En la última década la pasta base —una cocaína fumable de bajo costo— ha sido cada vez más consumida en Uruguay y en la región, lo que provocó “alarma social”.
En la última década la pasta base —una cocaína fumable de bajo costo— ha sido cada vez más consumida en Uruguay y en la región, lo que provocó “alarma social”.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAsí explican los especialistas del Hospital de Clínicas de la Universidad de la República —del Centro de Medicina Nuclear y la Clínica Psiquiátrica y el Departamento de Neuropsicología— su interés por estudiar las repercusiones de esta droga en humanos.
“Vimos que había alteraciones en algunas regiones importantes en el cerebro no solo vinculadas con adicciones sino también a la conducta”, dijo a Búsqueda Rodolfo Ferrando, profesor agregado de Medicina Nuclear de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República y magíster en Ciencias médicas —en imagen funcional cerebral.
Además, la investigación “La disfunción cerebral difiere en adictos a cocaína fumable e inhalada; implicancias en el comportamiento agresivo” presentada el martes 2 durante la Semana Académica 2012 del Hospital de Clínicas aportó nueva información sobre el efecto de estas drogas en el cerebro.
El grupo de investigación del HC presentó en octubre de 2011 en el Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociedades de Biología y Medicina Nuclear en Brasil resultado de investigaciones. “La pasta base difiere del clorhidrato de cocaína inhalado por su mayor poder adictivo y el importante deterioro bio-psico-social del consumidor, que frecuentemente presenta trastornos comportamentales graves y tendencia a la conducta agresiva o delictiva”, resumieron los especialistas.
El estudio titulado “Cambios del flujo sanguíneo cerebral en consumidores activos de pasta base y clorhidrato de cocaína” informó que ocurren cambios del flujo sanguíneo cerebral en consumidores activos de pasta base y clorhidrato de cocaína.
“Cuando una persona se hace adicta a una sustancia, rápidamente se empiezan a generar alteraciones en la función cerebral”, explicó Ferrando.
El sistema neuroquímico implicado se llama sistema dopaminérgico, vinculado con el afecto madre e hijo, la alimentación y el sexo. La cocaína altera la acción equilibrada de la dopamina y afecta el funcionamiento normal de las neuronas.
En forma paralela “a la disminución de los receptores de dopamina hay un apagamiento de todas las estructuras —del lóbulo frontal del cerebro— que controlan al sistema dopaminérgico”, lo que hace que estas áreas no funcionen bien. Son las que se encargan de la memoria, de la conducta socialmente adaptada, de contextualizar las emociones de forma adecuada, de la capacidad de resolver tareas y la planificación a largo plazo, detalló Ferrando.
El daño ocurre lentamente y los efectos del consumo crónico se ven a largo plazo, varios años después, en cambios en la conducta y el rendimiento.
El grupo de investigación reportó esta “existencia de disfunción acentuada durante el consumo activo” en varias zonas del cerebro de los consumidores. La investigación presentada por Ferrando demostró “por primera vez mediante análisis de neuroimágenes”, que existe “un patrón disfuncional —del cerebro— que es notoriamente mayor” durante el consumo de pasta base que de cocaína inhalada.
Estas diferencias “pueden tener implicancias en la predisposición a la conducta agresiva de los adictos a pasta base”, según el estudio.
Es que las alteraciones detectadas en el cerebro —disfunción prefrontal— se han asociado a una mayor incidencia de este tipo de actos. Ferrando aclaró que está pendiente el análisis de correlación con escalas de agresividad y personalidad.
La investigación presentada este mes en el Clínicas fue realizada por este grupo de trabajo. Estudiaron a 21 usuarios crónicos y activos de pasta base, 18 de cocaína y 23 no consumidores que tenían entre 18 y 35 años.
Los usuarios de drogas consumieron además en este tiempo marihuana, alcohol y psicofármacos como benzodiacepinas.
Las conductas agresivas estuvieron presentes en 61,1% de los consumidores de cocaína y 71,5% de los de pasta base.
Los especialistas analizaron las diferentes alteraciones a nivel cerebral y detectaron diferencias entre consumidores. “Estamos viendo las imágenes funcionales, vemos cuáles son las áreas que se apagan o se encienden de más durante el consumo”, aclaró Ferrando, y agregó que “la pasta base produce una disfunción en la corteza prefrontal —parte del cerebro que regula el sistema dopaminérgico— y también de estructuras límbicas, mayor que en consumidores de clorhidrato de cocaína”. Allí están las áreas relacionadas con el control adecuado de la conducta y las emociones.
Estas diferencias “pueden contribuir a explicar la mayor predisposición a la conducta agresiva o violenta de los usuarios de pasta base” y el descontrol emocional que sufren. “El próximo paso será investigar la presencia de correlaciones con escalas de agresividad”, explicaron Ferrando y su equipo.
Además de estudiar mediante imágenes del cerebro, los médicos hicieron evaluaciones para medir el rendimiento cognitivo, la memoria y la capacidad de atención de estas personas.