—¿Y qué tal si contratamos a un abogado para que nos asesore? —preguntó un accionista.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHubo un silencio de varios segundos.
La conferencia telefónica entre accionistas de Union Agriculture Group Corp. (UAG) llevaba más de 20 minutos y nadie quería responder a esa pregunta. La compañía en la que habían invertido tenía problemas financieros y necesitaba recaudar US$ 30 millones para hacer frente a una deuda generada por decisiones del directorio encabezado por Juan Sartori y accionistas chinos, franceses, ingleses, suizos y de otros países no escondían su frustración por la “falta de transparencia” y de rumbo de la empresa.
Esa conversación, a cuya grabación accedió Búsqueda, ocurrió un año antes de que una votación de accionistas produjera lo que algunos de los principales inversores de UAG querían desde hacía tiempo: que Sartori y su equipo dejaran la dirección de la empresa.
La salida del precandidato blanco, sin embargo, es hoy un dolor de cabeza para el emprendimiento agropecuario que fundó y que corre riesgo de entrar en default. UAG debate en su interna cómo hacer frente al pago de una indemnización prevista en el contrato de Sartori que ronda los US$ 3 millones, mientras algunos accionistas presionan para que no se pague esa suma, dijeron fuentes en conocimiento de las discusiones.
Ni Sartori ni UAG quisieron hacer declaraciones al respecto.
A mediados de junio del año pasado, Búsqueda informó que Sartori dejaba la dirección de UAG, una empresa que lideró por más de una década, que alcanzó a controlar campos que equivalían al 1% del territorio uruguayo, pero que nunca dio ganancias a sus accionistas y se cargó de deudas. “He decidido dedicar mis esfuerzos hacia otros negocios importantes dado que UAG se encuentra reorganizada y estable, con el nuevo modelo de negocios implementado”, declaró Sartori en un comunicado emitido por la empresa en respuesta a la información sobre su partida.
“Justamente salgo del directorio porque la empresa está reorganizada y tiene toda la deuda vigente y estructurada”, decía por entonces el expresidente de UAG, quien todavía no había anunciado su intención de ingresar en la arena política uruguaya.
En el comunicado la compañía no mencionó cómo se procesó la salida de Sartori. El 19 de abril del 2018, la asamblea anual de accionistas de UAG Corp. —la sociedad de Islas Vírgenes Británicas dueña de la uruguaya UAG S.A.— tenía en el orden del día la elección de directores.
Los nombres de Juan Sartori, Julio de Brun, Oscar León y Oscar Costa fueron puestos a votación. El resultado fue el mismo en todos los casos: 45,57% del paquete accionario representado en la asamblea votó a favor y 54,43%, se abstuvo.
El CEO de UAG, José Pedro Sánchez, que presidía la reunión, “declaró que la moción fue rechazada, y que Juan Sartori, Julio de Brun, Oscar León y Oscar Costa no fueron elegidos para actuar como directores por el período subsiguiente, por lo tanto, cesan como directores a partir del final de esta reunión”, dice el acta de la sesión, a la que accedió Búsqueda.
Esa decisión tiene consecuencias que todavía no están resueltas. De acuerdo con documentos de la empresa, Sartori firmó un contrato con la compañía que fundó en abril del 2011, modificado años después, por el que se aseguraba una indemnización especial en caso de que lo removieran del cargo de director ejecutivo sin motivo o que le cambiaran sus condiciones de trabajo en ciertos aspectos. En la jerga empresarial, a ese tipo de acuerdos se les llama “paracaídas de oro”.
La actual dirección de UAG tiene que decidir ahora si le paga y cómo le abona esa indemnización, que ronda los US$ 3 millones, según transmitió el CEO, en enero, a varios accionistas durante una conferencia telefónica, relataron fuentes a Búsqueda. El sueldo de Sartori, diera ganancias o no la empresa, era de alrededor de US$ 1 millón al año.
Hay accionistas que no están de acuerdo con la posibilidad de que Sartori reciba una indemnización de ese calibre, según surgió de esa conversación y de otras que mantuvieron inversores entre sí. Uno de los que planteó reparos con que se pague todo el “paracaídas de oro”, aunque no el único, es China Investment Corporation (CIC), un fondo estatal que es el principal accionista de UAG, según los informantes.
La empresa UCG International Corp., controlada por Sartori, también reclama cerca de US$ 2 millones a UAG para rescindir un contrato por la provisión de servicios.
Los pagos a empresas relacionadas con Sartori habían generado malestar en algunos accionistas, en particular el de UCG, que implicó erogaciones de hasta US$ 1,5 millones al año, y el alquiler de las oficinas, que llegó a costar US$ 300.000 anuales.
Consultado en diciembre acerca de esos contratos con empresas relacionadas con Sartori, Sánchez declaró que UAG iba a mudar sus oficinas después de casi 10 años “justamente en búsqueda de más eficiencia para reducir costos”. Acerca del acuerdo con UCG, dijo que están en “etapa de revisión de todos los contratos”. “Sartori ya salió de esta empresa”, añadió. “Estamos renegociando todos los contratos de esta empresa porque, naturalmente, tenemos que ajustar todos los costos operativos y en general a la nueva realidad del negocio agropecuario” ( Búsqueda Nº 1.998).
Varios accionistas consultados en esa oportunidad cuestionaron la gestión de Sartori y los contratos con sus empresas. Uno de los inversionistas extranjeros dijo que su experiencia con UAG “no había sido buena”, mientras que Charles Brown, director de Lake House Group, dijo que Sartori “desvió dinero de UAG a sus gastos personales” y era “un experto en corrupción”.
Esta semana, un fondo de inversión basado en Europa, respondió a las consultas de Búsqueda sobre UAG. “Podemos confirmar que éramos un inversionista y que hemos estado liquidando activamente las acciones restantes en la compañía. Y aunque generalmente no hacemos comentarios sobre inversiones, no contradecimos las declaraciones que han publicado en los artículos con respecto a UAG”. Ese fondo, que llegó a tener 0,5% de las acciones de la empresa debido a una inversión cercana a los US$ 2 millones, decidió abandonar la compañía “al menos parcialmente” debido a “la mala gestión de UAG”, añadió en su respuesta.
En varias entrevistas Sartori desestimó las críticas de los accionsitas mencionados en el artículo. En diálogo con Fácil Desviarse, de FM Del Sol, el 21 de enero, sostuvo que la información de UAG era transparente y que “en una empresa donde hay cientos de accionistas, es hasta normal que no todos compartan las decisiones”. Afirmó que “siempre se va a encontrar a alguien que no esté de acuerdo o que hable mal”, pero que ninguno de los 10 accionistas más grandes lo había cuestionado.
Los problemas de gestión y de “transparencia” de la empresa, sin embargo, eran objeto de preocupación de los accionistas —incluidos los principales— desde mucho antes de la partida de Sartori y de la publicación del artículo.
Eso quedó claro en la conferencia telefónica de accionistas del 19 de junio del 2017.
Convocada por el DEG, un fondo estatal alemán, la reunión tenía como punto de discusión la decisión del directorio de UAG de recaudar US$ 30 millones a través de un mecanismo llamado “rights offer”, por el cual la empresa les ofrecía a sus propios accionistas que compraran acciones a un dólar.
Este tipo de medidas provoca un aumento del paquete accionario y suele poner en un brete a los inversores de empresas que, como UAG, tienen una situación económica complicada. Como lo diría un accionista en la conversación telefónica, tenían dos opciones a cual peor: participar y “convertir buen dinero en mal dinero”; o no participar y que su porción en el paquete accionario se “diluyera”. La empresa, con deudas por más de US$ 100 millones, lo necesitaba urgente.
Los representantes de DEG, que llegó a tener más del 5% de las acciones, abrieron la discusión. Plantearon que para ellos era “bastante difícil” participar en la compra de más acciones, porque “necesitaban un plan de negocios para el futuro, que mostrara que las cosas” podían mejorar, pero la dirección de UAG no les había dado nada de eso.
Los alemanes le pidieron al delegado del fondo chino que diera su opinión. Winston Wenyan Ma, representante no ejecutivo de CIC en el directorio de UAG, dijo que “internamente tenían debates similares” a los de DEG y que “sin un plan de negocios es difícil de predecir hacia dónde va la compañía”. Los asiáticos tenían entonces el 12,1% de las acciones.
En ese momento, el representante de ACE & Company, con sede en Suiza, intervino y cuestionó el apoyo que habían dado los chinos para que los directores de UAG continuaran en su cargo. “Ustedes votaron para mantener al directorio la última vez, me pregunto cuál fue la lógica de eso”, inquirió.
“No fue un apoyo absoluto, eso debe quedar claro”, respondió Wenyan Ma. Explicó que era casi imposible sacar al directorio durante esa votación, ya que Sartori tenía “poder de veto” y era necesaria una mayoría especial del 80% para aprobar el cambio. Destacó que CIC había trabajado “muy activamente” para cambiar los estatutos con el objetivo de darles más poder a los accionistas y que lo habían logrado.
Los pagos a empresas relacionadas con Sartori habían generado malestar en algunos accionistas, en particular el de UCG, que implicó erogaciones de hasta US$ 1,5 millones al año, y el alquiler de las oficinas, que llegó a costar US$ 300.000 anuales.
Bernard Oppetit, un francés representante de Centaurus Capital, terció en la discusión. Estaba bien tener nuevos estatutos, dijo, pero que los accionistas tenían que actuar en consecuencia. La compañía estaba “completamente mal” dirigida y “la administración nos ha mentido todo el tiempo”, añadió.
Peter Berthold aprovechó una pausa en el discurso de Oppetit para cuestionar la “falta de transparencia” en UAG y decir que “no podía estar más de acuerdo” con lo que decía el francés. Lo mismo planteó el representante de ICE Opportunities, un fondo de inversiones con el 12% de las acciones en ese momento. Varios se preguntaban dónde podrían reclamar si la empresa entraba en default.
Más adelante, el representante del fondo chino dijo que compartía el análisis de los problemas, en particular sobre la falta de un “plan de negocios” y de “buena información”. Añadió que había que mirar al futuro, que los accionistas debían “coordinar”, porque desde hace tiempo que “estaban discutiendo” un cambio en la dirección de UAG.
Jerome Tordo, que también era director no ejecutivo de UAG y representante de un fondo inversor, aprovechó esas declaraciones y pasó a la ofensiva. Quería que Wenyan Ma le diera su “opinión clara” de CIC sobre la continuidad de la dirección. “Porque la última vez estaba convencido de que ustedes nos apoyaban en el esfuerzo de cambiar la junta directiva, entonces, si nos confirman hoy que la próxima vez eso es lo que van a hacer, creo que sería un buen incentivo” para participar en la compra de acciones, añadió. “Votamos en contra de la dirección en el pasado. Y lo haremos otra vez y otra vez y otra vez hasta que retomemos el control de la compañía”.
—Jerome, este es Winston. Compartimos la visión, nosotros queremos ver cambios —respondió el representante chino.
—El voto es una cosa y la visión es otra. Estoy hablando del voto, no de la visión —contraatacó el francés.
Después de otro breve intercambio, el chino dijo que “sí” estaban de acuerdo con cambiar la dirección en la siguiente oportunidad.
“Ok, así está bien”, transó Tordo.