar innovación?

    —Sí, necesitamos contar los casos de éxito. Además se invitará a otras organizaciones a dar un “premio satélite” junto con otros dos premios más de la ANII. Uno será para el proyecto de investigación de mayor impacto potencial (con la misma metodología de academia, beneficiario de ANII o no). Una investigación para que sea innovación tiene que llegar al mercado o generar una modificación de patrones o conductas sociales. El otro premio es el de la mejor tesis de ingeniería de los últimos dos años. Se lo estamos proponiendo al Centro de Innovación en Ingeniería, en el que participan todas la universidades. Es un centro financiado por ANII que apoya proyectos de tesis en empresas y queremos que elijan una.

    —La ingeniería ha sido la niña mimada de las startups también.

    —Ha sido, y es en donde hoy tenemos la mayor cantidad de proyectos.

    —El Instituto Pasteur abrió una incubadora para albergar emprendimientos biotecnológicos y llenarla no ha sido fácil. También la incubadora Khem en el Polo de Pando tiene espacios a completar. ¿La ANII piensa en colaborar con el desarrollo de la biotecnología?

    —Los proyectos en biotecnología llevan más inversión que los de software y más tiempo. Los instrumentos de la ANII son para todas las áreas del conocimiento, están abiertos. En biotecnología estamos tratando de ayudar con vínculos internacionales. Uruguay tiene una oportunidad interesante con la bioinformática, por ejemplo en genómica.

    La tecnología de la secuenciación ha bajado dramáticamente de precio. Tiene toda una parte de algoritmia muy importante y fuerte en donde Uruguay (en el mundo del software) está relativamente bien posicionado. En ese mundo estamos impulsando la creación de un grupo de trabajo en bioinformática, que va a tener un consejo asesor calificado. Trabajamos en un proyecto vertebrador. Hemos hablado con la Intendencia de Montevideo. El proyecto se centra en hacer un análisis de los vertidos cloacales. Consiste en hacer un estudio genómico al tomar una muestra a la salida de las cloacas. La tecnología hoy permite determinar qué organismos hay con un alto nivel de precisión. Se podría hacer el mapa de las bacterias presentes en un momento dado en Montevideo.

    La bioinformática es uno de los temas interesantes, importantes y que además vemos viable. Esa es una palabra potente. Viable en lo técnico, económico, en la proyección internacional y se puede traducir en aplicaciones. Tenemos gente y capacidad de inversión. No vamos a desarrollar áreas en ingeniería nuclear, la inversión de base es muy alta. El presupuesto es acotado, usémoslo bien.

    —Tabaré Vázquez se comprometió a aumentar al 1% la inversión en ciencia y tecnología, que ronda el 0,4%. ¿Se va camino a poder cumplirlo?

    —El presupuesto 2016 y 2017 no es un gran paso para lograr el 1%. Veremos en 2018 (instancia en la que el gobierno lo rediscutirá). Mientras tanto, a los fondos y recursos que tenemos hay que usarlos de la manera más eficiente posible y apoyarnos en recursos de otros lugares, agudizar el ingenio, por ejemplo en colabraciones con el exterior. En 2015 se fueron 31 estudiantes de maestría y doctorado al Reino Unido por las becas Chevening. Tenemos becas Fullbright con Estados Unidos, con Francia se firmó un acuerdo, con Campus France, que permite que becarios uruguayos vayan a universidades públicas francesas con beneficios. Tenemos acuerdos con España, Alemania, Japón y evaluamos con China.

    —Cuando hablamos en 2013 me dijo que en materia de innovación veía al Uruguay “al ras” del piso. Antes estaba en un “pozo” que se había llenado. ¿Cómo ve el paisaje hoy?

    —Empezamos a subir un poco, a tener demandas de otro nivel. Cumplimos con aquellas que sirvieron para llenar el pozo, nos pusimos al día. Es importante aumentar la apuesta.

    —Aumentarla significa más dinero…

    —Sí, es dinero público y del sector privado, y es cabeza, tener referentes de innovación en instituciones medianas y grandes y que se sepa lo que hacen. En 2018 vamos a plantear el tema otra vez (durante la nueva ronda de discusión) y mientras tanto seguir trabajando. La demanda nos pide más y mejor innovación, instrumentos más sofisticados. Hay una demanda legítima. Empresas y emprendedores golpean puertas, hay fondos de inversión privado y capital que se vuelcan a innovación. Todo lo que avanzamos nos permite mirar ahora todo lo que nos falta.

    —Un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ve a Uruguay con un “rezago” en innovación. ¿Cómo recibió esta mirada de afuera que plantea un panorama complejo y menciona críticas?

    —Lo recibimos con preocupación. Estamos trabajando en ellas. Vamos a abrir un fondo para la compra de material científico tecnológico de gran porte, para investigación clínica, tenemos programas de circulación de talentos y otras políticas de la Agencia que lo reflejan de forma muy clara, como los eventos Trama en los que traemos al investigador a hablar con el inversor. Estamos haciendo cosas en los puntos que el BID considera débiles. Quiere decir que tenemos que trabajar más. Coincidimos en el diagnóstico, en que tenemos un instrumento para cada cosa, pero tenemos que seguir trabajando.

    Una ley que resuelve “problemas clásicos”

    —¿Cómo evalúa el actual funcionamiento del directorio de la ANII tras el cambio de gobierno?

    —El directorio está funcionando muy bien. Tenemos los problemas clásicos de funcionamiento institucional de la ANII que no tenemos resueltos. Los directores somos todos de baja dedicación y la Presidencia es rotativa. Estamos esperando a ver si la nueva versión de la Ley de Competitividad finalmente es aprobada (se está discutiendo en la Comisión de Hacienda de Diputados un proyecto sustitutivo al original presentado por legisladores del Frente Amplio y acordado por el Poder Ejecutivo).

    —¿Cuáles son los cambios propuestos en la ley más importantes para la ANII?

    —La ANII tiene un problema desde el comienzo de gobernanza. Se corre el riesgo de que discusiones entre el Consejo de Ministros se repliquen dentro del directorio de la Agencia por representación directa y la nueva ley soluciona ese problema. Un segundo riesgo es que la agencia tiene un presidente rotativo por un año, la ANII pierde tracción todos los años cuando cambia e internacionalmente suena muy raro cambiar a los interlocutores. Ahí se resuelve el segundo riesgo. El tercero es que los directores somos honorarios. Es lógico que los directorios que tenemos una responsabilidad sobre un presupuesto importante seamos rentados.

    La nueva ley resolvería un cuarto problema con la creación de la Secretaría de la Competitividad, un ámbito de coordinación con las diferentes agencias. Ahí podría conversarse el tema del Tratado de Cooperación de Patentes (al que Uruguay no adhiere).

    —¿Qué oportunidades tiene la creación (por Ley de Presupuesto) de la nueva Secretaría de Ciencia y Tecnología, aún no conformada?

    —Es un lugar en donde discutir y proponer políticas. Tiene que funcionar parecido a un think tank. ¿En dónde se reflexiona sobre cómo estamos llevando adelante las políticas de promoción de la investigación en Uruguay? No tenemos un lugar.

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