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Las primeras mediciones oficiales de inflación en Uruguay, de fines de la década de 1930, mostraban registros anuales menores a 3%. Pero en 1945, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la tasa de 12 meses superó por primera vez los dos dígitos y a mediados de 1959 la variación del índice de Precios al Consumo (IPC) tocó el 50%. El máximo, un 183%, se dio en el período cerrado en junio de 1968. También hubo años con deflación (baja de precios). La serie del IPC del Instituto Nacional de Estadística refleja una historia de inestabilidad en la economía uruguaya.
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En lo que va del siglo XXI la inflación en lapsos de 12 meses osciló entre un mínimo de 3,5% (a octubre de 2001) y un máximo de 28,5% (a marzo de 2003); la medición más reciente captó un alza de precios al consumo de 10,1% a julio. En los últimos gobiernos, las autoridades aspiraban bajarla a niveles cercanos a 5% (el centro de un rango objetivo fijado entre 3% y 7%), pero no pudieron hacerlo de manera sostenida. Abatir la inflación también es un propósito de la administración de Luis Lacalle Pou, aunque por ahora no han explicitado un porcentaje ni plazos en que se proponen conseguirlo.
Quien está encabezando esa cruzada es Diego Labat, presidente del Banco Central (BCU), un organismo que tiene entre sus cometidos velar por la estabilidad de precios. En una disertación a través de la plataforma Zoom organizada el jueves 13 por la Academia Nacional de Economía, y en varias entrevistas recientes, intentó ubicar lo que para él debe ser el eje de la estrategia antiinflacionaria. “No centrar la discusión en el precio del zapallito o la tira del asado, si no lo que nos importa –y acá tenemos que ser críticos y autocríticos- es que tenemos que poner la cabeza en las expectativas de inflación. Es absolutamente fundamental que hagamos converger las expectativas de inflación al rango” objetivo.
Un parámetro de lo que los agentes económicos esperan en materia de precios lo muestran las encuestas que el propio BCU hace mes a mes entre bancos, AFAP, consultoras y analistas independientes, además de algún instituto académico. Los resultados del últimos sondeo, difundidos el lunes 17, sugieren que las “expectativas” se están moviendo en la dirección que desea Labat y el resto del equipo económico; si bien para 2020 proyectan —en mediana— que la inflación será de 9,29%, dentro de unos 24 meses estaría más cerca del techo del rango (7,70%).
Vuelta a la tasa. Una innovación respecto a los intentos del pasado de bajar la inflación es el énfasis en asignarle al manejo monetario una única función, y no varias, y que opere en línea con otras políticas como la fiscal (el nivel de gasto público) y la de ingresos (los ajustes de salarios y pasividades). “La consistencia entre las políticas no es menor. Justamente, es la clave para conseguir buenos resultados”, declaró Labat a Búsqueda.
En materia monetaria están anunciados cambios, aunque todavía no los detalles: su eje instrumental volverá a ser la tasa de interés, como ocurrió hasta 2013, en lugar del actual foco en el control de la cantidad de medios de pago (agregados monetarios).
Antes de fin de mes, las autoridades del Ministerio de Economía y del BCU se reunirán en el Comité de Coordinación Macroeconómica —por primera vez en el actual período de gobierno— para “que de alguna manera muestre la consistencia entre todas las partes”, explicó Labat.
Luego se irá anunciando una agenda de transición en la política monetaria. Se mantendrá el régimen de metas de inflación (un rango porcentual al que se apunta como objetivo). Según dijo el jerarca en el evento virtual, “está claro que en un momento como este, la tasa de interés es una mejor señal para el mercado (…) y puede haber una mejor lectura desde los agentes”.
La futura tasa de referencia será definida en un próximo Comité de Política Monetaria del BCU. “Desde hace un buen tiempo tenemos ese seguimiento de las tasas de interés. Toda la curva se ha ido corriendo desde hace ya unas cuantas semanas, lo hemos visto como positivo”, comentó.
En los años en que la política monetaria tuvo la tasa de interés como instrumento (entre setiembre de 2007 y junio de 2013) la inflación fue de 7,4%, en promedio, sobre los niveles que se pretendía. “Las expectativas de inflación parecen reaccionar más a variables de actividad, a la dinámica de la inflación subyacente y a su propia dinámica. En contraposición, los agentes suelen considerar escasamente las señales de la política monetaria para la formación de sus expectativas. Los instrumentos de política monetaria explican magnitudes pequeñas de la varianza” en lo que esperan, constató un estudio del Centro de Investigaciones Económicas que abarcó el período 2005 a 2013, publicado en ese último año. Su título, ¿Qué instrumento? El efecto de la política monetaria sobre las expectativas en Uruguay?, viene al caso hoy.
¿Por qué el manejo de las tasas de interés lograría, ahora, el éxito que no tuvieron en el pasado?, le preguntó Búsqueda al presidente del BCU. “Es cierto que la anterior experiencia no llegaron al resultado, pero tampoco (lo hubo) con agregados. La culpa de no llegar al objetivo no se le puede adjudicar a la tasa”, respondió. Presiones de demanda por el lado del gasto público y los ingresos creciendo por encima de la productividad, son la explicación a los desvíos respecto a la meta que señalan, en general, los analistas.
Credibilidad. En paralelo al cambio de instrumento de política monetaria, el BCU se propone ir desplegando medidas diversas para generar mayor confianza de los agentes en el peso uruguayo y “desdolarizar” la economía, lo que incluye acciones también “desde lo cultural”. Eso supone por ejemplo poner en cuestión la práctica histórica de informar los montos de los depósitos en moneda nacional expresados en dólares. También rever alícuotas de los encajes bancarios, informó Labat.
Desde la perspectiva institucional, el jerarca entiende que “se puede avanzar mucho más en la independencia del banco y su contra cara”, que es imponerle “muchísima más rendición de cuentas”. En concreto, eso debería terminar en una reforma legal “que sea el sello de esa credibilidad”, haciendo cargo al organismo cuando “cumple o no cumple” con las metas de inflación, además de “explicar los desvíos”.
Como signo de la relevancia que el BCU le asigna el tema, la institucionalidad para la conducción de la política monetaria en Uruguay será debatida el próximo jueves 27, en el panel inaugural de sus XXXV Jornadas anuales de Economía.