¿El resultado? Incierto, aunque con un “riesgo” de que el Parlamento finalmente no vote la Rendición de Cuentas como consecuencia de esa “enfermedad típica del país, que empeora cada vez más, que es la temprana campaña electoral”.
—¿De qué forma piensan elaborar la Rendición de Cuentas de este año, teniendo en cuenta su importancia?
—Esa especie de innovación presupuestal que instalamos, de fraccionar la propuesta en dos partes, se debió a la necesidad de seguir muy de cerca la evolución de la realidad y no planificar a cinco años sabiendo que estábamos en una situación de incertidumbre global, regional y vecinal. Ahora se trata de proponer la segunda parte de ese presupuesto que va a asumir técnicamente la forma de una Rendición de Cuentas. Desde el punto de vista del gasto, las prioridades se mantienen tal cual fueron definidas en el programa del Frente Amplio. Recuerdo fundamentalmente cuatro: educación en primer lugar, el sistema nacional de cuidados, que tiene que seguir avanzando, la seguridad pública y la vivienda, sobre todo la dirigida a los sectores más humildes. Eso se mantiene pero también se debe mantener la prudencia fiscal. El gran desafío es equilibrar el cumplimiento del programa con sus prioridades y la prudencia fiscal para cumplir con nuestra meta de mejorar un punto el resultado fiscal actual.
—¿Y cómo definirán el proyecto?
—La organización será la que hemos utilizado desde que estamos en el gobierno. El primer esbozo de la situación general lo hace el Ministerio de Economía, luego comienzan a participar los diferentes organismos del Estado y ahí van a empezar a haber contactos con el Frente Amplio y la bancada parlamentaria, para que vayan tomando conocimiento de los lineamientos generales y puedan participar. Luego iremos concretando la presentación definitiva ante el Parlamento. Con el presidente ya acordamos que vamos a tener contactos con el Frente Amplio y con las bancadas parlamentarias lo más temprano que podamos.
—¿La situación económica actual es mejor que la de 2015?
—Los indicios son positivos. En el segundo semestre de 2016 algunas tendencias comenzaron a cambiar positivamente. En primer lugar la inflación, que desde el punto de vista macroeconómico ha sido muy importante. En segundo lugar las cifras del mundo del trabajo, como empleo, desempleo y actividad, que también tuvieron una evolución positiva. Las exportaciones disminuyeron su ritmo de caída y en la actualidad han comenzado a mostrar signos de reversión. Los índices de confianza del consumidor y empresarial mejoraron muchísimo. Algunos precios, como el arroz, los productos lácteos y la soja, mejoraron bastante. Y hoy (jueves 12) nos dimos cuenta, porque se conocieron los datos ahora, que por primera vez en mucho tiempo creció el corazón de la industria manufacturera. Y cuando hablo del corazón dejo afuera a la refinería de Ancap, Montes del Plata, UPM, las más grandes. En suma, el segundo semestre fue mucho mejor que el primero.
—Algunos sectores del Frente Amplio están reclamando aumentar el gasto social mediante la suba de impuestos, como los previstos para las inversiones o los grandes capitales. ¿Qué responde a eso?
—Antes que nada anuncio que el presidente Vázquez comprometió una reunión con parlamentarios y representantes del Poder Ejecutivo para discutir propuestas de esa naturaleza. Eso se va a realizar en breve y va a ser una de las primeras actividades de tipo presupuestal que va a haber en contacto con la bancada parlamentaria. No sé lo que se va a plantear allí. Pero no voy a tomar como base de discusión los comentarios de prensa así que quiero esperar a las propuestas concretas. Lo que sí digo es que Uruguay tiene que cuidar muchísimo su clima de inversiones. Lo tiene que hacer porque en la vida se conoce solo un camino para aumentar la producción: la inversión. El aumento de la producción es el elemento crucial a tener en cuenta para ensayar un cumplimiento riguroso del programa del Frente Amplio. Ese programa se financia con actividad, con producción, con trabajo.
—¿Los cambios tributarios propuestos perjudican el clima de inversiones?
—Es que no sé qué es lo que se va a proponer. No me gustaría adelantarme. Lo que sí creo es que las decisiones deberían tomarse con mucho cuidado para preservar el clima de inversión, que es muy importante. Y estoy hablando de toda la inversión, la inversión nacional pública y privada y también la del exterior.
—Algunos dirigentes políticos se quejan porque dicen que Uruguay trata mejor a los inversores extranjeros que a los nacionales…
—Eso es un profundo error. Los nacionales tienen los mismos estímulos que los extranjeros. Uruguay no apuesta solo a la inversión del exterior, apuesta a toda la inversión y trata igual a todos.
—Usted mencionó que hay reuniones previstas con la bancada del Frente Amplio. ¿Pero no habrá encuentros con la oposición, teniendo en cuenta que el Frente Amplio perdió la mayoría parlamentaria en la Cámara de Diputados?
—Sí. Tenemos que conversar con todo el Parlamento y así lo promoveremos. La realidad indica que hay que estar abiertos a conversar, a intentar convencer y dispuestos a enriquecer nuestras propuestas con otras. Y no estoy diciendo esto ahora porque no tenemos la mayoría parlamentaria. Siempre pensé lo mismo.
—Sin embargo, en las anteriores instancias no hubo reuniones con la oposición…
—Es cierto. Pero no porque yo no quisiera. Siempre pensé y defendí lo mismo. Lo que pasa es que ahora hay más posibilidades de que eso ocurra por la nueva realidad política. A veces, cuando uno tiene asegurada la mayoría parlamentaria tiende a preocuparse poco por lo que piensan los demás.
—Entonces no es una mala noticia haber perdido la mayoría parlamentaria…
—Es una mala noticia sí. Ojala pudiéramos tener la mayoría parlamentaria y escuchar a los demás también. Pero está bravo escuchar a los demás hoy en día porque no veo con mucho fundamento conceptual el debate con la oposición. No he visto propuestas programáticas alternativas al rumbo que tiene el gobierno. He visto algunos instrumentos que se plantean y en algunos de ellos ha habido acuerdos entre el gobierno y la oposición, pero son la excepción. Un ejemplo de eso es lo que ocurrió con el tema de la seguridad.
—¿Fue una buena idea la de fraccionar el presupuesto, teniendo en cuenta la realidad política de hoy en el Parlamento?
—Pero hoy tenemos muchos más elementos de juicio que los que podríamos haber tenido en 2015. Va a ser más trabajosa la aprobación en el Parlamento, sin duda. Haber perdido la mayoría parlamentaria tiene su lado malo muy claro pero tiene un lado bueno que hay que encontrárselo. El lado bueno es que obliga a buscar más, a ser más cuidadoso, a tener en cuenta puntos de vista distintos. Pero eso exige de la otra parte una vocación no de hacer política menor sino de comprometerse con un camino que le haga bien al país. Acá estamos sufriendo una enfermedad típica del país, que empeora cada vez más, que es la temprana campaña electoral. Eso es incompatible con el aporte con mentalidad de Estado. Por lo general, las propuestas que son buenas electoralmente son contradictorias con los intereses nacionales. Por eso aquello de la ética de la responsabilidad en lo que insistía Seregni. En la oposición es difícil profesar la ética de la responsabilidad, es más tentadora la llamada ética de los principios.
—¿Usted sostiene que la oposición no tiene “ética de la responsabilidad”?
—Ética de la responsabilidad tenemos que tener todos. Los primeros, los responsables del gobierno. Y naturalmente, la oposición. Todo el sistema político debería tenerla o priorizarla. Por eso creo que es tan grande el daño de la temprana campaña electoral. En todo el sistema electoral hay una fiebre electoral cada vez más temprana. Este gobierno empezó en 2015 y en 2016 ya estábamos discutiendo de candidatos.
—¿Esa “fiebre electoral” puede generar que no se vote la Rendición de Cuentas de este año?
—Es un riesgo que preocupa. Espero que eso no ocurra, que seamos todos responsables, empezando por casa.
—En referencia a la “casa” del Frente Amplio, en una entrevista con Búsqueda antes de que se iniciara el actual gobierno, anunció que habría un diálogo muy fluido entre Vázquez, Mujica y usted para resolver todos los temas importantes. ¿Por qué no ocurre eso?
—No estoy tan seguro de que no hayamos estado en contacto, aunque solo fue en los temas más relevantes.
—Pero no se reúnen desde antes de las últimas elecciones nacionales…
—Soy consciente de que podríamos haber tenido un trabajo más estrecho y continuo. En la aprobación del Presupuesto primero y la Rendición de Cuentas después hubo una conexión importante que posibilitó los acuerdos a los que se llegaron. Pero mirándolo a futuro siempre estamos a tiempo de aumentar el diálogo y volver a reunirnos y presumo que eso va a ser así a medida que vaya avanzando este período de gobierno.
—¿Cuándo se puede concretar esa reunión?
—Este año es el fundamental. Quizá sea el principal año del gobierno, así lo indica la historia del Uruguay. Es el principal para definir cosas que se vienen gestando y para alcanzar objetivos que al año siguiente van a ser muy difíciles de cumplir por la fiebre electoral. Eso nos va a plantear un desafío de trabajar juntos a los tres. Estoy convencido de que no va a haber dificultades y que tanto Tabaré Vázquez como José Mujica van a estar de acuerdo con seguir este camino. Obviamente, el presidente tiene una iniciativa especial por ser el presidente y hay que reconocerle su papel al respecto. Pero no tengo dudas que ellos comparten lo que digo y que la disposición va a ser positiva.
—¿Cree que los tratados de libre comercio (TLC) siguen siendo un buen instrumento?
—Sí. Cada tratado hay que analizarlo por su contenido, pero lo más importante de todo es el concepto en el que se enmarcan, que es el concepto de apertura. Sin apertura, Uruguay no tiene futuro como país. Uruguay comenzó a ser viable como país cuando empezó a crecer en su inserción internacional, cuando empezó a diversificarse, a diferenciarse, a tener identidad. Es en ese rumbo en el que se enmarcan los tratados de libre comercio. Para un país como Uruguay, con un gran potencial interno, es fundamental disponer de tratados con preferencias arancelarias que le permitan competir mejor.
—En la primera administración de Vázquez el gobierno dejó pasar el “tren” y no firmó un TLC con Estados Unidos. ¿Fue un error?
—No, con el diario del lunes digo que no. En el momento en el que se tomó la decisión hubo razones de peso para no hacer el tratado. Muchas veces se ha hecho alusión a que sectores del Frente se oponían y por tanto constituyeron un obstáculo fundamental, lo cual es cierto. Pero se omite señalar que en Estados Unidos las condiciones no eran buenas para firmar ese tratado. Había una gran oposición demócrata en ese momento, en la Cámara de Representantes, y al mismo tiempo, nos propusieron un tratado, con el formato tipo Perú que a Uruguay no le resultaba totalmente conveniente.
—El viernes 20 asume Donald Trump la Presidencia de Estados Unidos. ¿Está interesado en reflotar la negociación por un TLC con ese país?
—Si se diera la posibilidad, creo que hay que conversar con todo el mundo. Hay que abrirse a la negociación con todos, incluido Estados Unidos, por las razones que ya expuse.
—El presidente Vázquez planteó que su objetivo es firmar un TLC con China en 2018. ¿Es posible?
—Empiezo por decir que deseo fervientemente que se haga el tratado. Hoy estamos entrando al mercado chino con productos como soja y celulosa, pagando un arancel que no pagan competidores nuestros. Por eso es absolutamente conveniente que haya un tratado de libre comercio con China, naturalmente mirando su contenido. Tenemos que recorrer un camino trabajoso porque tenemos algunos obstáculos en el Mercosur que hay que ver cómo superamos.
—¿Cómo se puede hacer?
—Hay que ver qué condiciones se pueden negociar no solo con China, sino también con nuestros socios del Mercosur para poder firmar el tratado. Eso puede querer decir dos cosas: o que acordemos con Brasil algunas condiciones de acceso de la producción China a la región o que negociemos con Brasil —y si es necesario con Argentina— condiciones de flexibilidad tales que podamos acordar con China y seguir formando parte del Mercosur.
—¿Romper con el Mercosur para firmar un TLC con China no es una posibilidad?
—No, sería un error garrafal. Uno a veces se enoja con la situación que tiene el Mercosur. Pasamos por épocas buenas, pasamos por épocas malas, la actual es muy mala, no recuerdo otra peor.
—¿No fue peor cuando gobernaban los Kirchner en Argentina?
—Tenemos a Venezuela autoexcluida de toda la negociación con Europa, que es prioritaria. Estamos en un momento de crisis importantísimo, no recuerdo otro peor. A pesar de eso, sería un error garrafal irse del Mercosur.
—¿Los cambios de gobierno en Brasil y Argentina no han favorecido la integración regional?
—(Pausa larga) No me atrevería a decirlo. Creo que el gobierno de Argentina desde el punto de vista de la integración regional arrancó muy bien. Eliminó o disminuyó las licencias previas para las importaciones, abatió una cantidad de subsidios que implicaban desestímulos a las producciones de sus socios, eliminó el cepo cambiario. Ahora parece haber cambios que naturalmente no estoy en condiciones de evaluar, pero habrá que seguir analizando y sopesando y ver qué efectos pueden tener sobre la integración regional. Brasil hasta ahora no ha tomado medidas que la perjudiquen directamente. Es importante ver cómo Brasil trabaja lo que son para mí algunas cosas clave de la integración como es la negociación con Europa. Otra es su actitud respecto a un posible acuerdo de Uruguay con China y la flexibilidad que le puede imprimir a la región dada la importancia y el peso que tiene Brasil. Paraguay tiene una actitud respecto a la integración muy parecida a Uruguay y Venezuela tiene todos los problemas que todos conocemos.
—En enero rigen aumentos de tarifas y el ajuste fiscal. En la entrevista publicada en el número anterior de Búsqueda, el diputado José Carlos Mahía habló de cierto descontento de votantes del Frente Amplio. ¿Comparte que existe un desgaste al respecto?
—Que hay frenteamplistas descontentos no lo puedo negar, se expresan públicamente y están en todo su derecho. Y creo que es buena cosa que hagan saber sus discrepancias porque eso nos obliga a nosotros a examinar lo que estamos haciendo, ver si tenemos que mejorarlo. La propuesta impositiva que contiene la Rendición de Cuentas que entra en vigencia es una necesidad del país por razones fiscales. Tratamos de equilibrar el cuidado fiscal con el hecho de que ese no fuera un ajuste muy importante que significara un impacto grave sobre la población. Consideramos que es una medida cautelosa, sumamente cuidadosa, que evita golpes importantes en la mayoría de la población. Y además tiene rebaja de impuestos: este año habrá cuatro puntos menos de IVA para los pagos electrónicos. Ahora, hay gente descontenta, sin duda. No me atrevo a medirlos en porcentaje, solo sé que un 80% largo de la población no se va a ver afectada por los cambios impositivos, al contrario, va a verse beneficiada.
—¿Asume que esto puede tener un costo político electoral para usted?
—Hay que ponerles el pecho a las balas. Si hay que hacer cosas que generan descontento pero el país las necesita, hay que hacerlas. También es cierto que el descontento es importante considerarlo para ver si uno le está errando feo. En cuanto a las tarifas ya me he expresado: son precios públicos que tienen que tener en cuenta las situaciones de las empresas pero también las condiciones del país, por ejemplo su impacto fiscal y el impacto inflacionario. En este caso la propuesta también fue cautelosa, es una propuesta necesaria para el país, porque no estamos para generar enojos y descontentos, estamos para hacer lo que necesita el Uruguay.