“No mires p’arriba pero me parece que allá está Amodio”.
“No mires p’arriba pero me parece que allá está Amodio”.
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—Que está escribiendo un libro y colaborando con los milicos”. (Diálogo entre José Mujica y David Cámpora en el batallón Florida en el invierno de 1972, según el recuerdo del segundo)
“… Fue alguien que se cambió en determinado momento. Como se han cambiado gobernantes de distintos países, de un lado para otro. (…) Amodio, cuando salió en la última fuga, parece que ya colaboraba con la CIA. Si lo viera le diría Gustavo, pero sería como si viera a otro de la CIA. Para mí era Gustavo, Gustavito, que era el seudónimo de él”. (Ex tupamaro Juan Almirati en el semanario “Crónicas”)
“Ese papelito con el nombre y la dirección de (el ex agente estadounidese asesinado por el MLN Dan) Mitrione fue lo último que recibí de Amodio. Nos veíamos con frecuencia porque él era el responsable por parte del Ejecutivo de la columna 1. (…) Siempre me llamó la atención que Amodio, que conocía mi participación en el secuestro, y sin duda la de otros compañeros también, cuando pasó a ser colaborador de las Fuerzas Armadas y de la Policía, nunca nos señaló. Posiblemente para ocultar su propia responsabilidad”. (“Beatriz”, comando militar de la columna 1 que secuestró a Mitrione, a la historiadora Clara Aldrighi)
“De junio a noviembre de 1972, las Fuerzas Conjuntas practicaron más de siete mil operaciones, capturaron a dos mil ochocientos tupamaros en todo el país, incautaron grandes sumas de dinero, explosivos y armamento, además de dos cárceles del pueblo, dos hospitales subterráneos, más de ciento cincuenta berretines y ciento veinte tatuceras. Una ofensiva que —con la ayuda de Amodio Pérez— en pocos meses destruyó por completo el aparato armado que al MLN le había costado años montar”. (Del libro “Cero a la izquierda”, de Federico Leicht sobre el ex guerrillero Jorge Zabalza)
“Todavía pensé que ese rumor (de la traición) desaparecería o se destruiría solo por absurdo y retorcido, pero al parecer, cuando se necesitan explicaciones, cuando más absurdas y retorcidas más creíbles son”. (Héctor Amodio Pérez en un manuscrito elaborado en el batallón Florida en 1972)
“Vamos a darle a todo lo verde, hasta las cotorras”. (Líder histórico tupamaro Raúl Sendic, según el relato “El traidor”, del ex tupamaro Rodolfo Wolf)
“Su palabra significaba mucho para mí. Pero había perdido su tono firme y cuando hablaba de su compañera se le enturbiaban los ojos. No me di cuenta de que era un hombre quebrado”. (Rodolfo Wolf, que conocía dónde estaba la ‘cárcel del pueblo’, sobre Amodio en el relato “El traidor”)
“Te la hago cortita y al pie. Les entregó la ‘cárcel del pueblo’, a todo el MLN-T, yo sé a quién tocar y cómo tocar, a cambio de mi libertad y la de mi compañera Carmela (alias de Alicia Rey Morales) en un país donde se hable español”. (Amodio al entonces teniente Armando Méndez, según la versión del periodista Álvaro Alfonso en el libro “Jugando a las escondidas”)
“No era un infiltrado sino un desgastado. (…) Pienso que entregó Almería y una parte de las libras de Mailhos que tenía enterradas”. (Ex tupamaro Efraín Martínez Platero)
“Amodio quedó muy afectado por la muerte de Schroeder y Blanco Katras, a quienes tenía mucho cariño. Lo encontré muy fracturado después del 14 de abril. Decía que era la peor tragedia que nos había pasado y que nos iban a matar a todos. Le dan la baja”. (Ex dirigente tupamaro Henry Engler a la historiadora Clara Aldrighi)
“Recién en los primeros días de abril de 1973, en la tercera concurrencia al Juzgado, apareció el señor Amodio Pérez, quien más que un preso parecía un turista yanki”. (General retirado Pedro Aguerre en el libro “Trabajaremos de preso”, donde relata un careo con Amodio)
“No hay plata, la identidad se arregla”. (Respuesta del general Esteban Cristi cuando oficiales del Florida le piden cumplir con el acuerdo y sacar a Amodio del país porque su vida corría peligro, según el periodista Álvaro Alfonso)
“Me parece importante no olvidar la calificación que el Poder Ejecutivo da a Amodio (…): ‘Este detenido fue capturado por las Fuerzas Conjuntas, con posterioridad a la fuga del Penal de Punta Carretas, durante el período de guerra interna, permaneciendo a disposición del Mando Militar por motivos de información operacional militar en la conducción de la lucha antisubversiva’. Esta es una manera muy elegante y eufemística de decir que se trata, simplemente, de un confidente, de un informante de carácter profesional, de un delator”. (Senador Zelmar Michelini en la sesión del 16 y 17 de mayo de 1973, cuando el Senado discutió el pedido de desafuero de Enrique Erro, acusado de vínculos con los tupamaros)