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    Uruguay debe invertir en tecnología de punta para “dar el salto” en investigación, porque traerá más trabajo y nuevas empresas

    #unmedicamentounquímico. El hashtag está escrito en la esquina superior derecha de un gran pizarrón repleto de anotaciones, listas, palabras, citas, punteos y algunas flechas, que está ubicado en el despacho del decano de la Facultad de Química de la Universidad de la República. Una de las listas es una primera tentativa de materias para la nueva carrera de Licenciatura en Tecnología de la Química, que desde la facultad están comenzando a explorar.

    “Es química con énfasis en la tecnología, que en el país hace falta”, dijo a Búsqueda Álvaro Mombrú, vicerrector de la Universidad de la República y decano de Facultad de Química. Habla de los biofármacos, de los medicamentos de base autoinmunológica y asegura que “no es algo tan alejado” de la realidad local: “Está en el país y se viene con toda la fuerza”. La nanotecnología sí implica mirar un poco más a futuro, aunque la preparación de biofármacos la utiliza y “eso también va a estar”, auguró Mombrú. Incluso para las importaciones ya hay una necesidad de tener precisión para medir qué es lo que entra a Uruguay y, eventualmente, también podría existir para las exportaciones.

    La facultad trabaja además en posicionar a sus egresados con una “participación activa” en la logística del transporte de un fármaco; hay muchos temas específicos, como la cadena de frío o el almacenamiento.

    Esos temas se traducen en un mayor interés de los estudiantes, que este año aumentaron tanto que la facultad tuvo que salir a comprar más sillas. En 2019 fueron 783 los inscriptos y en 2018 hubo 610, según datos del Departamento de Administración de la Enseñanza. En años anteriores la cantidad de inscriptos oscilaba en el entorno de los 500.

    Mombrú estuvo al frente del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (Pedeciba) y ahora encara el decanato con el desafío de maniobrar entre los acelerados cambios tecnológicos, los planes de estudio y un número creciente de alumnos que necesitan salida laboral.

    Para el decano, el equipamiento pesado para investigar en química es tan importante como “los ladrillos de una casa”, y por eso insiste en la necesidad de adquirirlo. Hoy Uruguay tiene trabajadores para construir la casa, pero le faltan ladrillos para hacer ciencia de punta. Mombrú aclara que no es pedir plata para equipamiento porque sí, sino que se trata de un tema de “inserción país”. Porque gastar en tecnología y equipos es una “inversión” que luego le va a “devolver a la población” más empleo y la llegada de empresas a instalarse en el rubro, argumenta.

    “Uruguay puede darse a conocer primero y luego hacer que las inversiones vengan. No se instalan en donde no hay” un ecosistema preparado, es una cuestión de mantener al país “vigente”, opinó el vicerrector.

    A continuación un resumen de la entrevista que mantuvo con Búsqueda.

    —¿Cuál es el principal desafío para la Facultad de Química hoy?

    — La Facultad de Química tiene un desafío que comparten todas las facultades que se dedican al área científico-tecnológica. Estamos en un momento histórico muy particular, en el que existen con muchísimo vértigo nuevos desarrollos, nuevas formas de encarar lo que hasta el momento solo se daba en pasos incrementales cortos, en saltos cortos. Estamos en un momento en donde el cambio es muy grande. En química tiene que ver con nuevas formas de afrontar el tema fármacos, biofármacos, drug delivery, el poder llevar una molécula a una zona específica del organismo y poder actuar sobre ese organismo. El tema implantes, tejidos, sensores, biosensores para enfermedades como el cáncer, por ejemplo. Estamos hablando de la detección de cáncer incluso —por qué no— por sangre, a través de células tumorales circulantes. Tenemos varios desafíos porque hoy están los instrumentos desarrollándose y todo cambia muy fuertemente, y para poder encararlos la Química y todo lo que está alrededor de ella debe irlo pensando, recalculando año a año.

    —En Química están en el ojo de la tormenta frente al cambio tecnológico.

    —Sí, totalmente. Y la facultad, el Estado, la universidad tienen la posibilidad de estar tecnológicamente al día, ser un referencia y dar respuesta a lo que necesita la población.

    —¿La Facultad de Química está tecnológicamente al día? Hay investigadores que advierten de la necesidad de una actualización.

    —Es un desafío para todos porque aunque mejoremos mucho, y lo hacemos y permanentemente, estamos en un mundo que también mejora mucho.

    —¿Cree que siempre se corre de atrás?

    —Algo de eso. Entonces, podemos hablar de la situación actual con respecto a hace cinco años, 10, podemos reunirnos en cinco años y hablar de la situación de ese momento respecto a la de hoy… pero hay algo que no debemos perder de vista: nosotros respecto del resto, de los países de primer mundo y de nuestros vecinos.

    —¿Cómo evalúa la situación respecto a la región?

    —Estamos en condiciones de estar más alto y ante un apoyo razonable dar respuesta a nuevos desafíos con los recursos humanos que tenemos. Falta equipamiento de todo tipo, sobre todo de los grandes grandes. Lo voy a decir con rango de dinero: que valen US$ 3 millones, US$ 2 millones, equipamientos pesados de un millón de dólares. Acá hay un tema de escala que es muy importante. A veces en Uruguay creemos que un equipo de US$ 100.000 es un equipo pesado y no lo es. Un equipo pesado en el mundo vale, como mínimo, US$ 500.000, y de allí a US$ 3 millones. En ese sentido Uruguay tiene que dar ese salto porque es muy importante, porque es la base tecnológica para poder pensar en ciencia y tecnología en serio, de punta, referente, dando respuestas.

    —¿Qué funciones realizan los equipos de varios millones de dólares que menciona que necesitaría Uruguay?

    —Hacen desde la síntesis muy controlada de nuevos dispositivos hasta la preparación, la fabricación. Si voy para el lado de la electrónica, puedo pensar en decirte: dispositivos procesadores que se hacen en esa escala muy chiquita y con equipamientos muy pesados. No es ciencia ficción porque hay otros países latinoamericanos que han incursionado en esa área y han captado inversiones del extranjero (Costa Rica es uno de ellos). Podemos y tenemos los recursos humanos para respaldar una inversión de ese tipo. Podríamos llegar a avanzar hacia algo que haga que en el exterior piensen en Uruguay como un lugar para invertir en estas áreas. La gente está.

    En el tema sensores, puede ser la detección de células cancerosas que puedan viajar itinerantes. Hay muchas áreas en donde nosotros podemos ir. Hay equipos pesados para estudiar eso. Si no tengo ojos para estudiarlo, no sé lo que fabrico. Tengo que tener ojos, la detección química, para saber lo que fabriqué.

    Hay un montón de cosas que vienen periféricas, no es solo que fabrico algo, es sumamente high tech y específico. Necesito el equipamiento para entenderlo y también para saber que está bien hecho. Todo eso son equipos pesados. Estamos hablando de algo tan competitivo como la ciencia y la biotecnología. Esa tiene que ser una base mínima para poder trabajar en investigación científica. Estamos bien, mejor que hace años, pero no dejemos de mirar al costado y en el costado nuestros vecinos tienen infraestructura de ese tipo que les permiten avanzar hacia ciencia más ambiciosa.

    Por ser un país pequeño, pensemos que en la medida que tengamos una comunidad científica académica fuerte, que produzca bien, que esté blindada mínimamente desde el punto de vista de infraestructura, ahí se puede armar con China o con cualquier país del mundo colaboración en pie de igualdad. Yo gano, pero si tú trabajas conmigo también ganas.

    —La Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) tiene un Programa de Equipamiento Científico para “la compra de grandes equipos” (en el llamado de 2018 el aporte máximo por proyecto era de unos US$ 500.000)

    —Sí, para el último llamado de la ANII lo disponible era un millón para todo el llamado aproximadamente. Se dio uno en el orden de los US$ 500.000 y después otros más chicos. Por eso dije que es un tema de escala. Hay que ver lo que consideramos nosotros como equipo pesado y lo que se considera internacionalmente como equipo pesado.

    —¿Entonces ese dinero de dónde podría salir? ¿Ha estudiado posibilidades?

    —Siempre hay que pensar en el cómo. Son los ladrillos para una casa, es fundamental. Hoy por hoy la respuesta es para equipamientos más chiquitos (por las opciones de financiamiento nacional como la de ANII y la Comisión Sectorial de Investigación Científica, CSIC). Por eso hay que pensar en otra escala, tenemos que no dejar de ambicionar y poner sobre la mesa la necesidad de que en el país haya equipos, pero de los pesados, que puedan hacer una diferencia importante a nivel país. Es un tema simplemente de rubros, la ANII y CSIC son muy conscientes de eso. Me da la impresión de que no debemos dejar de tener el norte y la conciencia de hacer la gran diferencia, entre que nos quedemos y sigamos adelante.

    —¿Cuánto tiempo hay?

    — Si es por tiempo, ayer. O antes de ayer… Pero, bueno, dado que han pasado años tratando de construir, seguiremos esperando. Uruguay tiene todas las condiciones para que la ciencia uruguaya en sentido amplio, la tecnología, la ingeniería, dé saltos muy fuertes para adelante y sin duda con mecanismos de ese tipo lo va a hacer y además es una inversión. Estoy convencido de que eso atrae inversiones. Lo primero que miran en el país en el que van a instalar una planta de tal cosa es: ¿hay gente formada? ¿Hay una universidad que pueda responder a determinadas demandas?

    Recuadro de la nota

    ? Los investigadores y el desarrollo

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