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    “Fairytale”, la nueva realización de Aleksandr Sokúrov, reúne a Hitler, Stalin, Mussolini y Churchill en el Infierno

    La película, que usa imágenes reales de los líderes modificadas digitalmente, fue censurada en Rusia
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    Con semejantes actores, el morbo está asegurado. Y además, Cristo y Napoleón como secundarios. Y en dos o tres escenas aparece Dios. Sí, dicho así es un disparate, pero puesto en imágenes nos da Fairytale (Skazka, 2022), la última película de Aleksandr Sokúrov, el de Francofonía, El arca rusa y Fausto, entre otras piezas maestras. En blanco y negro, sepia y color engañoso, con poco más de una hora de duración. Y motas de polvo que caen delicadamente sobre las bestias fantasmales y les dan dimensionalidad.

    Aclaremos: no son actores, son los auténticos canallas de la historia, que el cineasta ruso hace desfilar —muchas veces multiplicados, como si fuesen hermanos gemelos— en una especie de limbo, de umbral infernal, ante unas enormes puertas de madera a las que golpean para entrar, sin suerte, mientras dialogan entre ellos y observan desde lo alto un imponente océano de cadáveres. Cada tanto las puertas se abren dejando ver una luz o el sonido de alguien que rumia algo, y luego se vuelven a cerrar.

    Gracias a las nuevas técnicas de animación vemos de cuerpo entero y en primeros planos a Adolf Hitler, Joseph Stalin, Benito Mussolini y Winston Churchill (las siluetas son siempre reales, las voces son de actores), captados de diversos documentales y modificados digitalmente para que puedan recortarse en un mundo de pesadilla, con una selva abigarrada, dantesca, y ciudades de piedra que más bien son ruinas. A veces dicen cosas dignas de una épica del mal, a veces solo banalidades. Se toman el pelo, se tiran ironías sobre los zapatos o el uniforme, se acusan de mal olor. Y caminan con la horrorosa lentitud de los fantasmas y su inquietante inconsistencia. Parecen reales pero no lo son. ¿O sí?

    “Mis botas están apretadas y huele a flores… No estoy muerto y nunca moriré…”, dice Stalin, que despierta en su ataúd.

    ¿Por qué Churchill con estos monstruos?, se preguntará el lector. Bueno, pregúntenle a Sokúrov. En todo caso son los cuatro líderes absolutos de la II Guerra Mundial, contienda que terminó hace casi 80 años pero todavía sigue generando consecuencias en nuestras vidas. El cineasta no procura remarcar lo que ya se ha remarcado de modo más que suficiente en la historia. Claro, tres de ellos son personajes demonizados, pero Sokúrov, sin negar sus pasados, les da la libertad de los espectros. Más aún: les da la libertad del inconsciente. Que naveguen sin brújula con su furia, con su locura, con su estupidez.

    Escenario onírico y pesadillesco para los líderes de la destrucción. Foto: Fairytale, Intonations

    “No existe Dios, solo existe mi fiesta”, dice Hitler.

    ¿Qué género es este? ¿Ficción a partir de esquirlas documentales? ¿Bélico? ¿Terror? ¿Ciencia ficción? ¿Comedia pasada de rosca? Solo Sokúrov puede hacer algo así, con un criterio plástico inigualable y una disposición creativa que no parece tener límites. Hoy en día no hay nadie capaz de tocar estas notas visuales y sostener semejante propuesta. Hay escenas que sobrecogen por tratarse de las ruinas de la humanidad, de la desgracia a la que estos hombres nos llevaron, pero también el cineasta es capaz de sorprendernos con un humor surrealista. En cierto momento del paisaje infernal, que se inspira en las ilustraciones de Gustavo Doré, aparece un inodoro conectado a tres tanques de agua. Es un detalle, hay que estar atento. Luego, de pasada, vemos a Hitler sentado en el inodoro. No es la radiografía de un cáncer, es un ominoso cuento de hadas con señores de chaqueta militar, gorras y charreteras.

    “Me duele todo”, dice Cristo.

    El desafío de Sokúrov es montar un escenario lúdico, con múltiples aristas de sentido, manejando un material radiactivo que contamina solo con verlo. Porque además sabemos que las imágenes de Mussolini, Stalin, Hitler y Churchill son reales o al menos parten de la realidad para llegar a donde la habilidad de la manipulación digital lo consiga. Sokúrov ya había practicado los autorretratos malditos con Moloch (1999, sobre Hitler), Taurus (2001, sobre Lenin) y El sol (2005, sobre Hirohito), pero en esos casos eran actores. Esta vez el arte pone en juego el deep fake visual, que tal vez sea en un brevísimo tiempo una de las nuevas armas del terrorismo informático.

    “Todos somos un poco socialistas”, dice Mussolini.

    Si dejamos de lado El arca rusa (2002), que es un ejemplo de búsqueda estética deliberada, de fastuosidad visual, en las películas de Sokúrov como Días de eclipse (1988), Madre e hijo (1997) o Fausto (2011, León de Oro en Venecia) lo que menos importa es la belleza. Por el contrario, hay un intento de difuminar la imagen, de distorsionarla, de colocarla en un estante digamos lejano, más a mano de la memoria y la intuición que de la percepción. Es un cine hecho para ser recordado, que busca dejar la huella en el espectador; se mueve mejor en la ciénaga onírica y como remanente de lo que queda después de la proyección. En este sentido conserva un sentido poético más arrojado que el de su maestro Andréi Tarkovski.

    Fairytale ha sido censurada en Rusia. Tal vez Sokúrov declaró cosas sobre la invasión rusa a Ucrania que no cayeron bien. Tal vez se deba a la actual revalorización de Stalin por parte de las autoridades gubernamentales. Lo que sí está claro es que esta película también podría incluir entre los señores de la guerra a un caballero eslavo de escaso pelo, rostro indescifrable y mirada ultrafría.

    Vida Cultural
    2023-11-08T18:42:00