—La sala está muy bien y tiene poco uso. Pusimos una pantalla para promocionar los espectáculos y vamos a rediseñar la iluminación de la fachada y el hall de acceso. En tres meses se terminará el Microcine en la planta baja, que exhibirá cine uruguayo y el ciclo Cine Arte. Desde ahora, Gerardo Grieco (director del Auditorio Nacional Adela Reta) y su equipo se ocupan también de la Goitiño, con Fernando Couto como encargado. Estamos unificando la comunicación del Sodre, entre la del Auditorio, la Goitiño y la oficina de la sede central. La programación de la sala se verá en la pantalla del Auditorio Adela Reta. Queremos que sea una sala popular y no como antes, cuando yo iba a la vieja Sala Brunet a ver al ballet y había veinte personas.
—Grieco dice que el Ballet va adelante, tirando del resto del Sodre.
—Una vez le dije a Julio Bocca que el Ballet es el Carro del Chaná... y no entendió, por supuesto (ríe). El Ballet se ganó un lugar en la gente como nunca lo había tenido. Bocca tiene un carisma muy especial, se maneja con perfil bajo y dirige con mano fuerte el Ballet. Aumentó el horario de ensayos a siete horas y media diarias y quiere llevar el Ballet a un nivel internacional, que sea reconocido en todo el mundo. Es un orgullo para el Uruguay que también implica un sacrificio tremendo para los chicos.
—¿Está preparado el Sodre para una eventual partida de Bocca?
—Creo que a Bocca le va a costar mucho irse. El Ballet es un hijo suyo. Hace una audición por año, los alumnos se perfeccionan, el Ballet va creciendo y ahora que toda la producción es uruguaya es un hormiguero de trabajo. Lo que está sembrando no tiene marcha atrás. Ya tenemos el OK del Ministerio de Economía para iniciar las obras finales de los talleres (de vestuario, escenografía, utilería y telones) porque esa gente debe trabajar en las mejores condiciones posibles. Lo haremos este año.
—Trascendió en la prensa que algunos bailarines no tienen permitido entrar a los ensayos...
—Hay 28 bailarines aún jóvenes, entre 35 y 40 años, que ya no pueden bailar porque las exigencias de Bocca son muy altas. Iban al Auditorio, firmaban asistencia y se iban, pero algunos se quedaban mirando los ensayos. Un día, Bocca pidió que firmaran en otro lado porque iban mal aspectados, tomaban mate y se reían si algún bailarín se caía. Bocca tiene carta blanca, y si los bailarines no cumplen con ciertas reglas pueden dejar de bailar al año. Yo me reuní con quienes ya no pueden bailar y con Pablo Cabrera, el presidente de COFE. Ellos dicen que son bailarines y que no quieren hacer otra cosa. Hay cuatro que son docentes en las escuelas y están muy contentos, pero no todos tienen condiciones para la docencia.
—¿Hay edad tope para el Ballet?
—No, el tope es el físico. Estos bailarines son funcionarios presupuestados públicos y se jubilan a los 70 años. Ya se hicieron todas las tratativas para ver si se podían jubilar antes, y el BPS no acepta. Lo intentaron otros directores y yo también. En la reunión con Cabrera les ofrecí capacitación, ir al interior a dar charlas o clases y no quisieron.
—¿El Ballet le reporta ganancias al Sodre?
—Es el único grupo que deja algo de ganancia o al menos empata. El Corsario acaba de dejar récord de recaudación. Estimábamos ocho millones y medio de pesos y recibimos nueve millones. Con la música clásica, es decir la Ossodre y el Coro, siempre tenemos algún problema, y en ópera, las más famosas siempre dan mejor resultado que las otras. A fin de año haremos Carmen. Esperemos que le vaya bien.
—¿Las óperas dan pérdida?
—A ver, la cultura es deficitaria. El Estado tiene que poner siempre dinero. El Auditorio Adela Reta está incluido en el fideicomiso que administra parte del Sodre. Nosotros hacemos un presupuesto de gastos, recaudamos por boletería y patrocinantes y la diferencia es lo que aporta el Estado. La cultura es por naturaleza una inversión para el Estado. Además del dinero del fideicomiso está todo el resto de los gastos que se ejecutan a través del presupuesto nacional. El Ballet, la Orquesta Juvenil y las escuelas se administran totalmente por el fideicomiso; la Ossodre y el Coro, parte por el presupuesto y parte por el fideicomiso.
—La Orquesta comparte más del 70% de los músicos con la Filarmónica de Montevideo. ¿Qué se ha hecho para resolver este problema?
—Yo llegué hace un año y me planteé solucionarlo. No puede ser que tengamos una orquesta a medias, siempre en conflicto. Pero en las primeras charlas surgieron grandes dificultades con los músicos que impiden cualquier movimiento. Entonces me puse a calcular cuánto costaría hacerlos funcionarios exclusivos del Sodre, full time, al igual que el Ballet: unos dos millones de dólares. Una cifra imposible.
—¿La Juvenil puede ser la llave para solucionar este problema?
—Algunos de la Juvenil han audicionado y han pasado a la Ossodre. Pero si el Consejo Directivo decide poner a la Juvenil a tocar en un ballet, seguramente surgirán problemas con la Orquesta (fue lo que ocurrió en 2013 con El lago de los cisnes).
—¿No habrá un desgaste de la Orquesta por deficiencias salariales y reclamos irresueltos?
—Es cierto que en la Ossodre los músicos ganan menos que en la Filarmónica. He tenido muchas reuniones con Héctor Guido (director de Cultura de la Intendencia de Montevideo) y la intendenta Olivera. Con el ministro Ehrlich es el tema recurrente.
—Los músicos de la Orquesta dicen que hay una partida de nueve millones de pesos pendiente de cobro: dos millones para conservación de instrumentos y siete a repartir entre los tres cuerpos estables.
—Ese problema no es de este Consejo Directivo. La partida fue incluida en la Rendición de Cuentas por Ehrlich para darles un plus. Está en discusión la idea de la Asociación de Funcionarios del Sodre de incluir en esa partida a los bailarines que están sin bailar.
—¿Tiene alguna opinión con respecto a que se hagan contratos en lugar de que se presupuesten funcionarios?
—La presupuestación es un arma de doble filo en estas profesiones tan ligadas a la práctica, porque se deja a una persona hasta los 70 años en un cargo. Hace un tiempo, un director de orquesta vino a Montevideo y descubrió que había músicos de la Ossodre que no tocaban, que soplaban de mentira. Luego, cuando la IM llamó a concurso para completar la Filarmónica, se presentaron unos cuantos de la Ossodre y pidieron 15 días de licencia para practicar.
—¿Hay una mala relación entre Ariel Cazes, director artístico del Sodre, y Stefan Lano, director de la Orquesta?
—Lo que sucede es que Lano, que es un excelente maestro, y no soy quién para cuestionarlo en lo artístico, ha hecho declaraciones desafortunadas en la prensa. Él cuestiona la programación del Auditorio, considera que solo tendría que ofrecer música clásica y ópera. En varias conversaciones le dije que él no determina las políticas culturales del país y que tampoco es el delegado sindical de la Orquesta.
—Los ascensores en el Auditorio son escasos y chicos. ¿Eso tiene solución?
—Como arquitecta, el proyecto me da bronca porque no es del todo accesible, tiene escaleras por todos lados. Ahora vamos a colocar escaleras mecánicas.
—Acaba de salir en la prensa un llamado para patrocinantes. ¿Es para todo el Sodre?
—Sí, el ballet ya los tiene y normalmente le aparecen nuevos. Las empresas prefieren auspiciar el ballet o la ópera y la audiencia de música clásica quedó reducida a 500 personas. Estamos viviendo en un mundo muy visual, por eso es más fácil vender ballet y ópera. Pero estoy segura de que quien va por primera vez queda muy satisfecho porque la Ossodre tiene un gran nivel. Y el Sodre tiene que cumplir un fin social y nacional.
—¿Tendría que achicarse como institución para ocuparse de estas áreas?
—Más que achicarse, lo que tendría que tener es autonomía de trabajo. Cada expediente y papel va primero al MEC. Sé que ninguno de mis superiores me banca porque del Pepe para abajo agarro el teléfono y empiezo a pedir cosas, con energía. Llamo al contador general del MEC y le digo: “¡Cómo no hiciste nada con ese expediente que te mandé hace dos meses!”. Soy muy vieja y no tengo filtro.
—Algunos funcionarios dicen que el relacionamiento con usted es malo porque es prepotente.
—Qué querés que te diga... En la administración de Arquitectura manejé mil funcionarios públicos. He hecho obras enormes con hasta 400 obreros, me relacioné con el Sunca. Nunca tuve los problemas que tengo con la Ossodre. Nunca. ¿Que yo soy prepotente? Puede ser ese el adjetivo, no lo sé. Lo que sí sé es que soy la jerarca de esta institución y tengo mis responsabilidades. En una reunión estaba con Ariel (Cazes) y Lano y dije: “Lano, usted le hace la venia a Ariel, él me hace la venia a mí y yo al ministro. Pero todos somos compañeros de trabajo y tenemos que trabajar juntos”.
—Tal vez piensan que no hay preocupación por los funcionarios...
—Yo hago cosas por los funcionarios. Estoy siempre corriendo atrás de los expedientes. Cuando entré no había para pagar las compensaciones, entonces les iba a rebanar 5.000 o 7.000 pesos por el resto del año. Me fui al Ministerio de Economía, expliqué, rogué, me raspé los codos y logré pagar las compensaciones. Fui al Servicio Civil para resolver el tema de los contratos artísticos y las licencias por embarazo, que no estaban contempladas, y me dijeron: “Te felicito, sos la primera que busca una solución para esto”. Desde 2006 no se hacen las rendiciones de cuentas del Sodre. Nadie del equipo de contadores las sabe hacer... Trato de ordenar lo que está en mis manos. Y sí, a veces puedo ser prepotente.
—¿Aceptaría otro período como presidenta del Sodre?
— (Pone cara de espanto) ¡No! Mi colesterol no me lo permite.
Vida Cultural
2014-08-14T00:00:00
2014-08-14T00:00:00