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“Queridísimo padre: Hace poco me preguntaste por qué afirmo que te tengo miedo”. Así comienza Carta al padre, un relato autobiográfico que Franz Kafka escribió en 1919 y que se incluye en Cuentos selectos (Edhasa, 2018), una antología con narraciones extensas y otras breves seleccionadas y prologadas por el escritor y editor tucumano Diego Erlan.
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Con la premisa de que “toda memoria es una ficción”, Erlan incorporó esta carta real, y que Kafka nunca envió a su padre, a un volumen de ficción, porque encontró en esa misiva, y en las que aparecen en otros cuentos, una forma de articular la antología, ya que “abren un arco donde se manifiestan los múltiples Kafkas”.
Hay una carta y un padre terrible en La condena, y hay una misiva susurrada al oído en Un mensaje imperial, con un mensajero que se esfuerza en llevar su correo a destino a través de un gentío interminable y de habitaciones interminables de un palacio interminable.
“La mayoría de los relatos están compuestos con términos del lenguaje del Derecho y de la ciencia, con estructuras de informes, procedimientos y memorias, dándoles a sus narraciones una especie de precisión irónica”, dice Erlan en el prólogo. Y esa ironía aparece también en sus personajes-animales, como ocurre en Informe para la academia, con un largo monólogo de un mono, en Investigaciones de un perro, o en Una vieja página, relato en el que un ejército de nómades bestiales acampa frente al palacio del emperador “a cielo abierto, porque aborrecen las casas”.
El volumen incluye la obra más famosa y más reconocida de Kafka, La metamorfosis, que aparece con el nombre de La transformación, como había sugerido Borges que se tradujera el título. Allí está el “bicho monstruoso” en el que se convirtió Gregorio Samsa, allí está la obra que abrió camino a una nueva forma de contar y allí está uno de los personajes kafkianos por excelencia, de esos que “se disuelven, se mezclan y enrarecen hasta convertirse en una sustancia gris, extraña y deforme”.