
Joe Biden conversa con José Mujica en 2014
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Desde bastante tiempo atrás se sabía que a pesar de que la fórmula Biden-Kamala Harris iba adelante en los sondeos, la batalla por la presidencia estadounidense sería dura y que Trump daría la batalla. Ahora que los resultados le son adversos, el mandatario decidió ampliar la gama de recursos para intentar retener el cargo: desde acusar de fraude en los votos emitidos por correo, hasta recurrir a la Suprema Corte para que se haga recuento de votos o se deje de contar los que llegaron por correo.
Después de saberse ganadores en Florida, con el fuerte respaldo de la colonia cubano-americana de Miami y otros estados clave como Massachusetts, los republicanos abrigaban el martes de noche esperanzas de obtener los 270 votos necesarios en el Colegio Electoral que integran 538 personas y que decide la elección del presidente de forma indirecta.
Sin embargo, tal como había sido anunciado desde antes por los analistas, los demócratas tenían grandes chances de sumar adhesiones en dos estados clave: Wisconsin y Michigan. En Michigan eran favoritos y no defraudaron, pero en Wisconsin la victoria fue muy ajustada: 0,4%.
Al estar cerca de ganar en Nevada, el camino de los demócratas hacia la Casa Blanca pareció estar más cerca, aunque una mirada al mapa exigió mejor esperar antes de cantar victoria.
“Creemos que vamos a ganar”, declaró en la madrugada del miércoles Biden con cautela.
Dos horas más tarde, Trump tiró con munición gruesa. “Esto es un fraude al pueblo estadounidense. Una vergüenza para nuestro país”, dijo el presidente desde la Casa Blanca, pasadas las dos de la madrugada del miércoles, hora de Washington (las cuatro, hora uruguaya). “Francamente, hemos ganado las elecciones. Nuestro objetivo ahora es garantizar la integridad de las mismas. Iremos a la Suprema Corte de Justicia. Es un momento muy triste”.
La agresiva ofensiva del republicano, de la cual tomaron distancia dirigentes relevantes de ese partido, se vio acrecentada porque la victoria demócrata en algunos estados no fue tan contundente como habían previsto las encuestas, que este año, igual que en 2016, volvieron a equivocarse.
El Partido Demócrata logró arrebatar también Arizona, pero para dormir tranquilo tenía que ganar al menos uno de los estados aún en disputa, de modo que para que Biden logre llegar a la Casa Blanca, todavía tiene que ganar en al menos uno de los cuatro estados cuyos escrutinios quedaron para el final: Georgia y Carolina del Norte (favorables a Trump), Pensilvania o Nevada.
Salvo en 2000, cuando George Bush le ganó de forma agónica a Al Gore, los resultados se supieron siempre al otro día de las elecciones. Pero este año se sabía que otra vez la elección sería muy pareja.
Trump volvió a denunciar ayer miércoles el supuesto fraude en su cuenta de Twitter, mientras que su equipo de abogados impugnó el conteo de votos en Wisconsin, Michigan, Pensilvania y anunció que lo hará en Georgia.
“No estoy aquí para declarar que hemos ganado, pero estoy aquí para informar que cuando el conteo esté terminado, creemos que seremos los ganadores”, dijo Biden en un discurso ayer miércoles, ya más confiado. Concluyó su breve intervención con una apelación a la unidad de los estadounidenses una vez que termine el proceso electoral crispado.
La “locomotora” de Bolsonaro
El decano de la Facultad de Ciencias Empresariales, Ignacio Bartesaghi, coincidió en que Uruguay puede “perder terreno” si Biden finalmente se impone.
“Ha habido como un apoyo bastante firme de Uruguay a la presidencia de Trump”, dijo en diálogo con Búsqueda. El especialista mencionó algunos de esos apoyos: el respaldo a la candidatura de Mauricio Claver-Carone a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, la reelección de Luis Almagro como secretario general de la Organización de Estados Americanos y la “coincidencia” en el “manejo de la crisis en Venezuela”.
Bartesaghi mencionó también la “señal” que dio el gobierno uruguayo con la visita que realizó el canciller Francisco Bustillo a Washington D.C. a comienzos de octubre, menos de un mes antes de las elecciones. “Uruguay apostó más a Trump que a Biden”, resumió.
Cuando se supo que Bustillo encabezaría una misión oficial a Washington, en la que se reunió con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, algunos diplomáticos uruguayos plantearon dudas acerca de su pertinencia dada la cercanía con el gobierno, dijeron a Búsqueda fuentes del servicio exterior.
La llegada de Biden a la Casa Blanca, según Bartesaghi, puede generar un enfriamiento en las relaciones de Estados Unidos con Brasil, algo que también afecta la estrategia uruguaya.
“Siempre partiendo de la base de que tanto demócratas como republicanos no tienen una relación de largo plazo con América Latina, es más una relación de reacción, visualizo que se puede cortar esta relación tan profunda, bastante cargada de retórica todavía en comparación con los resultados concretos, pero una relación profunda con una serie de acuerdos que sí se han firmado entre Bolsonaro y Trump”, evaluó el decano de la UCU.
“Biden tiene una agenda global mucho más alejada de la de Bolsonaro”, dijo Bartesaghi, y puso como ejemplo que el demócrata, si es presidente, hará que Estados Unidos vuelva al Acuerdo de París.
“Lo que cambiaría más con Biden es la relación de Estados Unidos con Brasil, se perdería fuerza. Esa era una locomotora a la cual nosotros nos podíamos subir. Si Brasil avanzaba, nosotros podíamos avanzar. Biden no se va a sentir tan cómodo con Bolsonaro y con su agenda medioambiental, por ejemplo, y Biden no tendría una reacción tan fuerte para competirle a China en la región y se concentraría más en su agenda interna”, insistió.
La administración Trump veía a Uruguay y a Brasil como dos de sus principales aliados en la región. Claver-Carone, asesor del presidente hasta su triunfo en el BID, había declarado a Búsqueda en setiembre que su país estaba interesado en firmar tratados de libre comercio con los dos países.

El canciller Francisco Bustillo saluda a Mike Pompeo el pasado octubre en Washington. Foto: AFP.
Guantánamo
A mediados del 2014 la llamada llegó desde la Casa Blanca al teléfono de María Minacapilli, la secretaria del entonces presidente José Mujica. Del otro lado de la línea estaba Biden, quien quería conversar con el exguerrillero tupamaro para concretar la llegada de presos de Guantánamo, una cárcel construida por Estados Unidos en Cuba después de los atentados de 2001 para alojar a personas detenidas en su lucha contra el terrorismo.
La conversación, en la que ofició de traductor el prosecretario Diego Cánepa, fue un poco caótica, pero dejó casi todo pronto para la llegada de los extranjeros a Uruguay, según relata el libro Una oveja negra al poder.
El gobierno de Obama tenía el compromiso de cerrar Guantánamo, para lo cual necesitaba que algunos países alojaran a los presos que no suponían un peligro para la seguridad.
La relación entre Biden y Mujica se consolidó cuando los dos ocupaban cargos de gobierno, al punto que el entonces vicepresidente lo tenía como una persona de consulta en temas de América Latina, informó CNN en 2014.
Información Nacional
2020-11-05T01:32:00
2020-11-05T01:32:00