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Se hace difícil encontrar una canción mediocre de Bob Marley, de esas que rellenan discos. Fue uno de los primeros músicos surgidos en el tercer mundo en ser masivamente conocido en Europa, Estados Unidos, África, Asia, Oceanía y Sudamérica. Como la de los Beatles, su obra es una de las colecciones de discos más parejas en calidad y en cantidad de clásicos, lo que relativiza notablemente cualquier ponderación, clasificación o ranking.
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Su música es un derroche de talento y buen gusto para crear melodías contagiosas, originalidad en la tímbrica, virtuosismo técnico en la ejecución, garra y carisma en la interpretación. Cuesta mucho tomar uno de sus discos como bandera: prácticamente todos poseen méritos como para estar en el podio. Su influencia ha trascendido a la legión de bandas de reggae, ska, roots, dub, raggamuffin y otras variantes que han surgido espontáneamente en todo el mundo, y va mucho más allá del “rock latino”. Bandas como The Clash, The Police, UB40 y Sublime y solistas internacionales como Eric Clapton, Stevie Wonder y Paul Simon han destilado en mayor o menor grado la esencia del reggae y por ende de Marley. En Argentina, Sumo, Los Fabulosos Cadillacs y Los Pericos; en Uruguay, Congo Bongo, Abuela Coca, No Te Va Gustar y La Vela Puerca. Así se mantuvo encendida la llama, que se avivó luego de la gira sudamericana de los francoespañoles Mano Negra, a bordo del mítico Cargo 92.
Las canciones de Marley se mantienen frescas, como auténticas islas de atemporalidad. Allí donde suenen, la gente sonríe, al menos durante cinco minutos. Es imposible no asociarlas con el optimismo y la energía vital del prócer de la patria rastafari. Marley dejó el listón tan alto que todo el reggae posterior está irremediablemente asociado a su figura. A continuación van algunas de las razones que hicieron grandes sus canciones, que elevaron un género isleño a una expresión global. La música que transformó las palabras “Jamaica”, “reggae” y “Marley” en sinónimos.
Concrete Jungle es la primera canción de Catch a Fire (1973), el primer álbum de Bob Marley con The Wailers para el sello Tuff Gong, licenciado a la multinacional Island Records, Alianza Editorial que permitió su proyección internacional. Fue el primer álbum que reunió a Marley con Peter Tosh al bajo y Bunny Livingstone en percusión.
Las tres piedras fundamentales del reggae cantan sobre las duras condiciones de vida en Trenchtown, el barrio de Kingston donde crecieron. “La oscuridad cubrió la luz, y convirtió el día en noche. ¿Dónde está el amor? ¿Alguien me lo puede decir? La dulzura debe estar en algún sitio, a pesar de la selva de cemento”. Bob es secundado por los coros en falsete de Peter y Bunny, en un arreglo muy disfrutable.
En la versión en vivo en el show televisivo británico Old Grey Whistle Test, puede apreciarse en primer plano la dinámica interna de los Wailers en su formación estelar. Puro groove.
Redemption Song, del disco Uprising (1980), el último que grabó antes de morir, es uno de los máximos himnos del cancionero de Marley y una de las pocas canciones grabadas solo con guitarra y voz, aunque hay una versión para banda, tocada por los Wailers. Como en gran parte de su obra, Marley evangeliza a sus fieles sobre el valor de vivir en la mayor libertad posible. “Emancípense de la esclavitud mental, nadie sino nosotros mismos puede liberar nuestras cabezas”.
Cuando la escribió, el cáncer que se originó en uno de sus pies, se había extendido bastante, y Bob ya estaba sumergido en la depresión. La melodía introductoria es un pasaporte sin escalas a la melancolía y los versos llegan casi como un epitafio: “¿Me ayudas a cantar estas canciones de libertad? Es todo lo que he tenido: canciones de redención”. Entre las decenas de versiones que hicieron desde Johnny Cash hasta Annie Lennox, pasando por Stevie Wonder, U2 y Dave Matthews, la que más sonó en el Río de la Plata fue la de Attaque 77, Canción de redención, con letra traducida, incluida en el disco Otras canciones.
No, Woman, No Cry, que ya llegó a los 40 años, es otra de las armas de destrucción masiva de Bob Marley & The Wailers. Junto a Could You Be Loved, One Love, Buffalo Soldier, Is This Love y Three Little Birds, es de las que más royalties ha redituado a los herederos del jamaiquino. El otro gran beneficiado fue Vincent Ford, un músico amigo de Bob desde la infancia, quien figura en los créditos como autor de la letra, al parecer como gesto de agradecimiento de Marley por haberle enseñado los primeros acordes en la guitarra.
Fue grabada en el disco Natty Dread (1974), pero la versión inmortal es de Live!, registrado un año después. Es de esas que escuchamos un millón de veces, que conocemos cada acorde, cada arreglo, cada giro de la interpretación, y no por eso llega a saturar. Como Hey Jude o Wild Horses, roza la perfección, al menos en el universo de la balada pop. Sin embargo, su letra está lejos del romanticismo y, como en gran parte de la obra de Marley, es una rotunda canción de protesta política. “Recuerdo cuando nos sentábamos en la plaza de gobierno, en Trenchtown. Observando cómo los hipócritas se mezclaban con la buena gente que conocíamos, buenos amigos que hemos perdido en el camino. En este futuro promisorio, no puedes olvidar tu pasado. Así que seca tus lágrimas. No llores, mujer. Seca tus lágrimas, todo va a estar bien”. Irónicamente, No Woman No Cry fue el título que eligió su viuda, Rita Anderson, para la biografía publicada en 2004. Marley tuvo una frondosa descendencia: 11 hijos naturales y dos adoptivos. Acá, en el barrio, Luca Prodan solía versionarla en vivo con la enérgica impronta Clash que Sumo supo desparramar por los antros porteños 30 años atrás.
Pocas semanas después de sobrevivir al atentado a tiros contra su vida, la de su mujer y la de sus colaboradores íntimos, que lo obligó a radicarse en Londres para grabar Exodus (1977), su disco más exitoso y para muchos su obra cumbre, Marley recicló esta plegaria compuesta en 1965, a ritmo de ska, para el primer disco de los Wailers (The Wailing Wailers). One Love/People Get Ready se resignificó como una oración desesperada contra la escalada de violencia política en Jamaica, y se transformó en una de las páginas más luminosas y optimistas de todo el cancionero reggae. “Un amor, un solo corazón, escuchad a los niños llorando, diciendo gracias y alaben al Señor; unámonos y nos sentiremos bien”. Imposible no guardarla en la misma carpeta que Blowing in the Wind o Imagine.
Es una de las mejores grabaciones de las legendarias I-Trees (Rita Marley, Judy Mowatt y Marcia Griffiths), el trío femenino que ilustró la segunda mitad de la carrera de los Wailers. Es el décimo surco de una placa que lejos del revanchismo, está poblada de himnos pacifistas y esperanzados, como Natural Mystic, Jamming, Exodus, Three Little Birds y las baladas Waiting in Vain y Turn Your Lights Down Low. Demasiado para un solo disco. La frase One Love ha sido usada como título de conciertos, eslogan publicitario y para decenas de discos y temas de artistas tan distintos como Dr. Alban, David Guetta, Jennifer Lopez y The Stone Roses.
El segundo álbum para Island, Burnin’, comienza con Get Up, Stand Up, grito de barricada contra los cultos religiosos occidentales y canción de protesta por antonomasia: “Predicador, no me digas que el cielo está bajo la tierra. Sé que usted no conoce el valor real de la vida. No todo lo que brilla es oro, la otra mitad de la historia nunca fue contada: ahora ves la luz, ¡defiende tus derechos, no abandones la lucha!”. Escrita a dúo junto a Peter Tosh, el otro patriarca del reggae que murió pocos años después que Marley. Tosh comparte los coros y canta-rapea el último verso, un pasaje que bien puede ser interpretado como precedente del hip-hop: “Estamos hartos y efermos de su juego de ismos, muriendo y yendo al paraíso en el nombre de Jesús, señor. Ya entendimos que Dios Todopoderoso es un hombre vivo. Se puede engañar a algunas personas a veces, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo. Ahora vemos la luz, ¿que vas a hacer? ¡Vamos a levantarnos por nuestros derechos!”.
La última vez que Marley y Tosh actuaron juntos fue cantando esta canción en el Starlight Bowl de Burbank, California.
Un día en que Marley estaba particularmente inspirado, inmortalizó el discurso que el emperador de Etiopía, Haile Selassie I, pronunció en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1963. La canción, incluida en Rastaman Vibration(1976), no podía llevar otro titulo que War.
Casi 50 años más tarde, cuando buena parte de la humanidad sigue matando y muriendo por el color de la piel o por la fe que profesa, el alegato conserva su enorme vigor en contra de la discriminación, cualquiera sea su raíz. “Hasta que la filosofía que sostiene una raza superior y otra inferior, esté desacreditada y abandonada permanentemente, en todas partes habrá guerra. Hasta que el color de la piel de un hombre no tenga mayor importancia que el color de sus ojos, digo que habrá guerra. Hasta que los derechos humanos básicos sean igualmente garantizados para todos, sin distinción de raza, esto será guerra”.
En 1992 la irlandesa Sinead O’ Connor torció radicalmente el destino de su carrera cuando cantó War a capella en elSaturday Night Live, cambiando la palabra “racismo” por “abuso infantil”, tras los primeros escándalos por pedofilia de sacerdotes católicos. “Combate al verdadero enemigo”, exclamó, y rompió una foto de Juan Pablo II. Su carrera cayó en desgracia.
El episodio de un hombre que reconoció haber disparado al sheriff del pueblo en defensa propia, pero negó haber matado al diputado, catapultó a Marley a la escena internacional. I Shot the Sheriff fue incluida en Burnin’ (1973) y un año más tarde fue versionada por Eric Clapton, deslumbrado por ese magnífico riff, demasiado tentador para un guitarrista de su talla.
“El sheriff John Brown siempre me odió. Por qué, no lo sé. Cada vez que plantaba una semilla, mandaba matarla antes de que creciera. Él decía: ‘Mátenlos antes de que crezcan’”. No paró hasta el número uno de Bilboard, y así el hemisferio Norte conoció a Bob Marley. En 1986, Jaco Pastorius la transformó en un estándar en un recital en Italia con el formidable guitarrista Biréli Lagrène, quien solo tenía 20 años. El audio es una joyita que revalida la máxima de Tiranos Temblad: “Gracias YouTube por todo lo que nos das”.
“Hay una mística natural soplando en el viento. Si escuchas cuidadosamente la oirás. Podría ser la primera trompeta, así como podría ser la última. Muchos más tendrán que sufrir, muchos más tendrán que morir”, dice Natural Mystic, la apertura de Exodus, fiel exponente del Marley metafísico y existencial, en el exilio británico impuesto por la violencia en Jamaica. Es también una de las muestras más evidentes de la influencia del rythm & blues americano en el reggae: la misma progresión armónica del blues y del rock and roll, trasladada a acordes menores, un pasaporte sin escalas a la melancolía.
En Crazy Baldhead, la prédica pacifista de Marley encuentra un enemigo: los skinheads. La canción, inconfundible por el silbido intercalado en la frase de percusión que hace las veces de riff, abre la cara B de Rastaman Vibration, disco editado en pleno ascenso de la movida punk a ambos lados del Atlántico, a la que se asociaron ciertos movimientos fanáticos de ultraderecha. “Locos, locos, vamos a perseguir a esos locos fuera del pueblo. Construimos tus cárceles, construimos tus escuelas. Quieres lavarnos el cerebro con la educación para volvernos tontos. Tu odio es la recompensa por nuestro amor, contándonos de la supremacía de tu Dios”.
El trabajo más comercial de la obra de Marley, Kaya (1978), retoma varios temas del disco African Herbsman (1973), parte de la prehistoria de Marley, grabado para el sello jamaiquino Trojan Records. Kaya es también, por su explicidad, su obra más asociada a la marihuana. Comienza con Easy Skankin, sigue con Kaya (cáñamo en dialecto jamaiquino), insuperable oda al porro, luego versionada por Sumo, y sigue con Is this Love, temazo de amor cannábico hasta la médula y uno de los sencillos más vendedores de toda la historia de los Wailers, junto a Could You Be Loved.
El disco fue tildado de liviano y trivial, pero es por obvias razones uno de los más venerados por la nación reggae. “Despierto y me suelta, despierto y me pierdo, la lluvia cayendo. Tengo que tener kaya ahora, tiene que tener kaya ahora. Me siento tan alto, puedo tocar el cielo, por encima de la lluvia que cae”, dice Kaya. Nada más que agregar.