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    Barroco de vuelo bajo

    Concierto del ensemble Il Gardellino

    Dentro de la temporada del Centro Cultural de Música (CCM), el jueves 16 se presentó en el Teatro Solís el ensemble barroco Il Gardellino, un conjunto de ocho músicos especializados en el repertorio barroco, entre los que se incluyen tres solistas en flauta dulce, flauta traversa y viola da gamba.

    La velada se inició con la Obertura o Suite de Bach (1685-1750) Nº2 en si menor, que transcurrió sin pena ni gloria hasta que los músicos parecieron despertar en la Polonaise, página de belleza arrolladora, donde por primera vez el conjunto logró nítidos matices de dinámica y un estupendo dúo de la flauta traversa (Jan De Winne) y el cello (Ira Givol), que pusieron sal al asunto. Siguió con un Concierto para viola da gamba, cuerdas y bajo continuo, del poco conocido compositor alemán Johann G. Graun (1702/3-1771), que no aportó mayor novedad salvo la bonita línea melódica del movimiento Largo y la perfección algo distante y fría de Vittorio Ghielmi como violista da gamba. El repunte en el clima, que venía siendo algo tedioso, vino de la mano del también alemán Georg Philipp Telemann (1681-1767) con su Concierto para flauta dulce, flauta traversa, cuerdas y bajo continuo. Telemann fue, según se cuenta, un hombre con gran sentido del humor, muy buen carácter y autodidacta en varios instrumentos, que además supo amalgamar en sus composiciones los estilos dominantes del barroco, que eran el italiano y el francés. Su chispa se hizo sentir desde el Allegro inicial con el ir y venir de las dos flautas que entran y salen del tutti y también tocan al unísono, diferenciándose en estos pasajes solo por el timbre. En el Allegro final sorprendió la aparición de una marcha armada sobre melodías, seguramente tomadas del folclore de algunos de los muchos lugares que visitó el autor, que era también un viajero frecuente. Muy solventes como solistas los flautistas De Winne (traversa) y Peter Van Heyghen (dulce).

    La segunda parte nos trajo dos Telemann más y un Vivaldi. Del alemán uno de sus Cuartetos, en la menor, que es en puridad una suite de danzas no designadas como tales sino con el aire o humor con que deben interpretarse (alegremente, ligeramente, halagadoramente, etc.). El que escuchamos mostró casi siempre un claro aire galante propio del barroco francés. Fue el vehículo para confirmar las virtudes de la primera violinista polaca Joanna Huszcza. De Antonio Vivaldi (1678-1741) se escuchó un Concierto para flautino, cuerdas y bajo continuo. El solista fue Van Heyghen, el mismo de flauta dulce. El flautino es un instrumento mucho menos sonoro y colorido que la flauta dulce, y la parte de orquesta en este concierto está por debajo de muchas otras del propio Vivaldi. Así como la obra anterior de Telemann sirvió para lucir a la primera violinista, el movimiento Largo de este concierto de Vivaldi confirmó definitivamente las bondades del cellista israelí Ira Givol, un músico que a lo largo de toda la velada había venido mostrando una fibra diferente en sus intervenciones. El Concierto para flauta dulce, viola da gamba, cuerdas y bajo continuo de Telemann que cerró la presentación de Il Gardellino es una página conocida del autor, hecha con corrección por el conjunto. En los movimientos allegro brilló despegado una vez más el joven cellista Givol, que también es un violista da gamba.

    Cuando hace menos de un año el CCM trajo al Ensemble Artaserse con el contratenor Philippe Jaroussky, escribí en esta página que ese concierto había sido una doble hazaña: “Primero, por lidiar con la posible saturación que en un auditorio puede provocar la tesitura de contratenor a lo largo de toda una velada; segundo, por jugar con el riesgo de que también esa saturación apareciera al tratarse de un programa centrado en un solo compositor. Los dos riesgos se corrieron y el triunfo fue absoluto porque no hubo empacho ni de Jaroussky ni de Vivaldi. Es más: hubo dos Vivaldi más fuera de programa y el público seguía aplaudiendo sin ninguna intención de abandonar el teatro”. Me temo que no se puede llegar a la misma conclusión después de escuchar a Il Gardellino en un concierto lleno de corrección pero en el que nunca levantó el vuelo a las alturas donde muchos otros han llegado. La comparación parece pertinente porque, dejando de lado la voz solista que en este caso no existió, ambos conjuntos son pequeñas formaciones instrumentales, similares en número, que se especializan en el repertorio barroco, pero con una enorme diferencia de sutileza, refinamiento y entrega en lo que hacen.