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    Alemania entiende que el águila del Graf Spee le pertenece y un museo quiere exhibirla

    El museo naval de la ciudad donde se construyó el acorazado desea incluirla en su exposición, porque es “un objeto de importancia histórica” que no debe ser destruido, opina su director

    En el astillero de la base naval de la ciudad de Wilhelmshaven, en la costa norte de Alemania, se terminó de construir en 1936 el acorazado Admiral Graf Spee. Había sido encargado como reemplazo del viejo buque Braunschweig, que había prestado servicios durante la Primera Guerra Mundial y, envejecido, estaba desmantelado, su carcasa devuelta al mismo puerto donde inauguraban a su sucesor.

    El Graf Spee estaba dotado de seis cañones principales, ocho secundarios, seis baterías antiaéreas, dos lanzatorpedos, una catapulta y un sistema de radares, el primer barco alemán en contar con esa tecnología. Medía 186 metros de largo y en la popa, como símbolo del entonces joven Tercer Reich, llevaba un águila de bronce con las alas extendidas y una esvástica entre las garras. Las fotos en blanco y negro del día de la botadura muestran un muelle lleno de marinos levantando sus brazos tiesos en el saludo oficial de la época.

    El buque fue desplegado primero frente a costas europeas y, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, enviado en misión al océano Atlántico para atacar barcos cargueros y así apuntalar la guerra comercial entre el eje y los aliados.

    Allí es donde la trayectoria de este acorazado en el mayor conflicto armado de la historia se encuentra con el Uruguay: el Graf Spee es bombardeado, atraca frente a Montevideo y, ante la inminencia de la derrota, el capitán Hans Langdorff ordena su hundimiento para evitar su caída en manos británicas, permite a la tripulación escapar hacia Argentina y termina suicidándose en un hotel de Buenos Aires.

    Más de seis décadas después, en 2006, un emprendimiento privado logró rescatar del lecho del Río de la Plata varios objetos del barco hundido, entre ellos el águila de bronce de dos metros y más de trescientos kilos, erosionada pero aún desafiante, elevada de las aguas por cinchas amarillas atadas a sus alas, resucitada en un mundo distinto al que supo surcar. Desde entonces en círculos políticos, diplomáticos, judiciales, empresariales y en la opinión pública se debate qué hacer con ella. Pese a los reclamos de privados, un tribunal decidió que pertenece al Estado uruguayo. Un mes y medio atrás el presidente Luis Lacalle Pou anunció un proyecto para fundirla y transformarla en una paloma de la paz, idea que desactivó tras ver la reacción negativa desde casi todos los frentes.

    Truncada la posibilidad de reencarnar en paloma, el águila de bronce reposa en una base naval del Cerro de Montevideo, donde antes estaba el Cuerpo de Fusileros Navales (Fusna), que funcionó como centro de detención durante la dictadura militar. Su destino es, otra vez, incierto.

    Hundimiento del Graf Spee frente a las costas de Montevideo, diciembre de 1939

    Reclamo alemán

    A once mil kilómetros, el Gobierno Federal alemán sigue de cerca esta historia. Representantes diplomáticos intercambiaron en varias oportunidades con las autoridades uruguayas sobre el tema, desde que el águila fue rescatada en el año 2006, sin lograr avances.

    En algunos puntos, las distancias son grandes. Uruguay consideró poner el águila a la venta, pero el gobierno alemán se opone a que el objeto pase a manos privadas. Más aún, lo reclama como propio.

    Frente a una consulta de Búsqueda en Berlín, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán respondieron que el gobierno de ese país defiende la opinión jurídica internacional, “compartida por muchos Estados”, de que los restos de los buques de guerra hundidos ubicados en aguas territoriales extranjeras siguen siendo propiedad del Estado de bandera de manera indefinida. Por lo tanto, entienden que Alemania sigue siendo propietaria de los restos del barco y sus partes.

    Los portavoces dijeron que el principal objetivo del gobierno federal es evitar que las piezas del naufragio del barco, especialmente el águila, terminen en el mercado de objetos devocionales del Tercer Reich y sean utilizadas para glorificar o banalizar las ideas nazis.

    El gobierno alemán está abierto a considerar soluciones con independencia de sus reclamos respecto de la propiedad de la pieza. Por ejemplo, un préstamo de carácter permanente para exhibir el águila en un museo en Uruguay o en Alemania.

    En las conversaciones entre representantes de ambos países en los últimos años se manejó una opción concreta: el Museo Naval Alemán de Wilhelmshaven, la ciudad donde se construyó el Graf Spee y desde donde el águila zarpó al mundo.

    Rescate del águila del Graff Spee, febrero de 2006. Foto: AFP

    Un objeto “icónico”

    El lugar donde estaba el astillero en el que construyeron al acorazado se puede ver desde el edificio donde hoy funciona el Museo Naval de Wilhelmshaven. El director del museo, el historiador Stephan Huck, sigue desde allí el debate sobre el águila, ha mantenido conversaciones con representantes del gobierno alemán al respecto y quisiera poder albergar y exhibir la pieza histórica, según dijo a Búsqueda en una entrevista por videoconferencia desde su oficina en la ciudad de origen del Graf Spee.

    —Este tema es de interés en Uruguay, ya que se trata de un objeto histórico de gran valor, pero también acompañado de una alta controversia. ¿Ha seguido la historia?

    —Coincido con su evaluación de que se trata de un objeto de importancia histórica. Como persona del ámbito museístico, creo que debemos preservar y utilizar objetos históricamente significativos, incluso si tienen una historia controvertida, o quizás a causa de ello, para resaltar esa controversia. Por lo tanto, independientemente del lugar donde se pueda exhibir este objeto en el futuro, preferiría su conservación en lugar de su destrucción. Aunque entiendo la simbología detrás de la transformación del símbolo de la esvástica en una paloma de la paz, creo que se puede hacer más con el objeto original. Al decir esto, doy por sobreentendido que debe ser exhibido en un lugar donde se muestre y contextualice su historia y controversia. No sería apropiado exhibirlo en cualquier lugar sin contextualización o entregarlo a manos privadas. Debe permanecer en manos públicas.

    —¿Qué valor histórico tiene este objeto?

    —El valor histórico se basa en la historia misma de este barco, que es una historia fascinante e importante de la guerra naval durante la Segunda Guerra Mundial. Lo intrigante radica en cómo el Graf Spee condujo la guerra, llevando a cabo una guerra comercial estricta bajo el derecho de presa marítima, y en la decisión del comandante, el capitán de Mar Hans Langsdorff, de hundir el barco. Es claro que estaban operando bajo un código de conducta del comandante que representaba, por así decirlo, una socialización del nacionalsocialismo. Después, debido a la decisión de Langsdorff de hundir el barco, todo cambió, ya que también hubo una orden clara del comandante supremo de la Marina de Guerra de que en el futuro no debería haber más autohundimientos, sino que uno debería irse con la bandera en alto o salir victorioso del combate. Por lo tanto, esta águila también simboliza un cambio en la forma de llevar a cabo la guerra, un proceso de transformación y, en última instancia, se refleja en la historia del objeto. Por un lado por su representatividad, que se refleja también en su materialidad, ya que el bronce es un material valioso, en la dimensión del águila. Y también en su destino: que se hundió, desapareció y luego fue rescatada. En esta historia se refleja este cambio de manera concreta. Creo que eso es lo que hace que este objeto sea interesante, y creo que los museos necesitan también objetos icónicos como este, que tengan cierta fuerza y presencia. Por supuesto, como también incluye la esvástica como un símbolo de la guerra criminal, es importante tener cuidado de no idealizarlo, sino de contextualizarlo y dejar claro qué representa ese símbolo. Pero creo que, especialmente con la historia concreta de este barco y del objeto, eso puede lograrse de manera bastante efectiva. Por eso creo que es un objeto muy poderoso, sin importar en qué museo termine, siempre que se maneje correctamente desde la perspectiva curatorial.

    —¿Qué medidas se suelen tomar al exponer objetos históricos de la era nazi?

    —No hay una norma única. Para fines académicos, creo que es válido y necesario exhibirlos. Pero lo fundamental es que el carácter del nazismo se muestre de manera clara en la exposición. No se debe justificar diciendo: “Aquí luchó un soldado honorable”. Es necesario situar el contexto más amplio de por qué se libró esta guerra y mostrar que fue un ataque criminal y una violación flagrante del derecho internacional y humanitario. Estas declaraciones deben hacerse de manera clara e inequívoca en cualquier exposición que aborde el tema nazi en Alemania o en cualquier parte del mundo. Esto es lo que entendemos por contextualización, y se puede lograr de diversas maneras, ya sea a través de medios, objetos adicionales que ilustren el carácter criminal, biografías, que pueden ser muy poderosas debido a su capacidad de identificación. No solo mostrando las biografías de militares alemanes en un museo militar alemán, sino también presentando a las víctimas de la guerra alemana y adoptando su perspectiva. De esta manera se puede abordar esta cuestión.

    —¿Cuáles son los riesgos de exponer estos objetos sin una explicación adecuada del contexto? ¿Existe interés por parte de grupos neonazis?

    —Aún existe una cierta fascinación por el nazismo en algunos círculos, y estamos siendo testigos de un resurgimiento de pensamientos de extrema derecha en toda Europa. Por lo tanto, siempre existe el riesgo de que los símbolos nazis terminen siendo sitios de identificación no deseados. Sin embargo, creo que esta amenaza es menor en los museos, ya que el contexto se proporciona de manera más completa. La mayoría de los museos en Alemania ya abordan este tema. El riesgo es mucho mayor cuando un objeto se encuentra en manos privadas y se exhibe sin contexto.

    Águila del Graf Spee. Foto: Alfredo Etchegaray

    ¿Vuelta al origen?

    La posibilidad de que el águila vuelva a su lugar de origen, y así terminar con la saga que hace casi dos décadas tiene a la reliquia en un limbo, fue objeto de conversaciones entre Huck y representantes del Gobierno Federal, que a su vez mencionaron la idea a contrapartes uruguayas en conversaciones extraoficiales.

    El Museo Naval de Wilhelmshaven, ubicado en la mayor base marina del país, tiene como misión presentar la historia marítima alemana de los últimos dos siglos, desde sus comienzos en el movimiento nacionalista del siglo XIX hasta el presente. Es un museo privado pero cuenta con el apoyo del Ministerio de Defensa y puede ser considerado, según su director, como “el museo naval ‘oficioso’ de Alemania”.

    “Debido a nuestra temática principal de representar la historia naval en su conjunto y al vínculo regional, de que el Graf Spee fue construido aquí en Wilhelmshaven, a la vista de lo que hoy es el museo, en los astilleros de la antigua base de la Marina de Guerra, es plausible que este objeto encuentre su lugar en nuestro museo”, dijo. En la actualidad, el museo está llevando a cabo una reorientación conceptual y una expansión. “En el marco de esta expansión, habrá una nueva exposición permanente donde este objeto, si se nos lo cediera, podría encajar adecuadamente. Dada su dimensión, este objeto no se puede colocar en cualquier vitrina disponible, sino que debería ser cuidadosamente inscrito en el espacio y presentado de manera adecuada. En efecto, considero que nuestro museo podría ser un lugar adecuado para esta águila, aunque no el único. Hay muchos museos excelentes, pero nos considero una opción viable”.

    —¿Ha recibido alguna oferta o contacto relacionado con este objeto?

    —Decir que hemos recibido una oferta sería exagerado. Bajo la administración anterior, mantuvimos conversaciones con el entonces secretario de Estado Parlamentario, doctor Peter Tauber, y expresamos nuestro interés. Pero ese es el estado de las conversaciones. No ha habido más avances desde entonces.

    —Le gustaría tenerlo, ¿verdad?

    —En términos generales, sí. Bajo las condiciones mencionadas, consideraría que nuestro museo sería un buen lugar para este objeto.

    —¿Existen movimientos que intenten evitar la exhibición de tales objetos o que se opongan a rescatar estos objetos del mar? ¿O existe consenso en que estos objetos deben ser exhibidos?

    —Esta pregunta no se puede responder de manera general. En efecto, hay voces que, en referencia al águila del Graf Spee, dicen que es mejor no mostrar el objeto para evitar que las personas vayan por razones incorrectas. Sin embargo, no consideraría estas voces como parte de un movimiento. Son opiniones individuales, al igual que la mía. Por otro lado, existe el debate sobre cómo abordar los restos de barcos hundidos. Si es apropiado o no recuperar partes de esos restos, especialmente si provienen de acciones bélicas. Aquí entran en juego dos aspectos. En primer lugar, las cuestiones de propiedad son relevantes. Por lo general, se trata de propiedad estatal o lo que aún es propiedad del Estado en la actualidad, lo que se sustrae a un saqueo privado. Y hay un segundo factor que suele pasar desapercibido, y es que a menudo, cuando se trata de restos que resultaron de acciones de guerra, también estamos hablando de tumbas marinas, lo que, naturalmente, también implica una perturbación del descanso de los difuntos. En mi opinión, es una objeción válida considerar si sería apropiado sacar cosas de tales restos a la superficie. Creo que la evaluación se debe realizar antes de la recuperación. Se debe considerar para qué se necesita el objeto y sopesar si esa recuperación justifica el gran esfuerzo. Y también existe un componente ético. ¿Qué queremos lograr con la recuperación? ¿Justifica tocar esos restos en primer lugar?

    Para el gobierno alemán, la respuesta es que hubieran preferido que el águila no se tocara, que se la dejara descansar junto al resto de las ruinas que terminaron en el fondo del mar aquel diciembre de fuego. Frente a la consulta de Búsqueda, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores recordaron que el Gobierno Federal se pronunció tempranamente en contra de la recuperación de partes de los restos del Graf Spee. Pero la historia tomó otro curso y el águila sigue esperando un destino. Las autoridades en Berlín aseguran que siguen el tema “con atención” y el sitio donde empezó toda esta historia, por las dudas, ya le está haciendo lugar.

    Información Nacional
    2023-08-10T00:00:00