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    BCU impide publicar como libro un estudio de historia económica que contrató; “no sé si es que vamos contra el relato oficial”

    Son más de 380 páginas que, con la visión de tres economistas y un doctor en Ciencias Políticas, relatan una historia de medio siglo apoyada en leyes, resoluciones, actas de Directorio, versiones taquigráficas del Parlamento y prensa de época, además de una treintena de entrevistas a figuras relevantes de distintos gobiernos. Conforman un documento de investigación que no tiene portada ni está impreso sino que cuelga sin destaque en el sitio web del Banco Central (BCU), un desenlace sospechado de censura que irrita a sus autores.

    La historia de ese trabajo comenzó en 2015, cuando el organismo realizó una licitación abreviada para la elaboración de un “documento de investigación” por su 50º aniversario, que conmemoró en 2017 con actividades como la publicación de separatas en algunos diarios, la acuñación de una moneda de $ 2.000, la emisión de un sello postal institucional y un evento en el Teatro Solís donde el presidente del BCU, Mario Bergara, cantó y tocó la guitarra junto al coro Notas del Tesoro, integrado por actuales y exfuncionarios. La autoridad monetaria decidió contratar dos propuestas presentadas a la convocatoria: una a la Universidad ORT, que planteó “un relato caracterizado por conceptos ligados a la historia económico-financiera”, y otra a la Asociación Pro Fundación para las Ciencias Sociales, que ofreció “resaltar la historia institucional y el vínculo del BCU con sus públicos”, consta en una resolución de Directorio de setiembre de 2015. Si no había retrasos en la entrega, pagaría por cada una 330.000 unidades indexadas (UI) —impuestos incluidos—, lo que a valores de hoy son casi US$ 41.000.

    Proceso complejo. El estudio adjudicado a la ORT fue elaborado por los economistas Gabriel Oddone (como coordinador), Julio de Brun y Ariel Banda, junto al cientista político Juan Andrés Moraes. Tras un proceso de cerca de 20 meses que implicó diversas instancias de intercambio con la autoridad monetaria y ajustes para contemplar algunos de sus comentarios, quedó pronto en 2017, con seis meses de retraso respecto al plazo contractual (lo que implicó la aplicación de una multa de 36.390 UI). Pero el documento tuvo una discreta exposición pública: Búsqueda le dedicó una página en setiembre de ese año (ver Nº 1.936) y lo único con cierto carácter institucional fue una charla en el Campus Pocitos de la Universidad ORT organizada en abril pasado por su Facultad de Administración y Ciencias Sociales, a la que asistieron como comentaristas un par de jerarcas del BCU y se cerró con una mesa donde hablaron Bergara y dos expresidentes del organismo, Enrique Iglesias y Ricardo Pascale.

    Por recomendación del comité editorial del banco, su Directorio ordenó publicar el documento en la web institucional “como se hace habitualmente”; el mismo destino tuvo el trabajo contratado al equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República coordinado por Silvana Harriett. Los derechos de propiedad, de autor y de cualquier otra naturaleza sobre todo material producido bajo las estipulaciones del contrato debieron ser cedidos al BCU para que pudiera darle cualquier tipo de difusión, incluso traducirlo y distribuirlo “en el mundo entero”. Lo cierto es que optó por ponerlo solo en la web; ante una consulta de Búsqueda, el Central alegó que ambos trabajos fueron publicados “del mismo modo y con los estándares establecidos para otros documentos de investigación generados o contratados por el BCU”. Y que la difusión en el sitio permite “asegurar su más amplia difusión”.

    Los autores de ambos estudios esperaban otra cosa y así lo señalaron el miércoles 6 algunos de ellos en declaraciones a El Observador.

    “Le llevamos la propuesta de que puede haber una editorial interesada, que nosotros ponemos la plata que falte, que el banco puede recuperar parte de lo que pagó por la investigación con la venta, que hacemos todos los disclaimers (descargos de responsabilidad) necesarios, y aun así el BCU no nos deja publicarlo”, dijo el lunes 4 a Búsqueda De Brun, quien presidió el organismo entre 2000 y 2005, durante el último gobierno colorado.

    Según el economista, “es difícil entender la postura del banco”, ya que “nunca se dijo” de forma explícita “el problema es tal o cual” con la investigación. Pero en el proceso de elaboración e intercambio entre los autores y el BCU surgieron algunos indicios.

    Una primera versión de la introducción y capítulo inicial que le mostraron tenía un estilo de redacción “más periodístico, de relato y no tanto de ensayo”, que según De Brun recibió el visto bueno del organismo. “Pero meses después, cuando estábamos por entregar, vinieron con que el estilo no les gustaba”, agregó. Los investigadores lo defendieron con el argumento de que el pliego del llamado señalaba el objetivo de llegar con el documento a “toda la ciudadanía”. Pero “a esa altura solo se pudo suavizar y cambiar alguna cosa más jugada”, dijo.

    Por otro lado, hubo durante el proceso de elaboración discrepancias más de fondo, especialmente respecto a la historia reciente y en particular desde 2008. Una primera versión era “más dura” con aspectos de la gestión económica señalando, por ejemplo, el incumplimiento de las metas de inflación fijadas por la autoridad monetaria, relató De Brun. Además, desde el BCU se les planteó, entre otras cosas, que la investigación omitía los premios ISO obtenidos por la institución, indicó. Finalmente, dijo el economista, el texto recogió “en gran medida” varios de los comentarios. A su entender, el estudio hace un equilibrado “reconocimiento de las cosas buenas que se han seguido haciendo” con los gobiernos del Frente Amplio.

    En el medio surgieron también planteos “folclóricos”, según dijo, como la queja de parte del BCU de que Bergara aparecía mencionado menos veces que algunos de sus antecesores, como Ramón Díaz o el propio De Brun. Ese aspecto también fue contemplado.

    “Si se nos puede acusar de algo, es de haber sido demasiado blandos. No sé si es que vamos contra el relato oficial, según el cual la historia empezó en 2005”, afirmó. Como otros de sus compañeros en la investigación, De Brun se siente “frustrado” porque, “más allá de lo monetario”, disfrutaron de hacer el trabajo y lo hicieron con “cariño” hacia el organismo.

    Los autores y la ORT han hecho varias gestiones e intentos para reunirse con Bergara, sin suerte. Si es por el libro “ni se molesten”, fue la última respuesta según De Brun. Han optado por ahora por la vía amistosa, pero se lamentan de estar “en una situación en que el banco dice no a todo” y “ha cerrado todas las puertas”, afirmó.

    El “libro”

    El documento final recogió comentarios positivos, con matices, de parte de los jerarcas del BCU que hablaron en la charla organizada por la ORT en abril. “Todos sabemos que el Diablo está en los detalles. Y acá no faltan detalles y mucho menos faltan diablos”, señaló Bergara, recordó el miércoles 6 El Observador.

    Pero según dijo De Brun a Búsqueda, no encontró a “nadie que diga que el libro es malo” entre “gente intelectualmente honesta”.

    En su respuesta a la consulta de Búsqueda, el BCU señaló que tiene una “valoración positiva” de las dos investigaciones que contrató.

    Además de diversas leyes y decretos, el estudio coordinado por Oddone se basó en resoluciones y actas del Directorio del BCU. No todas fueron de fácil acceso por la confidencialidad que quiso imponer el propio banco pese a que algunas podían rastrearse en la prensa o en ámbitos judiciales. También hicieron casi 30 entrevistas a actuales jerarcas (incluido Bergara) y exfuncionarios (los anteriores presidentes Iglesias, José María Puppo, Juan Protasi y Pascale), además de Isaac Alfie (ministro de Economía entre 2003-2005), Ariel Davrieux (director de Planeamiento y Presupuesto en 1985-1990 y 1995-2005) y Fernando Barrán (superintendente de Instituciones Financieras de 2002 al 2007), entre otros.

    El documento digital consigna como una nota al pie en su introducción que “la presente publicación implica que para el Banco Central del Uruguay la obra cumple con los estándares de calidad establecidos por el pliego particular de condiciones” de la licitación, sin perjuicio de lo cual “las opiniones expresadas en él, así como los eventuales errores que pueda contener, son de responsabilidad exclusiva de los autores”.

    “En ningún caso debe ser considerado como una historia oficial, sino como el resultado de un trabajo académico realizado por un grupo de investigadores independientes”, sin perjuicio de lo cual hay en el relato una “óptica del BCU”, puntualizan los autores. Y como presagiando la polémica, agregan: “Seguramente, en las páginas que siguen habrá descripciones incompletas, omisiones e interpretaciones controversiales que estimularán a otros colegas a completar el trabajo que aquí se desarrolla. En cualquier caso, los autores de este libro estamos convencidos de que el material reunido y los textos producidos permiten tener una aproximación a la historia de una institución que ha sido protagonista destacada de la vida política y económica de Uruguay en el último medio siglo”.

    En el capítulo referido a los años recientes (2008-2015), Banda, De Brun, Oddone y Moraes sostienen que la combinación de un escenario externo favorable con un “marco de políticas macroeconómicas creíble y políticamente factible”, han sido los fundamentos de un desempeño económico “positivo, al menos hasta 2012”. Con el Frente Amplio en el gobierno, los pilares de la estrategia fueron la flexibilidad cambiaria, la reducción de la vulnerabilidad financiera del sector público y el fortalecimiento de la regulación prudencial del sistema financiero, señalan.

    El balance de la gestión de 2015 dejó “resultados mixtos”, según la investigación. Por un lado, a pesar de que la desaceleración ya estaba consolidada, la economía logró crecer y completó entonces 13 años de expansión continua, algo “particularmente destacable a la luz del contexto regional e internacional que se instaló a partir de 2014”. Pero por otro, se afianzó el deterioro de algunos equilibrios macroeconómicos que se venían insinuando desde 2012, plantea. “En particular, la inflación siguió siendo elevada tomando en cuenta el objetivo definido. En otras palabras, y utilizando la analogía de Mario Bergara, mantener girando todos los ‘platitos chinos’ seguramente permitió moderar los efectos reales de los shocks absorbidos, pero a costa de haber consolidado un nivel de inflación persistentemente desviado de la meta”, observan los investigadores. Y afirman que, como el frustrado libro en papel, la forma de gestionar ciertas restricciones de la política ha sido motivo de controversia entre los economistas.

    Economía
    2018-06-07T00:00:00

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