Eran los primeros meses de la pandemia. Año 2020. El presidente de la República, Luis Lacalle Pou, cuenta que estaba en soledad en la estancia de Anchorena, en Colonia.
Eran los primeros meses de la pandemia. Año 2020. El presidente de la República, Luis Lacalle Pou, cuenta que estaba en soledad en la estancia de Anchorena, en Colonia.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRecuerda caminar sobre los 70 u 80 metros de un pasto “muy bien cortado” en la parte de atrás de la casona presidencial, sobre el filo de un barranco de unos 15 metros que cae sobre el Río de la Plata. “De viernes a domingo en ese pasto dejé un trillo”, dice. Asegura que repitió el recorrido de un lado a otro “unas mil veces”, mientras miraba lo que le avisaba con timbres y tintineos la pantalla de su celular: “Eran llamados, mensajes de WhatsApp, todos los mensajes, casi todos los mensajes decían: ‘Luis, no dejes que mueran nuestros hijos’, ‘Luis, cuidanos’, ‘Luis, hay que encerrarnos’”.
El presidente hace una pausa. Y sigue. “Ahora es más fácil opinar sobre esto, pero acordate que nadie en el mundo sabía qué era lo que iba a pasar. Las imágenes en los informativos eran supermercados vaciándose, la soledad en todos lados. Realmente impactaban las escenas de la muerte, los cementerios llenándose de ataúdes. Todo eso era el proceso que se estaba viviendo”, recuerda. Su relato vuelve a las idas y vueltas por el prolijo césped de Anchorena, ese trillo empezó a recorrer el viernes y terminó de repetirlo el domingo, cuando finalmente le envió un mensaje “irreproducible” por las palabras que utilizó, a su secretario personal Nicolás Martínez. Palabras más, palabras menos, lo que le dijo fue que no iba a decretar la cuarentena obligatoria “un carajo”.
En su último libro, La libertad responsable, editado por la Fundación Konrad Adenauer Stiftung, el periodista y analista político Daniel Supervielle recoge esta versión íntima del presidente cuando se enfrentaba a una de sus horas más oscuras, al poco tiempo de asumir su mandato. El dilema de ceder ante la presión social y de la oposición política que reclamaba una cuarentena obligatoria ante la amenaza del Covid-19, una enfermedad que puso en pausa al mundo, o la de apelar a un camino intermedio para apostar por la responsabilidad individual y colectiva con el Estado como sostén. A dos años y dos meses del comienzo de la emergencia sanitaria decretada por el gobierno, y a pocas semanas del levantamiento de las medidas de restricción y un paulatino regreso a la normalidad, Supervielle, que integró el comando de campaña del presidente en 2014 y 2019, hace un riguroso repaso por los principales mojones de este largo proceso.
El resumen de esta etapa, además de observar la cuidadosa estrategia de comunicación pergeñada en la Torre Ejecutiva, incluye una breve entrevista con el presidente Luis Lacalle Pou en la que explica las motivaciones que lo llevaron a tomar el camino de la tan mentada libertad responsable, que se convirtió en una suerte de grifa que determinó sus primeros años de gobierno y que le valió reconocimientos internacionales. “El país atravesó momentos difíciles, pero ni en el peor de ellos el presidente dejó de mencionarla y decir que allí, en esa bandera, estaba el rumbo que él iba a seguir y nunca abandonar para cruzar la tempestad”, reflexiona el autor.
Ante una pregunta de Supervielle, el mandatario dice que no se apoyó en ninguna doctrina, autor o pensamiento para tomar la decisión de enfrentar la pandemia escudado en ese concepto. “Es lo que uno entiende que es la esencia del ser humano. Lo que encontrás adentro tuyo. Adentro de lo que sabés y conocés. La materia prima del político es eso: la persona, su vida en sociedad”, sostiene, y reflexiona que la libertad responsable “interpreta al país”.
Más adelante en la entrevista, Lacalle Pou señala que no es contradictorio apelar al mismo tiempo a la libertad individual y al Estado sino que, por el contrario, existe “una complementación” entre esas dos dimensiones reafirmada en la Constitución. “Ahí muere esa contradicción entre la libertad individual y el individualismo que algunos quieren fogonear cuando dicen la libertad responsable, la libertad individual es individualista. ¡No! Es al revés. No niega la presencia del Estado. Es justamente al revés. El Estado sirve de estribo, de anclaje, de empuje para que la persona pueda gozar de esos derechos”, argumenta.
Lacalle Pou dice que no tiene “complejo de recordación personal” a propósito de esa marca en su presidencia que significó la libertad responsable. “Me gustaría mucho más que fuera algo que evolucionara y que fuera practicado”, afirma.
Entre las múltiples miradas, discusiones y puntos de vista que tuvo el tránsito de la pandemia en Uruguay, Supervielle no elude la visión crítica de la academia. En especial durante el segundo año de convivencia con el virus, acaso el más feroz, con muertes que se contaban de a 50, 60, todos los días.
Está ahí reflejada la versión disidente en el tratamiento político que expuso uno de los miembros del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), Rafael Radi. También otras aún más críticas como la del politólogo Daniel Buquet, quien escribió que “ningún gobierno debería esperar que individuos racionales autolimiten su movilidad si eso les generara un perjuicio y ningún beneficio individual” y que, en ese sentido, la “obligación” de los gobernantes es “conocer esta estructura de incentivos y tomar las medidas conducentes a la provisión de los bienes públicos, creando los incentivos necesarios”.
“Los gobiernos no deben esperar responsabilidad individual sino hacerse responsables”, plantea Buquet.
Supervielle cierra el libro con la reflexión de que la estrategia que adoptó el gobierno para enfrentar la crisis sanitaria fue funcional y “sirvió”, pero se cuestiona sobre el después. “No es hora de descansar en los laureles ganados”, dice. “El suceso de la libertad responsable en el manejo de la pandemia por la nueva generación está bien. Pero no alcanza. El desafío, para ellos, es ser recordados por hacer lo que nunca se hizo”.