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El exdirigente del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros acusado de traición, Héctor Amodio Pérez, declaró en un libro que luego de su detención en 1972 asesoró al entonces comandante del batallón Florida, Carlos Legnani, en negociaciones con los guerrilleros para deponer las armas.
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“Yo a (Ramón) Trabal (entonces jefe de la inteligencia militar) no lo conocía. Mi relación era con Legnani y con la gente del Florida; son ellos los que me cuentan de las negociaciones. Es más, Legnani me pide en ese momento que lo asesore, porque él, metido a negociar con el Ñato (Eleuterio Fernández Huidobro), con (Mauricio) Rosencof, se sentía disminuido, abrumado por la cantidad de argumentos políticos que ellos manejaban... Entonces me pide que lo asesore, y lo asesoro”, dijo Amodio al periodista Mauricio Almada, que lo entrevistó en el marco de una investigación para el libro La última cárcel del pueblo, que se presentó el jueves 6.
Legnani, que no aceptó una entrevista con el autor del libro, declaró sin embargo a Almada que estaba “orgulloso” de la captura de la “cárcel del pueblo” de la calle Juan Paullier 1192, donde estaban secuestrados el entonces presidente de UTE, Ulises Pereira Reverbel, y el banquero Carlos Frick Davis “sin disparar un tiro y sin derramar una gota de sangre” gracias a “trabajo de inteligencia”.
La “cárcel del pueblo”, considerada según Legnani “un bastión inexpugnable” de los tupamaros, fue tomada por el Florida en la madrugada del 27 de mayo de 1972 gracias al papel decisivo de Amodio, que ya entonces estaba colaborando con los militares, aunque los dirigentes de la organización y el responsable directo de la casa aún no lo sabían.
Fuentes del MLN dijeron a Búsqueda que las declaraciones de Amodio en las que reconoce que hizo bastante más que “ordenar los papeles” que los militares tenían acerca de la organización son “una novedad”, aunque a su vez restaron importancia al papel jugado por Legnani con los tupamaros, porque las negociaciones, al menos las más relevantes, se realizaban con oficiales de mayor jerarquía, como los generales Esteban Cristi y Gregorio Álvarez.