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Alrededor de las dos terceras partes de los uruguayos, 65%, se conecta a Internet.(*) En apenas seis años el porcentaje de los que se conectan se multiplicó por algo más de 2: en 2007 sólo el 29% se conectaba. Desde entonces el porcentaje de los que usan la red ha crecido sistemáticamente todos los años, sin excepciones (Cuadro 1). Entre nosotros tal vez sólo la telefonía celular se ha difundido con una velocidad comparable. Toda la evidencia disponible apunta en la misma dirección. Según la encuesta INE-Agesic de 2010, en esa fecha el 45% de los hogares se conectaba a Internet, y un porcentaje aún más alto de las personas (55%) se había conectado de alguna forma a Internet durante el último mes previo a la encuesta, principalmente desde sus propios hogares, y luego desde los hogares de amigos, vecinos o familiares, o desde sus trabajos, centros de estudios o cybers, en ese orden.
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Internet es una revolución global, que abarca a todo el mundo. La velocidad de los cambios no tiene precedentes: Internet (en formas reconocibles desde su estado actual) tiene menos de cuarenta años de existencia. Nació en los EEUU, donde en 2011, según datos del US Census Bureau, ya el 70% de las personas se conectaban a Internet (en Uruguay en esa fecha el porcentaje era menor, pero no demasiado: cerca de 20 puntos más bajo).
En menos de cuarenta años, entonces, Internet ha cambiado el mundo. Los cambios más evidentes: aumento de la productividad del trabajo en todas las áreas; difusión de la información con profundidades, alcances y velocidades antes inimaginables, con enormes impactos culturales, sociales y políticos. La gente sabe más de todas las cosas que le importan, y por eso depende menos de intermediarios y expertos. Políticamente esto se llama “empoderamiento”. La palabra puede ser fea, pero aquello que describe está democratizando al mundo. En rigor, en toda la historia conocida sólo la difusión de la imprenta tuvo un impacto aproximadamente comparable al desarrollo de la red, aunque mucho más lento. Por todas estas razones la palabra “revolución” es la más apropiada para describir el impacto global de Internet.
En términos generales, Uruguay está accediendo a Internet como lo hacen los países de la región más prósperos y educados; no es un proceso específicamente uruguayo. Estamos en la misma ola que llega a casi todas las playas. Pero las decisiones locales (como los precios del acceso a Internet, por ejemplo) pueden potenciar o amortiguar el impacto de la ola. Es probable que en el futuro se concluya que el Plan Ceibal (y la difusión de las “ceibalitas”) fue la medida puntual más influyente en la universalización del uso de la red en el país.
Del centro de cómputos al celular
Cuando la red nació sólo se la podía usar desde los centros de cómputos (y sus mainframes, las grandes computadoras) de algunas instituciones como las universidades. Algo así como un mundo de telefonía fija (sin celulares) en el que existieran unas pocas pero grandes cabinas telefónicas, y los hogares y la enorme mayoría de las empresas no tuviesen teléfonos. El desarrollo de las computadoras personales (los PC) y de la propia red terminó rompiendo con estas limitaciones: Internet llegó a cada vez más hogares, instituciones, empresas. La llegada de los PC portátiles —los notebooks primero, y luego los netbooks y las tablets— profundizó y aceleró aún más el proceso. El último escalón llegó con la etapa más reciente de la evolución de los celulares (los smartphones), que ahora son, en la práctica, PC pequeños pero potentes e incomparablemente más portátiles que notebooks y netbooks.
El acceso a la red a través de los celulares ha crecido mucho también en Uruguay. El 65% de los uruguayos que hoy usan Internet es la suma de un 45% que lo hace solamente a través de alguna clase de computadora, y un 20% adicional que se conecta a través de computadoras y también celulares (Cuadro 2). En ese 20% se incluye un pequeño porcentaje, apenas 2%, que se conecta a la red solo a través de celulares. En EEUU en 2011 también el 2% de las personas se conectaba a la red solamente vía celulares.
La ola llega a casi todas las playas, pero su alcance varía mucho según los barrios. La edad, como cabía esperar en un proceso tan reciente, hace mucha diferencia. Entre los uruguayos veinteañeros y los más jóvenes casi todos (el 96%) usan Internet, pero entre sus abuelos (60 o más años de edad) esa cifra cae a 34%, apenas algo más de un tercio (la relación es aproximadamente “3 a 1”). Los ingresos hacen una diferencia también muy grande: el 91% de los residentes en hogares de ingresos medio-altos y superiores usa Internet, porcentaje que cae gradualmente hasta el 41% entre los residentes de los hogares de ingresos bajos. Aquí la relación se parece más a “2 a 1”. La educación formal, fuertemente asociada a los dos factores anteriores (la edad, los ingresos de las familias), tiene un vínculo aún más fuerte: sólo el 29% de los que tienen educación a lo sumo primaria usan Internet, porcentaje que sube al 95% entre los que tienen al menos alguna educación terciaria. Aquí la relación sube a más de “3 a 1”. Todas las otras características sociodemográficas (género, lugar de residencia) o actitudinales (ideologías, voto, religiosidad) se asocian a variaciones mucho más pequeñas, probablemente vinculadas a los tres grandes factores ya señalados (edad, ingresos, educación).
La red y el consumo
El impacto de la red es tan profundo y abarcador que llega a casi todas nuestras actividades: lo que pensamos, lo que decimos, lo que hacemos. También está llegando a nosotros como consumidores. Casi una cuarta parte de los uruguayos (23%) ya ha comprado algo vía Internet; el 18% a través de sitios uruguayos, y un 5% adicional a través de otros sitios. Este 23% del total equivale a más de un tercio entre los que usan la red (23 en 65, 35%). Esta ola en particular también llega de maneras diferentes a los distintos barrios, de formas parecidas (aunque no idénticas) al acceso a Internet en sí mismo.
La edad, naturalmente, influye mucho. El 44% de los más jóvenes ya ha comprado algo a través de la red (el 46% de los jóvenes que usan Internet), porcentaje que cae a apenas 6% entre sus abuelos (el 18% de los abuelos “conectados”). El impacto de los ingresos de los hogares y de la educación formal es similar al de la edad. Entre los que tienen alguna educación terciaria el 51% (más de la mitad del total) ha comprado algo vía Internet (el 54% entre los más educados que están conectados). Este porcentaje cae a 4% entre los que tienen a lo sumo educación primaria (15% entre los menos educados ya conectados). Entre los uruguayos de ingresos medio-altos y superiores el 57% ha comprado algo por Internet (el 70% entre los ya conectados), mientras que en el extremo opuesto, los de ingresos bajos, el 9% a comprado algo vía la red (22% entre los ya conectados).
A medida que la ola avance, las diferencias entre los barrios disminuirán. Si esta revolución realmente es una revolución, es necesario que así sea. Y si es una revolución también nos cambiará como consumidores.
(*) La cifra real puede ser algo menor porque la encuesta es telefónica, a hogares con teléfono de línea fija. Estos hogares, en promedio, tienen mejores ingresos (y sus miembros más educación formal) que los demás hogares. Los dos factores están claramente asociados al uso de Internet: a más ingresos y más educación, más Internet. Sin embargo, la diferencia debería ser relativamente modesta. Según la encuesta INE- Agesic de 2010 sólo los hogares del quintil (20%) de ingresos más bajos tenían un acceso a Internet (22%), claramente menor que el promedio de todos los hogares (45%). En el quintil siguiente el porcentaje ya sube a 40%. En tenencia de computadoras personales las diferencias son menores, gracias a las “ceibalitas”. En rigor, el quintil de los hogares de ingresos más bajos tiene más PC, según esa encuesta (58%), que los dos quintiles siguientes (54 y 55%, respectivamente). En términos más generales, las encuestas telefónicas brindan una buena aproximación a las cifras nacionales en una amplia variedad de temas, y en muchos de esos temas, además, se dispone de técnicas confiables para mejorar las estimaciones de las encuestas. En esta nota todas las cifras reportadas son, directamente, las que surgen de la encuesta.