“Hay un incremento de la rotación (del arroz) con la soja”, afirmó a Búsqueda el presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA), Alfredo Lago. Dijo además que normalmente la producción arrocera implica hacer una rotación y solamente hasta el 30% del área de un predio se destina a esa actividad, el 70% restante se utilizará en otros años para cultivar arroz con alguna otra producción. “Son campos ganaderos con un tercio de (su superficie de) arroz”, indicó.
Aclaró que “no es que las plantaciones de soja le estén sacando espacio al área utilizada para el arroz, pero sí alrededor de un 10% de los establecimientos con cultivos sojeros (están) retirando algo de la ganadería”.
Igualmente, el titular de la ACA resaltó que hay una mayor producción de carne en kilos por hectárea, en el entendido de la apuesta realizada por los empresarios del agro hacia una intensificación productiva.
Sobre los rastrojos que quedan de la soja cosechada se tiene la posibilidad de obtener “praderas de mejor calidad”, lo que incide en ese resultado de conseguir un aumento en la productividad cárnica, comentó.
Lo cierto es que el alza que se registró en los precios de prácticamente todos los productos agropecuarios en los años recientes, especialmente en 2021 y en este año, lleva a que el productor trate de combinar varios rubros en sus campos para sacarle el mayor provecho posible en cuanto a la rentabilidad. Pero para lograr ese objetivo hay varios factores a considerar, como las características de los suelos, el manejo agronómico requerido, la tecnología, la disponibilidad de recursos, como agua y tierra, además de los costos de los insumos.
Es que, así como hubo un incremento en los valores de la carne y de los granos, también sucedió algo similar en el sector de los fertilizantes y del herbicida de uso masivo, como lo es el glifosato.
Otro factor que pesa a la hora de hacer las cuentas en las empresas del agro es la incidencia de los costos de los fletes para el transporte de su producción, principalmente en las zonas más alejadas a los puertos de salida de las exportaciones.
Actualmente, el precio del ganado gordo sigue siendo atractivo para el productor, con el kilo de novillo a poco más de US$ 5, el de la vaca a US$ 4,7 y el de la vaquillona a US$ 4,9, según datos de la Asociación de Consignatarios de Ganado correspondientes a la semana del 21 al 28 de agosto. Esos valores son algo inferiores a los registrados en meses anteriores, pero se mantienen por encima de los precios históricos del ganado uruguayo.
En tanto que en la semana previa, del 14 al 20 de este mes, los precios fueron del novillo US$ 5,39, de la vaca US$ 4,8 y de la vaquillona US$ 5,1, conforme a los registros del Instituto Nacional de Carnes (Inac).
El conocimiento del agua
Lago también habló de la importancia del parque de maquinaria agrícola con la que cuenta el productor arrocero, lo que permite usarlo para producir soja sin la necesidad de realizar nuevas inversiones en equipos.
Los campos esteños se caracterizan por ser “bajos”, y “el productor arrocero es el único que puede plantar soja” en esos suelos, porque “tiene el conocimiento necesario, especialmente en el manejo del agua”, argumentó.
Acotó que es importante “saber cómo sacar el agua en exceso”, ya que “es muy perjudicial para la soja”.
Si bien hasta el momento los rendimientos productivos de ese cultivo, medidos en kilos por hectárea, han sido “muy dispares”, es posible alcanzar hasta 3.000 kilos, señaló.
El volumen de soja que en promedio se cosecha cada año en el campo uruguayo registró altibajos en los últimos 10 años, con rindes máximos históricos de 2.951 kilos por hectárea en la zafra 2015-2016 y otros de los más inferiores, de 1.214 kilos en la zafra siguiente, debido al impacto negativo del déficit hídrico, entre otros factores, según la Diea.
Lago se refirió además a que el 70% de los productores de arroz en Uruguay son arrendatarios de tierra y son los que están incursionando en este negocio de la soja. Eso “hace más sustentable la actividad” para el productor, valoró.
Estimó que “el área destinada a soja en el este es de unas 40.000 hectáreas sobre un total de 120.000 hectáreas de arroz”, pero “es probable que este año crezca” la extensión de las plantaciones de la oleaginosa.
La posibilidad de tener un precio definido a futuro por la soja es otro factor que juega a favor en la decisión de los productores, ya que en el caso del arroz se fija con base en negociaciones con los molinos arroceros, a través de dos etapas, un precio provisorio y otro definitivo.
El fenómeno de apostar a la soja en combinación con el cultivo de arroz no solamente se limita a los productores, pues alguna industria también está dedicada a la siembra del denominado oro verde.
Ese es el caso de la empresa arrocera Casarone, una de las principales firmas del sector que opera en los departamentos de Lavalleja, Cerro Largo y Artigas y tiene unas 20.000 hectáreas en propiedad, según consta en su sitio web. El rubro de mayor preponderancia para esa industria es la producción de arroz, con una exportación anual de unas 100.000 toneladas, además de contar con un rodeo de 10.000 cabezas de vacunos.
Algunos departamentos alejados del corazón agrícola del campo local, que comprende el litoral oeste, también cuentan con extensiones de cultivos sojeros, como los casos de Rocha, con 31.271 hectáreas, Cerro Largo, con 26.030 hectáreas, Treinta y Tres, con 24.555 hectáreas, y Lavalleja, con 6.778 hectáreas, indican los registros de la Diea.
Eso deja en evidencia que la oleaginosa no es un producto nuevo para esas zonas, pero sí representa un fenómeno relativamente novedoso en la modalidad combinada con el arroz y especialmente en los suelos bajos.
Atrás de esa movida también se trasladan empresas proveedoras de tecnología, genética y otros insumos, que hasta el momento no la tenían tan en cuenta como ahora.
Agro
2022-08-31T20:17:00
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