Igual que en Venezuela, el populismo, la ineptitud y la corrupción merman la producción petrolera argentina y ponen al país una vez más al borde del abismo financiero.
Igual que en Venezuela, el populismo, la ineptitud y la corrupción merman la producción petrolera argentina y ponen al país una vez más al borde del abismo financiero.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace 10 años, Argentina exportaba petróleo y gas natural. Chile y Uruguay eran dos de sus mercados. Luego dejó de exportar pues lo producido apenas alcanzaba para el consumo interno. Más tarde, debió comenzar a importar. Primero puntualmente, luego regularmente. Primero poco, después cada vez más. Pero los Kirchner se empecinaron en no permitir el aumento de las tarifas a pesar de la creciente inflación.
La política argentina en el plano de la energía se puede resumir en pocas palabras: el gobierno impulsó el consumo eléctrico al mismo tiempo que congeló las tarifas y no mejoró, ni mantuvo siquiera, la infraestructura necesaria.
Entre enero y agosto, el gobierno pagó 9.300 millones de dólares en importaciones de hidrocarburos. Todo un dato…
En el último año, los subsidios al sector energético y a los transportes representaron el 90% de todos los subsidios repartidos. Esta cifra debe compararse con otra de igual contundencia: el total del gasto en subsidios económicos representa hoy el 20% del presupuesto nacional. Y un tercer dato en el mismo sentido: la importación energética crece cada vez más, al mismo tiempo que la producción interna baja constantemente.
En medio de esta situación, Cristina Fernández confiscó la YPF, que estaba en manos de la española Repsol. La medida alegró a algunos sectores de menor entendimiento pero preocupó a quienes comprendieron que el gobierno se había metido en una celda, cerrado la puerta con llave y tirado la misma por la ventana.
YPF, hoy materialmente muy debilitada y con un juicio internacional en ciernes por la citada confiscación, es un paria en el mercado mundial de los hidrocarburos. La empresa no puede financiar ni siquiera el comienzo de los trabajos de prospección en los yacimientos de Vaca Muerta y necesita inversión extranjera. ¿Pero qué empresa internacional se aventura a iniciar una colaboración con YPF sabiendo que Repsol está justamente esperando este paso para comenzar las acciones legales?
La importación energética quema la menguante capacidad financiera del Estado. A este paso, las reservas del Banco Nación desaparecerán en un par de años. Las dificultades en este sentido se vieron en toda su magnitud cuando ni siquiera ofreciendo la oportunidad de blanquear dinero mediante una ley generosa se ingresaron dólares al país. Hoy, en Argentina, ¡ni los grupos mafiosos internacionales se animan a invertir sus haberes!
Ahora bien, ¿cómo hace un país como nuestro vecino, en la lupa de todos los organismos mundiales de financiación, desde el Club de París y el FMI hasta el Banco Mundial, para “encontrar” el dinero que le permita revertir todos estos procesos?
La necesidad de comprar votos le impide a Cristina Fernández blanquear la dramática situación del sector energético, recortar los subsidios y aumentar las tarifas. La táctica a seguir será pues la misma que se ha seguido hasta ahora: usar las menguantes reservas nacionales y aumentar la emisión monetaria para comprar los dólares necesarios para la importación de energía, con el consecuente impulso a una inflación que ya roza el 30% interanual.
Lo mismo se puede decir de la situación en el rubro transportes, caracterizado por una infraestructura obsoleta con reiteración de accidentes mortales y el mantenimiento de las tarifas ficticias mediante el aumento de los subsidios a las empresas. Eso es lo que sucede con el populismo, que en vez de cobrar precios económicos por los servicios prestados cobra precios políticos.
El usuario queda satisfecho, pero al Estado le resulta imposible pagar una masa creciente de subsidios. La emisión monetaria descontrolada que se hace para tapar los agujeros produce inflación y erosiona la capacidad adquisitiva de la ciudadanía, llevando los pobres la peor carga.
A la maraña de problemas internos se le suman el default con el Club de París, la sentencia negativa en el conflicto con los holdouts y el no cumplimiento de varios fallos de los tribunales internacionales. Acercándose a Irán, Argentina empeoró además sus posibilidades de obtener apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea.
Mientras tanto, la pobreza golpea al 25% de la población, siendo el hambre un problema crónico y tangible en las provincias del norte.
En un mundo tan distorsionado como el argentino, con una verdadera maraña de subsidios e impuestos, con una inflación tan alta (la segunda del continente luego de la venezolana), con un cepo cambiario que, entre otras cosas, ha ahogado la actividad empresarial y el mercado inmobiliario, con varios tipos de dólares y una catarata de intervenciones, prohibiciones, regulaciones, manipulaciones y presiones, ya nadie sabe dónde está parado ni en qué dirección se mueve ni cuáles son los datos que hay que tener en cuenta para hacer cálculos para el día a día.
¿Y el mañana? El mañana en Argentina pertenece al género de la ciencia ficción.
(*) El autor es doctor en Historia y escritor