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    miércoles 17 de julio de 2024

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    Big Jim

    Carrey está de regreso con Tonto y retonto 2

    Trabajó con Francis Ford Coppola, Clint Eastwood, Peter Weir, Milos Forman, Frank Darabont y la dupla demente Glenn Ficarra & John Requa. Y sí, también con Michel Gondry. Niño problemático, buen dibujante, le gustaba pintar, pensó en ser músico, se convirtió en actor y a los 50 abrió una galería de arte. Superestrella del humor, llegó a cobrar 20 millones de dólares por actuar en una película. Reverenciado y despreciado, ha demostrado ser, además de un gran comediante, un actor versátil, capaz de asumir riesgos extremos, a lo largo de una carrera que quemó, como un cohete multietapa, varias fases.

    Nacido en Newmarket, Ontario, en 1962, Jim Carrey llega a Hollywood con 17 años. Abandona la secundaria antes de cumplir 16. Su padre, Percy, artista de vocación (músico de jazz) y contador de profesión, se queda sin trabajo y la familia pasa de la estabilidad de un hogar de clase media a la incertidumbre de las reducidas dimensiones de una casa rodante. Además de padecer síntomas de bipolaridad, es diagnosticado con trastorno por déficit de atención con hiperactividad. En la escuela es el payaso de la clase. Termina antes las tareas e interrumpe a los compañeros con chistes, pantomimas recargadas, canciones delirantes y contorsiones de dibujo animado. Esta rutina contribuye a la construcción de una armadura psíquica muy útil para combatir las depresiones que aparecerán más adelante. Otra vez el cliché del cómico ante el abismo. Este tipo con un talento feroz, capaz de sostener él solo películas de una mediocridad abusiva, también sufre y admite tener una autoestima fluctuante (línea Kurt Cobain), un terror enfermizo a no ser lo suficientemente bueno, una ahogante sensación de no encajar y una obsesión narcisista por hacerlo todo bien.

    Todavía estamos en Canadá. Breve paso por una compañía de teatro y danza, imitaciones (Gandhi y Elvis) en el famoso club de comedia Yuk Yuki’s de Toronto, aplausos y silencios incómodos, buenas noches, gracias, me voy. En L.A. comparte un apartamento con el músico Phil Roy, con quien llega a componer canciones. Sin descartar la posibilidad de proyectarse como músico y cantante, se mete en el circuito de stand up y en audiciones para cine y TV. Son los 80: consigue papeles en Peggy Sue, su pasado le espera, de Coppola y en Sala de espera al infierno, de Eastwood.

    Comienza la siguiente década en In Living Color (ILC), que dura cuatro años en pantalla y que le permite extender el humor físico, retorciendo su cuerpo y transformando su rostro hasta extremos radicales. Con poco o nada de maquillaje, o con el aplique de rigor, realiza parodias o imitaciones de lujo, de Bill Clinton a Ross Perot, de Patrick Swayze a Kevin Costner. Provoca la sensación de que puede meterse en la piel de cualquiera. Logra ser un escasamente confiable instructor de karate para mujeres, un insoportable policía incapaz de hablar sin escupir al prójimo o un universitario unido a su sobreprotectora madre por el cordón umbilical. O ser Vera de Milo, una fisicoculturista pasada de esteroides con un programa de ejercicios aeróbicos para amas de casa. O el increíble Bill Burns, grotesco jefe de bomberos, psicótico desquiciado con el rostro desencajado y erosionado por cortes y quemaduras, dueño de una sonrisa sádica, un tipo psiquiátricamente peligroso, y, quizás, inmortal.

    Además de darle visibilidad ante el público y generar una pequeña legión de fans, ILC amplía su caja de herramientas, que usa en proyectos siguientes: rasgos sombríos de Bill se asoman en el Hank de Irene y yo… Y mi otro yo, y el adorable pedazo de idiota de Lloyd Christmas de Tonto y retonto guarda algún secreto parentesco con la elástica De Milo.

    Proyectos que, de golpe, llegan uno tras otro. Ace Ventura, comedia deforme donde, al no existir una figura de autoridad, un director, Carrey se lanza al vacío con sus desbordes histriónicos. Esto a su vez genera momentos de intensa comicidad y posiblemente se encuentre entre las razones por las que la película tiene una recaudación astronómica a nivel mundial. Antes de estrenarse el filme, Carrey ya está metido en la producción de La Máscara. Todavía le queda filmar Tonto y retonto, de los hermanos Peter y Bob Farrelly, que lo vieron en la tele. Año intenso: a los tres rodajes se les suma la grabación de la serie, un divorcio y la muerte de su padre. Además, debido a su obsesión por hacer todo bien, durante la filmación de La Máscara sufre una úlcera estomacal. No digan nada.

    Las tres películas son adoradas por la taquilla y mayormente despreciadas por la crítica. Despreciar a Carrey es casi como decir “No miro/No tengo televisión”. Queda bien. La Máscara es el gran despegue, también da a conocer a otra de las grandes actrices y comediantes surgidas en los 90, Cameron Díaz. Y es la oda al mal gusto y el humor incómodo, tonto y escatológico de los Farrelly (Irene y yo… Y mi otro yo, Inseparablemente juntos, Loco por Mary, Kingpin) la que lo coloca en la categoría estrella, en el cenit de la idiocracia cómica.

    Después de estar en lo alto, de ser el rey de la nueva comedia, de dividir las aguas (algo similar a lo que provocaba Robin Williams, a quien sustituyó en Batman Forever), a Carrey le llega el turno de su primer gran fracaso comercial: El insoportable. Cobra 20 millones de dólares por interpretar a un desequilibrado y peligroso instalador de cable que acosa a Matthew Broderick para que sea su amigo. La película, una comedia negrísima dirigida por Ben Stiller, muestra el lado oscuro de Carrey, la versión más alterada del tipo de las morisquetas. Resulta desconcertante.

    Pero un día lo llama Peter Weir para ofrecerle el protagónico en The Truman Show, un drama con pinceladas de comedia y ciencia ficción sobre un hombre que descubre ser el protagonista de un reality. En esa época, los paparazzi revisaban la basura de su casa, y quizás la identificación con el personaje fue sencilla. Lo cierto es que su interpretación otra vez desconcierta: no hay monadas ni acrobacias, aquí aparece el actor en un papel complejo, transmitiendo gracia, rabia y candidez. Y aunque todavía se lo mira con desconfianza, parece que la consagración ha llegado.

    Y ahora, algo increíble. Cuando se entera de que Bob Zmuda está produciendo una película sobre uno de sus ídolos, el comediante Andy Kaufman se comunica con él para ganarse el papel. Carrey sabe que Tom Hanks, Edward Norton y Nicolas Cage, entre otros, están con los colmillos afilados. Invita a Zmuda a su casa diciéndole que quiere mostrarle unas grabaciones. Zmuda, productor ejecutivo del filme y amigo de Kaufman, accede. Carrey proyecta en una pantalla un compilado de viejas imágenes en las que aparece Andy en Saturday Night Live y en la serie Taxi. Se retira. Una vez terminada la proyección, vuelve para saber la opinión del productor. Entonces Zmuda se da cuenta: estuvo viendo grabaciones auténticas de Kaufman, pero en varias tomas, el cómico había sido reemplazado por Carrey. Un fino trabajo de montaje realizado con la complicidad de Judd Apatow. Zmuda, llorando, le dice que el papel es todo suyo. Milos Forman, el director, no puede estar más de acuerdo. Carrey se mete en el personaje de un modo alarmante: viste como Kaufman, come lo mismo que Kaufman, habla como Kaufman, practica meditación trascendental como Kaufman y pide a todos que lo llamen Andy. O Kaufman. No hubo Oscar para Jim, pero sí Globo de Oro por su extraordinaria transformación.

    Si falta algo a su carrera es una película cool. Y ahí está Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, de Michel Gondry, con guión de Charlie Kaufman, la vuelta de tuerca sci-fi, philipdickiana y surrealista a la tragicomedia romántica, sobre la posibilidad de borrar recuerdos. La lista de audacias se completa con uno de los títulos más extraños de toda su filmografía. Cuando leyó el libreto supo que quería estar ahí. Otra historia de amor atípica, con un título engañoso: Una pareja despareja. Inspirada en la vida del legendario estafador y escapista Steven Russell (que actualmente cumple 144 años de condena en prisión), escrita y dirigida por Glenn Ficarra y John Requa, que han firmado guiones de delicias venenosas como Un Santa no tan santo. El paso más audaz de Carrey. Russell, además de ser feliz y desaforadamente gay, primer punto políticamente incorrecto, la mayor parte del tiempo no es un tipo simpático ni agradable; segundo punto, también es un estafador, un ladrón, un mentiroso. Y esta película parece una comedia y casi nunca no lo es. Y, como la propia carrera de su protagonista, tiene varias capas, varias fases, muta, desconcierta.

    Después de inmersiones en libros de autoayuda, de una desordenada tanda de terapias de toda clase; después de la meditación trascendental, de los textos de Eckhart Tolle y de separarse de la ex conejita de Playboy Jenny McCarthy, una noche sube a su cuenta de Twitter un video con una declaración de amor a Emma Stone. El video está en YouTube y todavía nadie tiene claro si fue en verdad o una broma. O simplemente el resultado de un momento de crisis. También son virales una entrevista con Winfrey en la que cuenta cómo “visualizó” el cheque de 10 millones de dólares que cobraría tiempo después y una charla sobre “El poder de la intención”. Y también su discurso a los graduados de la Universidad de Administración Maharishi en Fairfield, Iowa, que está en la lista de videos “inspiradores”. En el discurso relata su drama familiar, habla de su padre, de cómo tomó una decisión conservadora en lugar de seguir su vocación. Quizás por eso le dedica más tiempo a la actividad que abandonó de niño, la pintura, y se permite pasar por una nueva fase tonta, con esas películas bobaliconas, en ocasiones decididamente malas o fallidas, a veces muy divertidas. La siguiente parada: Tonto y retonto 2, que se estrena hoy jueves 13, el regreso a la gansada más efectiva y descacharrante. ¿La historia? Harry (Jeff Daniels) descubre que tiene una hija de unos 20 años, y así vuelve a unirse con el imbécil de Lloyd para que lo ayude a encontrarla. Hay algo relacionado con un riñón también, pero… ¿realmente importa? El gran Jim está de vuelta. Ahora en su fase payasesca. A quienes no les gusta este plato, no se preocupen, es cuestión de tiempo para que se inicie la siguiente fase.

    Vida Cultural
    2014-11-13T00:00:00