Ya habían terminado de cenar, cuando Fortunato se dirigió a su sillón frente al televisor, con ánimo de ver el último boletín del día.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa noticia de que el presidente de la República estaba enfermo y a quietud le provocaba una gran preocupación, en particular porque si algo le pasa al presidente el que asumiría sería Astori, y si algo le pasaba a Astori, que es un versadísimo especialista en que le pasen cosas, la que asumiría la presidencia sería Lucía Topolansky, algo que le hacía pensar a Fortunato que sería mejor estar en el ferry coreano que en el Uruguay.
—“El Pepe lo único que tiene es un dolor óseo, la cadera le duele y se le queja de tener que bancar esa panza que le exige un gran esfuerzo de equilibrio” —le dijo, pasando para el dormitorio, su esposa, tratando de quitarle importancia a la dolencia, y de sugerir que sería mejor que se fuera a dormir en vez de perder el tiempo frente a la caja boba. “Si Tinelli ya hubiera empezado te acompañaba, pero para ver noticias, mejor me voy a dormir” —concluyó.
Fortunato ni la escuchó. Encendió el aparato, y justo arrancaba la musiquita de fondo del informativo. El presentador arrancó naturalmente con la noticia de la salud del presidente, pero de inmediato empezó a transitar por los lugares comunes de siempre, accidentes, motos escrachadas, rapiñas, paros y huelgas, los aprontes del clásico, y a Fortunato se le empezaron a caer los párpados del peso de aquella colección de “déjà-vu”.
Cuando ya ni sabía si estaba despierto o semidormido, el informativista lo sacudió con un notición.
—“Debido a la enfermedad del presidente Mujica, el presidente norteamericano Barack Obama ha viajado sorpresivamente al Uruguay, para evitar que Mujica tuviera que desplazarse hasta los Estados Unidos. Nuestras cámaras están presentes en Carrasco, y seguiremos al primer mandatario en sus desplazamientos desde que descienda del Air Force One, que está aterrizando en nuestro principal aeropuerto en este mismo momento” —dijo el periodista, mientras las cámaras mostraban al gigantesco avión presidencial norteamericano carreteando rumbo a la terminal.
Minutos más tarde, las imágenes mostraban, para la sorpresa de Fortunato, al presidente Obama bajando por la escalerilla de su avión, mientras que al pie de la misma lo esperaban el canciller Almagro, la embajadora Julissa Reynoso y el Pato Celeste, quien tras darle un abrazo al presidente Barack Obama, le hizo entrega de una camiseta de la selección uruguaya que tenía en la espalda el número diez, debajo del cual se leía la leyenda “el Negro Jefe”.
En declaraciones posteriores a los periodistas presentes, el Pato Celeste informó que le había explicado a Obama que la leyenda era una combinación del color de su piel, con el simpático apelativo con el que el pueblo uruguayo había bautizado a su gran capitán Obdulio Varela, campeón del mundo en 1950. Dijo también que el presidente Obama había lagrimeado al recibir el obsequio.
Las cámaras mostraron luego el largo recorrido entre el aeropuerto y la chacra presidencial de Cerro Norte, adonde el presidente norteamericano se dirigió para visitar a su colega uruguayo. Al llegar la caravana, Obama bajó de la limusina blindada que había traído con él en el avión, y se dirigió a la puerta del rancho, donde lo esperaba la primera dama Lucía Topolanski, la cual vestía un distinguido pantalón estilo “obrero de la construcción”, y una tricota que no era Armani, pero que sin duda había sido tejida por alguna reclusa de la cárcel de mujeres.
—“¡Pepe, pasate aunque sea el peine por el pelo y subite el cierre del pantalón, que llegó el grone!” —gritó la señora hacia adentro del recinto, mientras le extendía la mano a Obama, sacudiéndosela con energía.
—“Bienvenido, don” —dijo doña Lucía —“esto no será la Casa Blanca, ¡pero es lo que hay, valor!” —continuó, dirigiéndose hacia el dormitorio junto al visitante, seguido de las cámaras que todo registraban a su paso.
El presidente Mujica estaba recostado en su camastro, y se incorporó para saludar a su ilustre visitante, al que le dio un gran apretón de manos.
—“Shentate aí, que vashastar cómodo” —le dijo Mujica a Obama, señalándole una banqueta de mimbre que no tenía tres patas como Manuela, pero que rengueaba en alguna de las cuatro, porque Obama casi se cae al sentarse. “Vieja, ponele una tapita de refrejco abajoela pata floja a la banqueta, quejte she me va a caé y she me puede lastimá” —le dijo el Pepe a la Lucía, quien enseguida le arregló la pata de la banqueta al visitante con una chapita de lata.
—“Mister president, para mí ser un gustou venir visitarlou y desearle pronta mejoría en su salud de usted, ¿cómo se encuentra?” —dijo Obama.
—“Mirá, ando jodido pero contento, pero a vó te veo medio complicao…vashatené que hasher alguna cosita pa mejorá la performán, ¿mentendé?” —dijo el Pepe, desconcertando a su visitante, quien puso cara de no entender mucho, pero prestó atención. “Pa empeshá, ¡ejto de Ucrania no tiene goyete, papá! ¿te vasha dejá seguí tocando el tujes por el rushoemierda ejte, el Putín? ¡dale! ¡Mandale unajtropa pa Crimea y pegale un shujto, vo!” —prosiguió Mujica, para total desconcierto de su colega norteamericano, pero la cosa no quedó ahí, Mujica reenganchó de inmediato —“¡vo, y la guerrilla colombiana la podemo arreglá entre lo dó, vo convershá con lo narcotraficante, que ujtede lo tienen a todo fichado, y yo me la parlo con lo guerrillero, que pa esho shoy ejpeshialijta!, ¿shabé?, y con Cuba podemos tamién hashé alguna coshita junto, y al Maduro, cuando te joda mucho vo me avishá y yo algo te remiendo, porque lo tengo calao al inconshiente éshe, pero eshamigo, y lo tengo que ayudá, como Chave nojayudó a noshotro, papá!” —prosiguió Mujica.
Saliendo de su desconcierto, Obama se dirigió a Mujica, mientras las cámaras recogían aquella conversación inesperada.
—“Mister president, ¿y cómo andar las cousas por aquí, con tanta insecurity, que le balean y le roban las coumisarías de la police, y con unas pruebas a estudiantes que son desastrousas, y paros y huelgas que paran todo, y aerolínea fundida en escandaloso procesou?”
—“Desho no te preocupé, que me lo varreglá Tabaré con uno minijtro de lujo como la Arijmendi, la María Julia, y el Bonomi, al que hay que darle tiempo, hay!” —replicó Mujica.
—“Vieja, vení a ver esto que no tiene desperdicio” —gritó Fortunato, y recibió la respuesta de siempre. Estaba dormido desde hacía rato.