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    Como esperanza de pobre

    Columnista de Búsqueda

    Si algo comienza a caracterizar las series producidas por la plataforma Netflix, es su acartonamiento ideológico. Más allá de las notorias diferencias de calidad que se pueden ver entre los distintos estrenos (Netflix está muy lejos de tener un estándar en ese sentido), en muchos casos se hace evidente cierta didáctica en la presentación de los temas de ficción. En muchas series de la plataforma, es evidente una intención explícita de transmitir (e insistir con) ciertos valores que se presentan como tan deseables que deben ser expuestos (¿impuestos?) sí o sí. Como si la ficción no fuera otra cosa que una suerte de versión ideal de la realidad, un dogma que debe enseñarnos de manera escolar qué cosas están bien y qué cosas no.

    Por poner un ejemplo reciente y claro: en la serie Star Trek Discovery, la trama de aventuras, que era la característica central de la serie original y de todas las de la franquicia, es apenas una triste excusa para desgranar un rosario de escenas en donde todos lloran por todo, se muestran sensibles por todo, aman a todo lo que se les cruza y todos los cupos de identidades no binarias y alternativas están perfectamente cubiertos. Detrás de esas figuras planas que solo hacen de sí mismas, de ese aspecto de su persona que la serie eligió como relevante, no hay nada más.

    Ahora, ¿qué ocurre cuando una serie es capaz de mostrar realidades de manera compleja y sin subestimar al espectador? Que muy probablemente no sea una serie producida por Netflix, sino una que simplemente es distribuida por la plataforma. Tal es el caso de ¿Me escuchas? (en francés original, M'entends-tu?), comedia dramática estrenada por Netflix hace pocos meses, originalmente realizada en 2019 por Tele-Québec, el canal público de la provincia canadiense de Quebec. No deja de ser irónico que sea justamente un canal público, uno que por su naturaleza podría estar más interesado en esa suerte de didáctica, quien haga un programa serio allí donde Netflix solo parece estar interesado por la ecuación “+ ideología de moda = + dinero”.

    Las primeras dos temporadas del programa siguen las peripecias de tres amigas que viven en un barrio deprimido de Montreal. Deprimido es aquí una forma de no decir abiertamente “pobre”, ya que, en el sentido edilicio al menos, no se trata un barrio pobre, sino de uno que parece abandonado a su suerte tanto por el Estado como por la mayor parte de los pobladores, que parecen haberse marchado a otra parte dejando el vecindario casi abandonado. Pero es solo casi, ya que además de las tres amigas hay allí un montón de inmigrantes de toda clase de orígenes. Fabiola (Melissa Bédrad), Ada (Florence Longpré) y Carolanne (Éve Landry) son amigas desde la infancia, se adoran y se protegen mutuamente y al mismo tiempo no pueden ser más distintas. Fabi, serena y maternal, Ada, vital y explosiva, Caro, siempre ligeramente deprimida, son sin embargo inseparables. Las cosas no son fáciles para ninguna de ellas, sobreviviendo entre trabajos sin calificación, marginalidad, consumos problemáticos de todo tipo y una violencia latente que por momentos estalla, descarnada y brutal.?Lejos de construir personajes unidimensionales que solo “son”, en ¿Me escuchas? los personajes “hacen”, y en ese hacer se revelan ricos, llenos de matices. Y, como en la vida real, muchas veces resultan hasta contradictorios. Fabi puede ser amable y afectuosa hasta el punto de ser naive, y al mismo tiempo es el pilar económico y emocional de su familia. Ada es enérgica, voluntariosa, pero la mayor parte de las veces esa energía no encuentra otro canal para expresarse que no sea el de una exasperada violencia verbal que a veces se convierte en violencia sin más, incluso contra aquellos a los que quiere. Caro, por su parte, vive encerrada en sí misma, a medio camino entre sus miedos y sus dependencias emocionales, en una especie de pantano afectivo heredado de su propia historia familiar.

    Al mismo tiempo, y esto es lo que ayuda a descomprimir la densidad del show, todos estos problemas son presentados en clave de comedia. Una comedia áspera que no se burla jamás de los personajes que presenta, sino de las situaciones que atraviesan, logrando que la serie tenga unos muy bienvenidos instantes luminosos. En todo caso, impacta que, más allá de las tres amigas y su peripecia, el universo presentado por la serie sea tan claustrofóbico y falto de perspectiva, con sus calles rotas, edificios tapiados y coches abandonados. Tan abandonados como los niños y adolescentes que juegan en plazas de hamacas rotas y matorrales crecidos. Definitivamente, no es el Canadá que alegremente promueve el primer ministro Justin Trudeau por el mundo. Dado el vaciamiento industrial y poblacional que Montreal sufrió durante los últimos 30 años del siglo pasado, no es loco pensar que esos barrios abundan, como abundan también en la estadounidense y muy vacía Detroit.

    Escrita por la actriz Florence Longpré junto con Nicolas Michon y Pascale Renaud-Hébert, la serie arrasó en la edición 2019 de los Premios Gemaux, que reconocen la creación francófona en Canadá. ¿Me escuchas? obtuvo los premios a Mejor realización de comedia, Mejor texto de comedia, Mejor montaje de ficción, Mejor actriz principal de comedia (la propia Longpré con su excelente Ada) y Mejor actor secundario masculino (Christian Bégin por su maravillosa prostituta transexual, Pretzel).

    La principal riqueza de ¿Me escuchas? es su capacidad de extraer humor de donde otros solo lograrían sacar solemnidad. Su habilidad para mostrar la resiliencia que en la realidad puede aflorar y muchas veces aflora entre quienes viven en las condiciones sociales, económicas y familiares de los tres personajes centrales. Lo hace sin apelar al cliché y, sobre todo, sin intentar adoctrinar al espectador sobre cuál debe ser la posición a asumir ante la ficción-realidad que se le presenta. Esa libertad, ese respeto por el criterio del espectador, resulta especialmente bienvenido en tiempos en que, cada vez más, los que mandan en las plataformas de contenidos tratan a su público como niños sin capacidad de construir visiones propias sobre las cosas. Solo por eso la serie ya vale la pena. Si le sumamos las excelencias del texto, un par de muy buenas actuaciones y el humor oscuro con que todo ocurre, ¿Me escuchas? no podría ser más recomendable. Por cierto, se viene una tercera temporada a finales de marzo.

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