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    Calavérico y confundido, pero con gloria

    Los hermanos Andrés y Leonardo Silva, autores del cómic Prócer Zombie

    Todo sucede un día de 2015, durante tiempos “oscuros, de delincuencia, corrupción y Tinelli”. Una fuerza cósmica destruye la urna que guarda los restos de José Gervasio Artigas en el Mausoleo. Y entonces del humo y la destrucción revive él, el prócer, ahora como un zombie esquelético, de aspecto nauseabundo. El zombie se calza el uniforme de un Blandengue que se desmayó del susto y rumbea para la plaza. “Cuántas luces… ¿Paraguay?”, se pregunta confundido. Así comienza Prócer Zombie, el cómic creado por Andrés y Leonardo Silva (Silva Bros), ganador de un Fondo Concursable del Ministerio de Educación y Cultura (MEC). El Artigas de esta historia no se reconoce en los rostros de nariz aguileña que lo representan, y tampoco en la historia heroica que sobre él cuentan los otros seres con los que se cruza. Por allí está Escoria, un “ ñeri” que tiene su base de operaciones en la abandonada Estación Central. “El lugar es humilde pero cubre las necesidades básicas”, le dice al prócer cuando le ofrece alojamiento. También está Solange, una prostituta que se enamora de la valentía del zombie, además de los personajes históricos: Ansina, Juan Antonio, los Treinta y Dos, una banda de muchachos fiesteros con aspecto beatle, Ramírez y, por supuesto, Fructuoso, el archienemigo del prócer. Con irreverencia y mucho humor, Leonardo (Montevideo, 1979, dibujante y docente de animación) y Andrés (Montevideo, 1986, diseñador gráfico e ilustrador infantil) crearon juntos este guion que se ríe de los estereotipos de la historia patria. No fue casual que el día de la presentación, eligieran mostrar un pasaje del documental Detrás del mito, de Marcelo Rabuñal, en el que una maestra da un discurso plagado de lugares comunes el día del Natalicio de Artigas: “Amó la libertad, el cambio, la utopía. Y fue detrás de ella con valor, decisión y coraje. Mucho coraje (…) Soportaba pacientemente la rudeza de las estaciones atravesando escarchas y soportando los ardientes rayos del sol (…) Será siempre para la historia, un genio; para la patria, un dios”, dice la docente con énfasis. Los Silva Bros. participarán con su libro, de cuidada y atractiva edición, en Montevideo Comics, que tendrá lugar el sábado 28 y domingo 29 en el Auditorio del Sodre. Sobre los diferentes rostros de Artigas y los diferentes relatos históricos, conversaron con Búsqueda.

    —Ya habían participado con la figura de Artigas en un concurso de afiches para la Comisión del Bicentenario. ¿Cómo era el retrato que presentaron?

    Andrés: —Era un Artigas batmanizado, vigilante, parado en un friso de la Ciudad Vieja. En el jurado había un historiador y después nos enteramos de que fue el único que se opuso a que nos premiaran. La consigna era retratar las diferentes miradas del fenómeno Artigas, y nosotros hicimos algo distinto. Fue muy raro ese concurso. Quien ganó el primer premio era socio de uno de los jurados y por eso no se lo dieron. Pero para mí se merecía ganar. Supuestamente la Comisión del Bicentenario iba a armar una galería con esos afiches para exponer en la Plaza Independencia. Finalmente, no salió nada de eso y no se entregaron los premios. El único retrato verdadero de Artigas fue el del médico francés, Alfredo Demersay, que lo dibujó cuando tenía 80 años en Paraguay, de perfil. Él tenía una concepción bastante mala de Artigas, lo trataba de bandido, de usar el poder y la política para sus negocios.

    Leonardo: —También habíamos hecho un par de retratos de Artigas para Bandas Orientales, que edita historietas educativas. Nos gusta eso de que cada uno tenga una idea diferente y de que se le asignen variados rostros.

    —¿Consultaron con historiadores o leyeron sus libros para esta historieta?

    A.: —Reinterpretamos la postura de algunos historiadores que tienen distintas visiones. Por ejemplo, Ana Ribeiro tiene un perfil clásico, mientras que su contracara es Guillermo Vázquez Franco, quien reniega de la imagen heroica y lleva a Artigas a un plano terrenal y humanizado. Es un crá, con él Artigas sangra. Su visión nos sirvió para componer mejor a los personajes. Sobre Lavalleja y Rivera nos dio información muy jugosa, sobre todo de Rivera, que era el enemigo perfecto para Artigas. A su vez, nosotros también reinterpretamos la historia y le damos nuestra impronta. Lo llevamos para el lado del humor porque así somos.

    —¿Por qué un zombie?

    A.: —Elegimos un rostro calavérico como algo conceptual porque nadie sabe exactamente cómo era el de Artigas.

    L.: —La idea era generar un personaje que en vida no hubiera sido tan ideal, pero que se da cuenta de todos sus errores cuando revive. Entonces ve cómo la gente lo ha puesto en un pedestal que él no merece. Ahí se siente obligado y quiere ser ese prócer. Vuelve como un zombie, pero no como los habituales del cine, esos que comen cerebros. Una profesora nos dijo hace poco que había encontrado una definición de zombie: un individuo con el alma incompleta. Ahí dijimos: “Ese es nuestro zombie”.

    —¿Han tenido alguna queja por reírse del prócer?

    —L.: —Algunos se han ofendido, pero muy pocos, entre ellos un militar. Pero que el MEC haya premiado la historieta ya es importante.

    —A.: —Estuve averiguando con abogados especializados en propiedad intelectual para que nos dieran la visión menos optimista de lo que nos podría pasar. No hay herederos de Artigas y nadie nos supo decir quiénes tienen los derechos de imagen sobre el prócer, ni siquiera saben si los tiene el Estado. Además, ¿derecho de imagen sobre qué? ¿Sobre el rostro que hizo Blanes que fue ficticio y por encargo a partir de comentarios, con algunos rasgos y poses que le dieron? ¿Qué imagen se está violando?

    —Hace veinte años, la canción La noche que Artigas se emborrachó, del Cuarteto de Nos, despertó gran polémica. ¿Esperan que se reviva con su cómic o ya es un tema superado?

    L.: —No creo, hubo algunas publicaciones, como El padre nuestro Artigas (de Martín Atme y Fernando Andacht) que muestra fotografías con algunos actos vandálicos sobre su imagen: un retrato en el fondo del inodoro, un dibujo en el que parece Tarzán, un busto tapado con plantas.

    A.: —También lo usaron los tupamaros y los milicos, ¿de qué irreverencia estamos hablando si todo el mundo se arropa con Artigas, si todo el mundo lo toca o manosea? La gente que es revisionista también saca libros y lucra con eso. ¿Qué tanta diferencia puede haber entre ellos y nosotros?

    —Estamos en vísperas del 18 de Mayo, en una de las viñetas Artigas dice que no peleó en la Batalla de Las Piedras, las maestras se van a enojar…

    L.: —Nos gustaría mostrar en un segundo tomo que sí participó, aunque capaz que no le importaba tanto. La idea era decir que tal vez los hechos no fueron tan así. Artigas pudo haber sido un fenómeno, y por algo lo seguían. Pero nosotros no queríamos partir de un personaje líder, sino de uno de más abajo, para construir al que iba a volver, el que camina estando muerto. Ese sí es un héroe.

    A.: —Al final solo hay un informe sobre la Batalla de Las Piedras que no se sabe qué tan veraz es. Para Vázquez Franco la frase “Clemencia para los vencidos” nunca aparece en los documentos que ha leído. Pero tampoco es nuestra intención cambiar la historia. Vemos que hay como un lirismo en la gente en torno al prócer porque necesitan una búsqueda de identidad, identificarse como uruguayos. Es importante generar símbolos, es una forma de construir la nación.

    —¿Ven muchas películas de zombies o de superhéroes?

    L.: —Consumo todas esas películas de clase B o C de poco presupuesto, y me gusta el cine de superhéroes. No la de Batman v Superman, que lo mejor que tiene son los trajes.

    A.: —Para la parte gráfica de este cómic nos basamos en los posters de esas películas. Sobre todo en los de la productora Hammer, que tuvo su época dorada en los 50 y 60, cuando sacó La momia y Drácula. Toda esa gráfica era hermosa, a pulmón, como una serigrafía. La caligrafía tenía gran personalidad y nos sirvió para hacer nuestro logo. Queríamos darle un terror gótico medio ingenuo. Hasta parece simpático.

    —¿Dibujan algo a mano o todo lo hacen digital?

    L.: —La parte inicial sí fue a mano, como una storyboard. Teníamos el guion y los cuadritos con los dibujos. Nos propusimos hacer episodios de no más de cuatro carillas, la idea era ofrecer una síntesis, tanto en la técnica como en los dibujos y el color. Usamos solo tres tonos: beige, marrón y rojo oscuro, hay algunas viñetas que van a todo color para destacar alguna acción.

    A.: —El storyboard es como un rompecabezas que te ayuda a razonar de otra forma. Nos queríamos desprender del cómic tradicional que tiene un comienzo, nudo y desenlace. Hicimos seis capítulos autónomos, aunque más adelante comienzan a relacionarse. A los Fondos Concursables presentamos un estudio tipográfico. Para los titulares creamos una tipografía que se desprende de los bloques de piedra que hay en el Mausoleo. Es una tipografía bien militar, cuadrada. Les sacamos fotos y de ahí creamos la nuestra. Fuimos tantas veces al Mausoleo que los Blandengues ya nos conocían.

    —¿Pensaron en hacer alguna animación con este cómic?

    L.: —Sí, por supuesto. Mis estudiantes en Bios querían hacer algo en 3D y me pidieron moldear al prócer, animarlo e integrarlo a algo real, por ejemplo, que aparezca caminando en el Mausoleo. Todavía están trabajando. También está la idea de hacerlo en 2D. Nosotros publicamos cinco episodios online, y ni bien salió el primero, quienes están haciendo el documental de Peñarol nos llamaron para hacer una película. Pero querían hacerlo con actores reales, y para nosotros no era la idea. No estamos a nivel Hollywood como para eso.

    A.: —Nosotros somos bastante estrictos en eso, para salir al público tiene que salir bien.

    —¿Con qué personaje se encariñaron más, o con cuál piensan que se ensañaron?

    L.: —Con el prócer, obviamente, nos encariñamos. La idea era darle toda la heroica, nunca lo vas a encontrar derrotado.

    A.: —A mí me gustan muchísimo los Treinta y Dos. Creo que son originales y los resolvimos de la mejor forma. Tienen un aire contemporáneo, son re fiesteros, se sacan selfies. Con ellos retratamos la boludez contemporánea, esa necesidad de registrar cualquier momento banal en el que estamos, hasta el plato de sopa que tenemos enfrente. La simbología masónica no la desarrollamos pero está ahí. También me gusta Solange porque muestra el lado humano de Artigas, que se enamora de ella. Era importante para nosotros que aparecieran las mujeres en la historia.

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