El presidente de Argentina, Alberto Fernández, es “un enfermo con diabetes, problemas cardíacos, que está mal del riñón” e internado. Solo falta un “virus hospitalario” para que el momento crítico derive en una crisis institucional, como las que vivió ese país en su pasado reciente. El analista político Sergio Berensztein duda sobre el futuro del mandatario y si llegará a diciembre de 2023, cuando se cumplirán los cuatro años de gobierno. Si lo hace, cree probable que le entregue el bastón presidencial a un candidato de Juntos por el Cambio, la actual oposición argentina que aún no tiene perfilado un único postulante. Según Berensztein, ese escenario político “fue frenando” la llegada de un flujo de empresarios argentinos que se comenzaron a mudar a Uruguay en los primeros meses del gobierno de Fernández, “cuando mostró que no tenía posibilidad de desarrollar una agenda independiente”. Pese a ese freno, sostiene que siguen viendo el país como la “primera opción” para migrar, si bien los altos costos hacen que no “sea fácil” ganar dinero. “Ahí tiene que trabajar Uruguay”, opinó en entrevista con Búsqueda en el marco de una visita a Montevideo para disertar sobre el contexto internacional en un evento organizado por la Cámara de Comercio de Uruguay-Estados Unidos.
—¿Entonces China deja de tener la relevancia que tenía antes?
—No, al contrario. En la práctica sigue siendo tu principal cliente. Porque estamos hablando de una reconversión que va a llevar tiempo, pero las condiciones están. Yo miraría eso en Uruguay, más que hacer o no acuerdos de libre comercio con clientes que son fundamentales. Uruguay tiene una agenda de reformas por delante rigurosa para mejorar la infraestructura, los costos de la energía y el costo laboral. En términos reales Uruguay no está barato y hay cosas para hacer que no son sencillas.
—En general los extranjeros lo primero que destacan de Uruguay son sus reglas “claras” y no los desafíos que usted plantea.
—Eso te sirve, pero no te va a sacar de la dinámica de hoy. Te podrá beneficiar porque hay problemas en Chile y en Colombia. Te beneficiás porque sos el mejor del barrio y los argentinos vienen a Uruguay. ¿Pero es eso lo que te va a dar el salto al desarrollo? Creo que no. No podés abandonar lo viejo porque no te va mal. Uruguay tiene las mejores calificaciones en la región. ¿Pero no te va mal porque hiciste las cosas muy bien o porque los demás son un desastre? La segunda opción. Ojo con eso. En este vecindario ser el primero tampoco quiere decir demasiado.

"El poder está débil porque Alberto está mal en los números, la economía no lo ayuda y la pelea política interna en el Frente de Todos podría ser el disparador. Tener a Cristina enfrente no es fácil; como opositora es durísima. ¿Cuál es el hecho en sí mismo que lo disparará? No sé, pero veo una dinámica muy inestable"
—¿Se está concretando la llegada de argentinos a Uruguay?
—Al comienzo del gobierno de Alberto Fernández, sobre todo cuando mostró que no tenía posibilidad de desarrollar una agenda independiente, autónoma y más moderada, muchos que ya tenían interés (en Uruguay) se volcaron. Ese flujo se fue frenando porque la expectativa, en un contexto en el que ganan las oposiciones, es que haya un cambio de gobierno en 2023. Muchos, incluso los que están acá, están diciendo que a partir de 2023 van a ir y venir. Están arbitrando en función de potenciales cambios en el contexto político interno en Argentina. Quedó claro que en la mentalidad del empresario argentino Uruguay es la primera opción, cosa que no ocurría antes. Antes (pensaban) en Europa, Estados Unidos, la comunidad judía de Israel, México. Hoy ya nadie duda de que es la primera opción. Es un dato de los últimos años.
—¿Es a causa del kirchnerismo? Porque hubo otros gobiernos, como el de Macri, que tampoco tuvieron buenos resultados en algunos indicadores.
—No, al contrario. Fue una gran decepción y muchos empresarios no quieren a Macri y no solo tiene resistencia entre sectores de centroizquierda. Tiene que ver con cosas que hizo la Argentina y con cosas que hizo Uruguay también, porque pasó el test de que un gobierno de centroizquierda no implica amenazas a los derechos de propiedad. Lo que sí escuché es que la gente que está en el campo dice que en Argentina pagan retenciones, que no hay gasoil, pero ganan más plata, curiosamente. Porque los costos acá no son menores. Los tipos miran los números, les encanta venir acá, estar tranquilos, pero no es que sea fácil ganar la guita. Y se quejan de los costos de mano de obra, de la infraestructura, del costo de la energía. Ahí tiene que trabajar Uruguay.
—¿Javier Milei puede ganar las elecciones en 2023?
—Es muy interesante lo que está pasando. Lo conozco mucho, tengo simpatía y es muy inteligente. En Argentina el sistema, que funciona mal, es muy resiliente. Tanto las reglas electorales formales como las informales les dan privilegios a los que están dentro del sistema, aun a la oposición. Precisás una maquinaria electoral enorme, de 90.000 fiscales, para que el día de la elección te cuenten los votos. Y durante la elección para que no te roben la boleta. La norma es que si no tenés fiscal, se reparten los votos tuyos entre los que sí tienen fiscal. No es igual en todos los distritos. Entonces, ¿cómo hace Milei sin una fuerza política establecida para construir ese aparato de fiscalización? Es muy difícil y caro. Como la representación es proporcional podés meter un diputado o dos, pero vas al Congreso y te lo compran. Es muy difícil sostener una disciplina política si no hay una tradición partidaria.
—Hace algunos meses las encuestas lo daban con chances reales de ser presidente.
—Cayó mucho en los últimos dos meses porque cometió errores. Es un tipo que piensa teórica y filosóficamente y aplica sus ideas a todo. Algunas cosas son sensatas y en otras mete la pata, como en la venta de órganos. Dice que el mercado soluciona todo y como el mercado es mejor que el Estado debería funcionar. Un día tuve una discusión por la regulación de los servicios públicos. Le pregunté quién regula los monopolios naturales, si el Estado tiene que meterse. ¿Vas a tener dos caños de agua compitiendo? No hay competencia perfecta, tenés que regular. Esas cosas llevadas al extremo no sirven. Él va a tener una curva de aprendizaje, como todos los candidatos, después de chocar con las paredes. Como es inteligente, va a terminar con un discurso más sutil.
—Entonces Milei 2023 no, ¿pero más adelante sí?
—Por ahora la corre de atrás. Tuvo repercusión, generó mucho interés sobre todo en los chicos más jóvenes. Una cosa es que tenga un discurso antisistema, pero él no está diciendo que el sistema democrático es una porquería. No es un tipo de derecha.
—Se puede considerar que tiene discursos de derecha.
—Lo que no me gusta es la cuestión de las armas. Ahí aplica teorías. Es un tipo muy culto y muy leído, mucho más que el promedio de la clase política argentina. Si uno proyecta la foto de hoy, el gobierno tiene más o menos el caudal electoral que sacó en las elecciones del año pasado y Juntos por el Cambio también, con lo que (este último partido) podría ganar en primera o segunda vuelta si no pasa algo raro. Milei podría sacar entre 13% y 15%, que es un montón de poder a nivel nacional.
—¿La vuelta de Juntos por el Cambio es más probable que un triunfo de Milei y del Frente de Todos?
—Sí.
—¿Y con quién?
—Hay cuatro hipótesis. Macri, que no se sabe. Dentro de su partido, el PRO, hay otros dos candidatos, (Horacio Rodríguez) Larreta y Patricia Bullrich, con características distintas, pero los dos con andariveles propios con proyección, Larreta más como gestor y Patricia más disruptiva. El radicalismo tiene pretensión de volver a tener un candidato propio y competitivo. Facundo Manes tiene aspiraciones a correr con un discurso también crítico del sistema, como un outsider de la política, pero con una proyección más por el centro y no por la derecha. Lo malo de estos candidatos es que son los cuatro de Buenos Aires.

"¿Qué dice ella? Ganó Boric, Castillo, Petro, podría ganar Lula, ¿por qué yo no? Por eso yo enfatizo en que no gana la izquierda, sino que pierden los incumbentes. Entonces ella, que no es tonta, dice que es la primera crítica de Alberto y por eso hace lo que hace. Y le dice que haga el ajuste antes de volver"
—La Nación publicó el viernes 24 una nota aludiendo a un “operativo retorno” de Cristina. ¿Va a ser candidata?
—¿Qué dice ella? Ganó Boric, Castillo, Petro, podría ganar Lula, ¿por qué yo no? Por eso yo enfatizo en que no gana la izquierda, sino que pierden los incumbentes. Entonces ella, que no es tonta, dice que es la primera crítica de Alberto y por eso hace lo que hace. Y le dice que haga el ajuste antes de volver.
—¿Cuál es la opción que más les gusta a los empresarios en general?
—No podés generalizar porque el campo empresarial es heterogéneo. Primero hay muchos que viven en un país como la Argentina de rentas, protección. Las reformas económicas promercado tienen resistencias sobre todo en los empresarios del status quo, que tienen un valor del activo bajo pero con un flujo enorme, que están cómodos y nadie les compite. Hay contradicciones interesantes entre lo que dicen. Hay empresarios, sobre todos de los sectores más dinámicos de la economía como el campo, que buscan un candidato más típicamente de derecha ortodoxa, pero los industriales y de sectores como el servicio que no, porque tienen mucha regulación del Estado y no les va demasiado mal con el actual estado de cosas. Ven que un candidato que tenga una agenda de reformas y transformaciones más radical y ortodoxa puede ser un riesgo. Tenés bastante fragmentación. En general, están cansados de Cristina. Alberto Fernández recibió mucho financiamiento para la campaña porque estaban peleados con Macri, incluso en el sector financiero. Macri era una figura controversial para muchos empresarios porque él no venía de una trayectoria empresarial autónoma del Estado.
—Escribió en La Nación que “es difícil entender” cómo Fernández enfrentará “el desafío de gobernar los siguientes 17 meses”. ¿Cree que no terminará su mandato?
—No de Alberto Fernández por él, sino por las condiciones de la economía. La credibilidad del gobierno es cero. Cuando mirás cómo fueron los disparadores de las grandes crisis —el Rodrigazo en el 75, la de la deuda en el 82, la híper del 89, la salida de la convertibilidad— había: un gran desorden macro interno, que tenemos; debilidad política, que tenemos; y algún disparador que en general es un shock externo, que empezamos a tener con la Fed (Reserva Federal estadounidense) subiendo la tasa. Cuando sube la tasa de interés, baja el precio de los commodities. El efecto disparador puede ser que el mercado, si empezaron a bajar los commodities, se pregunte cómo hacer el año que viene. Y si se instala esta idea de que el 2023 es un caos, el mercado se adelanta. El poder está débil porque Alberto está mal en los números, la economía no lo ayuda y la pelea política interna en el Frente de Todos podría ser el disparador. Tener a Cristina enfrente no es fácil; como opositora es durísima. ¿Cuál es el hecho en sí mismo que lo disparará? No sé, pero veo una dinámica muy inestable. Acá tenés un enfermo con diabetes, problemas cardíacos, que está mal del riñón y encima está internado. Argentina está así, si llega un virus hospitalario habrá una crisis de las nuestras.
—Y en ese caso, ¿asume Cristina?
—Algunos creen que habría adelantamiento electoral. Depende con quién hables. Algunos en el peronismo creen que ella no podría dejar pasar el poder, no se lo va a dar a Massa, pero que no está contenta con gobernar porque le complica poder ser candidata. Eso es uno de los motivos por lo que creo que Fernández va a seguir: ella no quiere. Ella no va a competir si no tiene una probabilidad real de ganar. Yo creo que no se presenta, prefiere que vaya otro y preservarse como senadora de la provincia de Buenos Aires. La estrategia de ella en la Justicia fue el delay. Los abogados penalistas en general hacen eso: si no podés ganar, postergala y vemos qué pasa. Ella está por cumplir 70 años. El peor de los casos es que ella tenga un problema serio en la Justicia con sentencia firme, y es una hipótesis de bajísima probabilidad. En ese caso tiene prisión domiciliaria. Si es senadora, difícilmente le quiten los fueros. El plan más seguro para ella es ser senadora de Buenos Aires; el más arriesgado, ser presidenta.