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    Autopista al tecno, pop y tecno pop

    Tras la muerte de Florian Schneider, fundador de Kraftwerk

    Lo retrospectivo tiende a confirmar lo obvio. Esto o algo parecido dice un personaje de Raymond Carver en alguno de sus cuentos. Y es verdad cuando se mira hacia atrás: todo aquello que aparecía insinuado o delineado, todo lo que parecía trazar una línea no del todo visible, queda cómodamente instalado en una categoría. En el caso de los alemanes de Kraftwerk, es fácil verlos hoy como los “padrinos” de la electrónica, categoría lo suficientemente amplia como para incluirlos a ellos y a, por ejemplo, David Guetta. Y, sin embargo, cuando esa categoría no existía, lo obvio no lo era tanto. Y es que si ante la muerte de Florian Schneider ocurrida el 21 de abril pasado, uno de los fundadores del grupo, podemos decir que su influencia es clave en ese amplísimo género (tan amplio que parece aludir más a una herramienta que a la música en sí), es porque la categoría existe y está consolidada artística y comercialmente. Sin embargo, cuando Kraftwerk debutó las cosas no eran tan claras.

    En sus dos primeros discos (Kraftwerk, de 1970 y Kraftwerk 2, de 1972) la banda no sonaba exactamente a “electrónica”. De hecho, el grupo formado por Ralf Hütter y Schneider se encontraba encuadrado dentro de la escena de “krautrock”, esa amalgama abstracta de rock experimental y música de vanguardia que exportaba la entonces Alemania Occidental. Fuera de ese subgénero y de las distintas músicas cultas de entonces, prácticamente no existía nada que pudiera ser llamado electrónica. No sería hasta su cuarto disco, Autobahn, en donde su característico y fundacional sello sonoro ocuparía toda la paleta del grupo.

    Es justamente con Autobahn (1974) cuando el dúo se concentra en los sintetizadores analógicos, aun cuando en el disco suenan instrumentos eléctricos y acústicos tradicionales (guitarra, violín y piano, entre ellos). Ya en ese instante estaba claro que el vínculo con la más avanzada tecnología sonora disponible sería clave en la mirada del dúo, que en este disco contó con la colaboración de Klaus Roder en guitarra y flauta y de Wolfgang Flür en percusión, y fue grabado por Konrad Conny Planck, con quien Hütter y Schneider trabajaban desde el primer disco.

    Entre los sintetizadores usados en el disco (vale la pena señalar el punto, como valdría señalar que Stevie Ray Vaughan usaba una Fender Stratocaster) estaban el Minimoog, el ARP Odissey y el EMS Synthi AKS, uno de los primeros secuenciadores disponibles. Pese a que el álbum abre con unas voces procesadas a través de un vocoder (un analizador y sintetizador de voz inventando en los años 30), los temas son esencialmente instrumentales. La canción homónima, que ocupa toda la cara A del vinilo original y dura más de 22 minutos, fue un inesperado éxito en las radios ese año. De hecho, incluso dentro de la ola de bandas progresivas que sonaban entonces, como Yes y Génesis, es difícil ver Autobahn como una canción y no como el paisaje sonoro que realmente es. Un paisaje que tras décadas de electrónica abstracta nos puede parecer relativamente familiar hoy pero que era una auténtica rareza en 1974.

    Ecos del sonido y las intenciones de ese disco pueden ser rastreados en la obra de artistas bastante posteriores como Ultravox, Human League, Duran Duran, Soft Cell, A Flock of Seagulls, Simple Minds o los Eurythmics, entre muchos otros. Y aunque esto se debe en parte a que el ingeniero Konrad Planck dejó su sello en la obra de varios de esos artistas, no es menos cierto que el sonido electro, plagado de efectos de estudio y dominado por los sintetizadores analógicos heredado de Kraftwerk, marcó la trayectoria de todos ellos. Obviamente, la huella de los alemanes es aún más notoria en toda la escena propiamente electrónica, tanto en la de baile como en la más abstracta y experimental.

    Luego de su álbum Radioactivity (1975), enteramente electrónico y centrado temáticamente en la radiocomunicación, el dúo ampliado lograría afianzarse comercialmente con el trabajo Trans Europe Express (1977), en donde profundizan en el minimalismo que caracterizaría su trayectoria posterior. Ese disco ha sido reeditado en varias ocasiones y formatos y sobre él dijo el diario LA Times en 2014: “Es el disco de pop más importante de los últimos 40 años”. De hecho, es el primero de sus trabajos que comienza a ser asociado con la naciente etiqueta de synth pop, una música que, usando los recursos de la electrónica, se alejaba de la abstracción para competir en el mercado musical con el pop derivado del rock, el soul y el funk.

    El año 1978 traería el disco The Man-Machine, que incluye los singles The Model y The Robots, canciones con las que se colocan sin problemas al frente de ese synth pop que habían contribuido a crear un año antes. De hecho, es posible rastrear esas armonías mínimas en los trabajos de Depeche Mode y otro puñado de bandas que surgirían en los años siguientes, a rebufo de los ritmos sintéticos y directos del disco. Estaba naciendo un género para el cual no existía todavía una etiqueta definitiva, ya que junto con la de synth pop convivían también la de “rock electrónico” y la de “rock sintetizado”. Lo que sí estaba claro era que Kraftwerk era ya una suerte de marca registrada, con sus voces de escasas inflexiones junto con su controlada y al tiempo rica paleta de sintetizadores.

    Las innovaciones del grupo no se reducían a la música: su puesta en escena, su presentación ante el público, parecía derivada de una suerte de mirada que, al tiempo que hacía uso de toda la tecnología disponible, no dejaba de pararse de costado, cuestionando por la vía del absurdo y el humor el creciente (y por momentos descontrolado) vínculo entre humanos y máquinas. Todo en Kraftwerk gritaba “tecnología”, pero al tiempo esta era tratada con una contundente distancia crítica. De ahí que cuando salió Pocket Calculator, primer single de su disco Computer World (1981), las señales irónicas fueran muy claras: usando computadoras los alemanes cuestionaban el papel que estas iban asumiendo en la vida de las personas. Dada la proyección que el grupo había alcanzado en ese momento, el single fue lanzado en varios idiomas y realizaron una extensa y sofisticada gira mundial.

    Pasarían cinco años hasta la salida de Electric Café —que incluye el tema del mismo nombre, apropiadamente llamado “techno pop”— y luego más de 15 hasta la aparición de Tour de France Soundtracks, conmemorando los 100 años de esa famosa competición ciclista europea. A diferencia de lo que habían hecho en trabajos previos, en los que grababan distintas versiones en distintos idiomas, dependiendo del mercado donde se fuera a editar, en este trabajo directamente incluyeron canciones en varias lenguas.

    Durante los últimos años, sobre todo en Europa, los Kraftwerk han sido cabeza de cartel de un sinfín de festivales, demostrando la vigencia de su música y sus intenciones. Y eso sin contar con que, además de ser influencia clave de la electrónica desde que el propio género apareció de su mano, son uno de los artistas más sampleados por otros, especialmente en el mundo del hip hop. Y si bien Florian Schneider estaba alejado del grupo desde 2008, es evidente que su música y su búsqueda son una de las claves que ayuda a explicar los rumbos que ha seguido buena parte del pop global. Y todo eso sin cantar jamás más de tres notas por melodía.

    Vida Cultural
    2020-05-28T00:00:00

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