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    ¿Chavismo ibérico?

    En 1879, Pablo Iglesias, tipógrafo, fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Exactamente 125 años más tarde, Pablo Iglesias, experto en las redes sociales, fundó Podemos, un partido que en cuatro meses de existencia logró 1.250.000 votos en las elecciones al Parlamento Europeo.

    El grupo de Pablo Iglesias “el joven” tiene sus raíces en el movimiento de indignados que hace tres años causó furor en España. La democracia directa, las acciones concretas y el uso de las redes sociales (características del M-15) tiñen el accionar del nuevo partido. Las primarias, por ejemplo, se hicieron por Internet.

    Los mensajes digitales de Iglesias, con 322.000 seguidores en Twitter, han llegado de forma directa a unos dos millones de usuarios. Son cifras astronómicas en el mundo político español.

    Ex militante de las juventudes comunistas (su esposa es diputada comunista) y enemigo declarado de “la casta política”, Iglesias dice querer otorgarles poder a todos aquellos que hoy no lo tienen. De ahí que su muletilla sea, justamente, empoderamiento, esa palabra de origen anglosajón que tomó fuerza en los ambientes empresariales y ahora, por cosas de la dialéctica, es el plato fuerte de los movimientos de protesta.

    Ya en estos prólogos identificamos la raíz populista de la nueva organización. Internándonos en sus aguas lo podemos corroborar hasta el hartazgo: las explicaciones fáciles, el echarle las culpas de los males que acosan a la sociedad al capitalismo, a los políticos tradicionales, a la banca, al capital internacional y a los países exitosos (“no queremos ser una colonia de Alemania”, repite Iglesias cada vez que puede) son componentes famosos y legendarios en la América Latina del retroprogresismo.

    Otro rasgo netamente populista es el ego magnificado de Pablo Iglesias, quien a pesar de su supuesto amor por lo espontáneo, lo democrático y lo popular todo lo domina y todo lo decide. Un tema que dio que hablar fue, por ejemplo, la decisión de que su rostro se convirtiese en el logo de Podemos durante la campaña electoral para el Parlamento Europeo: ¡un mensaje colectivista a puro individualismo!

    Estas similitudes con el populismo latinoamericano encajan como pedazos de puzzle cuando nos enteramos de que Iglesias y otros miembros de la dirección de Podemos se han desempeñado como asesores de Rafael Correa en Ecuador y de Hugo Chávez en Venezuela. El mismo Iglesias reconoce su admiración por Chávez y por Evo Morales. Toma distancias de Maduro (¿quién con dos dedos de frente no lo hace?), pero reivindica la figura de Chávez, a tal grado que varios políticos españoles han encendido todas las luces de alarma ante la posibilidad de que España se convierta en escena del bolivarianismo.

    Felipe González, ex presidente del Gobierno español, perno central de la transición democrática a la muerte de Franco y grand old man del movimiento socialista internacional, fue uno de los primeros en salir a hacer público su temor por “la catástrofe” que representaría para España que las “alternativas bolivarianas influidas por algunas utopías regresivas” echen raíces en la Península Ibérica.

    Esas alternativas bolivarianas llevan, según González, “a lo de siempre”, a lo que ya se ha visto una y mil veces en la historia, es decir a que la idea de repartir por igual conduzca a que lo que se reparta termine siendo la miseria. Salvo la nomenclatura, claro está, “que nunca se queda con miseria”.

    El líder socialista escogido por Mitterrand, por Palme, por Willy Brandt, por Bruno Kreisky y por el grueso del colectivo socialista europeo para liderar la España pos Franco, no ahorró adjetivos por lo que sucederá en su país si grupos como Podemos conquistan más apoyo popular: “Una alternativa bolivariana para España y para Europa sería una catástrofe sin paliativos”.

    Ahora bien, peinando la melena del nuevo partido con el peine fino caen piojos más preocupantes aún. Por ejemplo: uno de los fundadores e ideólogos de Podemos, Juan Carlos Monedero, fue durante nueve (9) años asesor personal de Chávez. Oh casualidad: también allí hay un partido llamado Podemos

    Exigidos por el periodismo escéptico para definir quiénes son, Monedero e Iglesias identificaron sus fuentes de inspiración en América Latina: “Queremos que (nuestro partido) sea la llave para la construcción de un frente amplio como el de Uruguay, un punto de encuentro entre partidos y movimientos sociales que nos permita reinventar la democracia y crear un proceso constituyente. Así fue en Bolivia, Venezuela y Ecuador”.

    En la segunda mitad del siglo XIX y durante la mayor parte del XX, la vida política española fue un espejo de la latinoamericana: golpes de Estado, pronunciamientos, cuartelazos, guerras civiles, dictadura, fraudes electorales, inestabilidad, mesianismo, corrupción, caudillismo… Siendo la matriz cultural la misma, no extraña que el modelo falso-progresista avance ahora en la Madre Patria.