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    Cierre de emblemática fábrica moviliza a una ciudad coloniense

    “Fuerza, papeleros”, alienta un cartel en la fachada del liceo lacacino, en la entrada del pueblo por la Ruta 54. Mensajes como esos llamaban la atención en las esquinas y vidrieras de los comercios el viernes 27, en solidaridad con los obreros de la Fábrica Nacional de Papel (Fanapel) que desde fines de diciembre está parada. “Todos por Juan Lacaze” fue la consigna de la mayoría de las tiendas, quioscos, carnicerías y puestos de verdura que cerraron sus puertas a las 18 horas, para asistir a la asamblea pública convocada por el plenario intersindical de la ciudad y enterarse de las negociaciones que se llevan adelante procurando la reapertura.

    La situación de Fanapel mantiene en vilo a Juan Lacaze, una ciudad de 12.800 habitantes —según el censo de 2011—, cuya economía depende en gran medida de la actividad de esa industria papelera, si bien parte de la población vive allí pero trabaja en otras zonas de Colonia. Los problemas que atraviesa esa fábrica traen a la memoria de los más veteranos, algunos jubilados textiles, el cierre de Campomar & Soulas en 1993, que fue traumático para la economía lacacina.

    La fábrica, fundada en 1898, tiene una capacidad de producción de 5.300 toneladas de papel para escribir e imprimir al año. Desde 2007 su accionista principal es Celulosa Argentina, del grupo Tapebicuá.

    Los problemas de competitividad y costos de Fanapel se arrastran desde hace años, dijeron a Búsqueda dirigentes del Centro Unión Obreros Papeleros y Celulosa (Cuopyc) que recuerdan varias reestructuras y envíos al seguro de paro. Señalaron que en 2012 la planta empleaba a 1.080 trabajadores, mientras que hoy son 260 los que están en planilla.

    En la mesa interministerial instalada a fines de 2016 para analizar la realidad de Fanapel, la empresa informó que tiene un desequilibrio de U$S 400.000 al mes. El Ministerio de Industria le propuso un plan de ahorro energético transitorio que la firma evalúa como “insuficiente”, y desde Economía se analizan eventuales apoyos, informó uno de los dirigentes de Cuopyc.

    Para el presidente de UTE, Gonzalo Casaravilla, “claramente la solución de Fanapel no es el tema energético, son otros temas mucho más complejos”, según dijo el 23 de enero en el programa radial “En Perspectiva”. Si se diera un beneficio a la empresa, sería “de modo coyuntural y puntual”, acotó.

    Consultado por Búsqueda, Gonzalo Goñi, vicepresidente de Celulosa Argentina, quien llegó a Montevideo para mantener contactos por la situación de Fanapel, dijo que no hará comentarios por el momento.

    Salvar a Fanapel.

    Oscar Nocetti, dueño de la carnicería “Mingo”, dijo que todos los comerciantes tenían que apoyar la movilización del viernes porque las ventas dependen de las fuentes de trabajo del pueblo, que caen desde hace tiempo. A medida que pasan los días el “futuro se ve cada vez más negro” para la fábrica, señaló.

    Pedro y Graciela, que tienen una tienda de ropa en el centro, afirmaron que hay menos trabajo para los lacacinos. “Adherimos a la causa”, aseguraron a Búsqueda parados en la vereda del local y aludieron a cierta “psicosis” entre los pobladores que “tira para abajo” el ánimo. A corto plazo, Graciela piensa en jubilarse. Como a ella, a muchos de los jubilados de Juan Lacaze la situación que atraviesa Fanapel les recuerda el cierre de Campomar.

    Mabel y César, una pareja de pasivos, comentaron desde el banco de la plaza principal que empezaron a trabajar siendo adolescentes en esa textil, y aseguraron que vivieron la época de auge de la fábrica, cuando empleaba a 2.000 trabajadores. Hoy, devenida en cooperativa, emplea a 90 obreros, luego que la Corporación Nacional para el Desarrollo liquidara la ex Agolan.

    “Somos una ciudad de paso, no tenemos campaña, como tiene Tarariras, hay una chacinería, una fábrica de dulce y 700 personas van todos los días a trabajar a Montes del Plata. Es triste, está complicado el pueblo”, se lamentó Mabel.

    El viernes 27 la Junta Departamental de Colonia resolvió conformar una mesa de trabajo con representantes locales, senadores, diputados, la Alcaldía y el PIT-CNT que bregará por alternativas al problema laboral por la situación de Fanapel.

    Soluciones de fondo.

    “Vamos todos a apoyar a los trabajadores de nuestro pueblo, por nuestros hijos, nietos y vecinos”, se escuchó por horas el viernes por un alto parlante. En la esquina de José Salvo y José Campomar colgaban pancartas sobre el estrado armado a los pies del club social y deportivo CYSSA (que recuerda la sigla de la textil Campomar y Soulas SA). “Obreros rehenes de Fanapel”, “Basta de promesas”, “Triunfa quien lucha”, decían algunos.

    Había poco movimiento, hasta que a las seis de la tarde familias, empleados y comerciantes salieron caminando al punto de encuentro. Desperdigados en la multitud se distinguían los trabajadores de Fanapel, que habían acordado ir con la remera azul del uniforme que tiene el logo de la empresa en el pecho. Pasadas las 18:30 horas, la convocatoria empezó como un acto patrio, entonando las estrofas del Himno Nacional y luego hablaron algunos dirigentes sindicales.

    José Gómez, del sindicato de la construcción, reclamó la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas y habló de la necesidad de una ley que proteja a los empleados ante la “insolvencia patronal”.

    Camila Pedreira, en representación de la federación de profesores de Secundaria, instó a “plantear un Juan Lacaze donde la estabilidad laboral no les quite más el sueño”.

    Al cierre, Marcelo Olaverry, titular del Cuopyc, planteó la necesidad de buscar “soluciones de fondo” para Fanapel. Dijo que el plan “A” es que la fábrica retome la actividad con los 260 trabajadores que están en seguro de paro desde vísperas de Navidad. “Los trabajadores papeleros no queremos pedirle 400.000 o 500.000 dólares mensuales al Poder Ejecutivo para que dentro de un año esta misma gerencia diga que precisa 600.000 dólares, porque el problema sigue ahí sin solucionarse”, afirmó. “No pedimos plata para los empresarios, queremos trabajar en proyectos viables”, recalcó. Y planteó que por eso, es preciso tener un plan “B” y un plan “C”, que llamó a armar entre todos los actores sociales y políticos. Con ese objetivo, anunció que se conformaría una “gran mesa de diálogo laboral” donde se planteen proyectos comerciales para el Puerto Sauce y para aprovechar el parque industrial (donde hoy funciona la cooperativa textil) que describió como “galpones que no tienen ni la luz instalada” en condiciones para trabajar. “Tenemos que refundar Juan Lacaze”, terminó eufórico entre aplausos.

    A pocos minutos de donde se hacía el acto y a metros de la quietud que rodeaba el edificio de la fábrica de papel, en la rambla del puerto, grupos de jóvenes que habían vuelto de trabajar fuera de la ciudad disfrutaban del atardecer.

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