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    Astori dice que se siente “más cerca” de Vázquez y que su sector político se mantuvo en el gabinete de Mujica por responsabilidad

    Habla con entusiasmo del viejo edificio ubicado en la esquina de las calles Colonia y Paraguay. Relata su historia como un anfitrión orgulloso del lugar que eligió para pasar la mayoría de su tiempo. Cuenta que era un centro de espectáculos casi tan importante como el Teatro Solís y que todavía conserva lugares que evidencian el esplendor de aquella época. Danilo Astori se siente en el Ministerio de Economía como en su casa.

    Tiene motivos. Es quien más ocupó ese cargo desde el retorno de la democracia en 1985 hasta la actualidad. Y se siente muy cómodo al hacerlo, mucho más que cuando se desempeñaba como vicepresidente durante el anterior período de gobierno.

    Con ese talante recibió a Búsqueda en su despacho para hablar de su rol en las tres administraciones del Frente Amplio. Que fue y es protagónico está fuera de discusión y cree que eso responde a que su fuerza política “cambió mucho en su concepción de política económica, como partido” y que “el tener que enfrentar la responsabilidad de gobernar fue decisivo”.

    Pero Astori también considera que, por más que durante los tres períodos hubo una “continuidad” en la política económica, en el encabezado por José Mujica el manejo “no fue tan fluido” y se registraron “diferencias” internas importantes.

    “Me siento más cerca de (el presidente Tabaré) Vázquez que de Mujica”, respondió Astori al ser consultado sobre con cuál de los dos presidentes que tuvo el Frente Amplio profesa una mayor sintonía.

    Reveló además que su sector político, el Frente Líber Seregni, resolvió mantenerse en el gabinete de Mujica por responsabilidad y porque consideraron que “la solución no era irse” sino “intentar corregir algunos procesos y situaciones”, aunque “la realidad” indicó que no pudieron hacerlo.

    Astori opinó que América Latina atraviesa por “una época en la que la disconformidad y el descontento se han extendido” y por “tiempos de cambio político” y que Uruguay no es ajeno a esa situación. “Hay gente descontenta y hay que prestar oídos muy atentos a esa disconformidad”, reclamó.

    —¿Cuál era la situación económica cuando asumió como ministro en 2005?

    —La definiría como una situación muy compleja en la que había aspectos positivos y aspectos muy negativos. El país ya había tocado fondo y había una especie de efecto rebote. Entre los negativos: la crisis del sistema bancario y de la deuda dejaron secuelas importantes. Los caminos que eligió Uruguay para encarar esa crisis financiera fueron buenos. El problema, justamente, era que quedaba la deuda y al mismo tiempo un sistema financiero prácticamente sin mecanismos de supervisión y regulación. Esa ausencia en gran medida fue la explicación de la crisis bancaria que hubo en el 2002. Fue una situación compleja con repercusiones sociales, laborales y de pobreza que todos recordamos. Uruguay en 2005 era el segundo deudor más importante del mundo del Fondo Monetario (en relación a su tamaño, a su producción y a su participación en ese organismo), luego de Turquía. Era una situación complicada y eso fue lo que recibimos para empezar a trabajar.

    —La puesta en marcha del programa de gobierno del Frente Amplio era una novedad para la historia del país. Muchas de las medidas fueron reformas importantes. ¿Se sintió respaldado por su fuerza política en el ejercicio de su cargo como ministro?

    —Totalmente. Paradojalmente, las discusiones más importantes vinieron después. Pero en el arranque, el apoyo partidario fue total. Diría sin fisuras. Y había que hacer cosas importantes y se hicieron.

    —El inicio del gobierno estuvo pautado por la crisis de Cofac.

    —Es un buen recuerdo ese, porque ilustra lo que decía recién. Heredamos un sistema financiero prácticamente sin control. El tema de Cofac lo tratamos con (Tabaré) Vázquez en los días previos a la asunción. Sacamos una conclusión: el país no va a seguir financiando crisis bancarias como en el pasado. Y lo pusimos en práctica. Uruguay venía de una larga historia de salvatajes financieros pagados con recursos de la población. El primer eslabón de revisión de esa cadena fue Cofac. Pero también había que tomar medidas de emergencia con temas sociales, la pobreza, el desempleo. Y había que renegociar la deuda porque no estábamos en condiciones de pagar. Al mismo tiempo no queríamos incumplir con los compromisos asumidos. Y fue una negociación que salió bien porque dos años después estábamos cancelando toda la deuda con el Fondo Monetario.

    —Mencionaba que las fisuras dentro del Frente Amplio comenzaron luego de iniciado el gobierno. ¿En qué momento?

    —No diría fisuras. Quizás diferencias de opinión, algunas discrepancias. Pero demoraron bastante en llegar. Había una gran comunión y una gran identificación del Frente Amplio con el gobierno. Por otra parte, recordemos que el gabinete estaba integrado por todos los líderes sectoriales del Frente Amplio. No había nadie afuera.

    —¿Fue el mejor gabinete de los tres gobiernos?

    —No me atrevería a decir eso. Todos los gabinetes acompañaron los objetivos del gobierno y cumplieron su papel. No quiero hacer comparaciones. Lo que sí digo es que políticamente tuvieron significados distintos. Aquellos ministros del primer gobierno —entre los que me cuento— jugaron un papel además de gobernantes, de líderes políticos. Ese papel de gobierno y al mismo tiempo de conducción política, realmente tuvo una eficacia importante.

    —En una entrevista que le realizamos en aquel primer gobierno, usted decía que si el Frente Amplio gobernaba un solo período sería “un fracaso”. ¿En ese momento ya hacían una planificación a largo plazo?

    —Sin ninguna duda. Lo primero era la urgencia, la emergencia. No podíamos pasar sin establecer un plan para asistir a la gente que estaba sufriendo más. Pero además se planificaron y pusieron en práctica no menos de 11 reformas de fondo de tipo estructural que significaron una estrategia de largo plazo. La reforma tributaria, la del plano laboral, la del sistema de salud, las políticas de vivienda, el nuevo sistema financiero, los cambios en la inserción externa —que le trajo al país una presencia internacional muy importante­—, los cambios en el funcionamiento de los mercados, la ley concursal, los mecanismos de regulación y defensa de la competencia, la gestión y la administración profesional de la deuda y la reforma en la Aduana. Todas ellas son un conjunto de piezas que componían, no solo un cambio muy profundo, sino una visión de mediano y largo plazo.

    —¿Comparte el análisis de muchos economistas referido a que se mantuvo la misma línea económica seguida por los gobiernos blancos y colorados?

    —Tengo la más profunda de las discrepancias con esa afirmación, que tiene un margen de aplicación muy pequeño. Se refiere a la puesta en práctica de algunos de los instrumentos de la política económica. No tiene nada que ver con esta visión estructural de la política económica que estoy transmitiendo. Que me digan que nuestra política económica es igual a la de los partidos fundacionales porque unos y otros decimos que hay que tener equilibrio fiscal, es algo que no puedo compartir. La política económica es mucho más que los instrumentos.

    —¿Cree que su sector político —Asamblea Uruguay primero y el Frente Líber Seregni después— triunfó con sus ideas de política económica en el Frente Amplio?

    —El Frente Amplio cambió mucho en su concepción de política económica, como partido. Nosotros jugamos un papel importante, sin duda. La llegada al poder y el tener que enfrentar la responsabilidad de gobernar también fueron decisivos para que el Frente modernizara y renovara su pensamiento en materia de política económica. Los cambios en la realidad no pueden ser compatibles con un discurso que no cambia. El que quiere cambiar la realidad tiene que empezar por conocerla. Una cosa es estar en la oposición y adoptar una posición crítica permanente y otra cosa es sentarse acá y empezar a pensar en las medidas a tomar para obtener ciertos objetivos. La llegada a esta responsabilidad le hizo notablemente bien al Frente Amplio.

    —Durante el segundo gobierno del Frente Amplio se habló de dos equipos económicos trabajando en paralelo. ¿Hay diferencias entre las tres administraciones o el rumbo siempre fue el mismo?

    —En el segundo gobierno se abordaron temas que no estuvieron en el primero. No me refiero a asuntos exclusivamente económicos sino, por ejemplo, a la agenda de derechos. En política económica la orientación fundamental también se mantuvo. Equipo económico hubo uno solo, pero ya con algunas diferencias importantes respecto al período anterior. En lo que me es personal, mi investidura institucional no me permitía jugar otro papel que el que tenía asignado por la ciudadanía: la vicepresidencia de la República. Pero compañeros míos del primer gobierno fueron fundamentales. Fernando Lorenzo y Mario Bergara principalmente pero también un conjunto de profesionales, que algunos de ellos aún están trabajando. Eso le da continuidad al proceso. Pero es cierto que ocurrieron cosas como que en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) se proponían criterios y objetivos de trabajo que no coincidían con nuestra conducción. Quizás eso es lo que explica, entre otras cosas, nuestras diferencias con el manejo de las empresas públicas. También es cierto que Lorenzo tuvo aquí tres subsecretarios que no compartían nuestro enfoque de política económica. ¡Y eran viceministros! ¡Y estaban acá! (golpea la mesa de su despacho). No fue igual. No fue tan fluido el segundo período desde el punto de vista de la política económica.

    —¿Considera que esa situación fue la que originó algunos desajustes en la economía?

    —Sin duda. Por eso uno de los principales objetivos que pusimos en práctica desde los primeros dos o tres meses del actual gobierno fue encarar esa realidad y procurar redondear el trabajo en materia de inversiones y costos operativos. Cuando hablo del rumbo y la orientación, hablo del crecimiento inclusivo, de la apertura de la economía, de la apuesta a la calidad. Esas características estratégicas no estuvieron nunca en peligro en el segundo mandato. El rumbo no estuvo en juego. Hubo diferentes criterios para encarar temas muy importantes. El ejemplo más notorio fue el manejo de las empresas públicas.

    —Si estaban esas diferencias y dificultades, ¿por qué su sector político se mantuvo en el gobierno?

    —Es una pregunta relevante y admito que es un tema de discusión. La respuesta es porque nos sentimos responsables de mantenernos. Porque nos pareció que la solución no era irse. Seguir en todo caso discutiendo y tratando de, convencidos, hacer triunfar nuestro criterio. Optamos por ese camino.

    —¿Se siente responsable de lo que pasó, por ejemplo con los desajustes en las empresas públicas?

    —Yo hice lo posible junto con Fernando (Lorenzo) por intentar corregir algunos procesos y situaciones con los que no estábamos de acuerdo. Lo planteamos en el Consejo de Ministros. La realidad nos indicó que no pudimos avanzar mucho. Con el entonces presidente Mujica hablamos muchas veces sobre esto.

    —Desde el punto de vista ideológico, ¿se siente más cercano a Vázquez o a Mujica?

    —Si vamos a las ideas más abstractas y generales, lo que se llama los valores superiores: la libertad, la democracia, la justicia, creo que los tres coincidimos mucho. No tenemos diferencias sustanciales desde ese punto de vista. Las diferencias se perciben cuando ingresamos en una definición más específica. Por ejemplo, me siento más identificado con el talante de fortaleza institucional de Vázquez y también con el talante republicano de la democracia según el actual presidente. Si llegamos a ese nivel de definición, me siento más cerca de Vázquez que de Mujica.

    —Ambos mostraron formas de gobernar muy diferentes…

    —Sí. Y en eso también me siento más cercano a Vázquez, que además de su fortaleza institucional, le da mucha importancia al ordenamiento metodológico que puede tener la toma de una decisión.

    —Representantes de la oposición han señalado que no era necesaria la suba de impuestos. ¿Para usted era imprescindible esa decisión adoptada en la última Rendición de Cuentas?

    —Sí. No podíamos evitarlo. Anunciamos que no íbamos a aumentar los impuestos y estábamos convencidos de que era posible. Pero estoy hablando de la campaña electoral, a fines de 2014. No queríamos hacerlo, pero la verdad es que la realidad cambió, y cambió en una medida e intensidad que no esperábamos. Toda la primera mitad de 2015 fue un empeoramiento constante de las condiciones internacionales. Pero luego vino lo peor, y fue la región. No solo pienso en Brasil y Argentina, también en Venezuela. La caída de nuestro comercio con Venezuela fue de 50% y tuvo un impacto tremendo sobre áreas vitales. No tuvimos más remedio que apelar al aumento de los ingresos mediante el sistema tributario que tenemos en vigencia. Por eso decidimos actuar en los impuestos a la renta personal, y no en impuestos al capital, o al patrimonio.

    —En Uruguay el ajuste fiscal tiene connotaciones muy negativas. ¿Por eso decidieron utilizar la palabra “consolidación”?

    —Hay dos razones por las que hablamos de consolidación y no de ajuste. La primera por la negativa: porque la palabra ajuste tiene una connotación de corrección fiscal que no compartimos. El ajuste fiscal nace con las modificaciones mucho más profundas que hacen el Partido Nacional y el Partido Colorado antes de la llegada del Frente Amplio al gobierno. Son ajustes que cuadriplican o quintuplican la magnitud de la corrección que hace ahora el Frente, medida en términos de puntos del PBI. Y la segunda razón es por la positiva: la consolidación está usada porque queremos que el equilibrio fiscal sea sostenido en el tiempo. No queremos hacer un ajuste hoy y apostar a otro ajuste en el futuro.

    —¿Lo que ocurrió con los casos de corrupción en Brasil puede afectar de alguna forma a Uruguay?

    —Separemos dos cosas. Si la pregunta refiere a la repercusión que la situación brasileña tiene sobre la economía uruguaya, la respuesta es sí. Porque uno de los deterioros imprevistos más grandes que hemos tenidos es el que se originó en Brasil. Si la pregunta viene por el lado de si aquellos aparatos de corrupción pueden transmitirse de alguna manera, o contaminar el Uruguay, la respuesta es no. A Uruguay lo veo con valores muy firmes desde ese punto de vista.

    —¿Percibe un corrimiento en los gobiernos de la región hacia la derecha?

    —Sin poner etiquetas, lo que percibo es que en varios países hay un descontento con los gobiernos existentes hasta ahora y las consiguientes acciones de cambio para intentar otras experiencias. En algunos ya se produjeron esos cambios a través de elecciones. En otros se intenta hacerlos. Pero estamos viviendo una época en la que la disconformidad y el descontento se han extendido. Son tiempos de cambio político en América Latina.

    —¿Observa ese mismo fenómeno en Uruguay?

    —Sí. Hay gente descontenta y hay que prestar oídos muy atentos a esa disconformidad para invertirla y pasarla a un factor positivo, que ayude a corregir caminos y errores. Hay que hacer una autocrítica, que es absolutamente fundamental. Uruguay no es una excepción a esa realidad. Y obviamente el gobierno actual tendrá que esforzarse para encarar esa situación y mejorar.

    —¿Está en juego la permanencia del Frente Amplio en el poder?

    —Confío en que el Frente va a poder encarar esa realidad y está en condiciones de retener el gobierno. Ha acumulado una experiencia invalorable en muchos aspectos de la realidad nacional. Tengo una visión positiva sobre el futuro. Además, creo que algunas cosas van a ir mejorando. Por ejemplo, la realidad económica, que no es menor. Ya hay algunos indicios en ese sentido.

    —¿Será candidato presidencial en las próximas elecciones?

    —No tengo la más mínima idea. Quiero seguir trabajando en política. Y quiero seguir, en la medida de lo posible, contribuyendo a las necesidades de mi país. No quiero entrar hoy en una carrera que me parece absolutamente apresurada y desubicada por candidaturas.

    —¿Pero no cree que debería ser una preocupación empezar a evaluar posibles nombres?

    —No, no lo creo. Por eso personalmente no quiero sumarme a la carrera. Deberíamos estar trabajando para tratar de ser cada vez mejores. El futuro va a decir qué lugar nos toca a cada uno. Por eso digo que no tengo la más mínima idea de dónde voy a estar. Solo que quiero estar.

    Información Nacional
    2016-10-06T00:00:00

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