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    Con apoyo e “interés” de la Armada, un veterinario español entrena lobos marinos para tareas de búsqueda y rescate

    Hay mamíferos marinos que integran las fuerzas armadas de países. En general sucede en las grandes potencias que entrenan a estos animales para que colaboren en tareas como la búsqueda de personas desaparecidas en el mar, el envío de flotadores a nadadores en problemas, el intercambio de objetos con submarinistas y la recuperación de armas perdidas.

    Por experiencias conocidas como esas, cuando el veterinario español Augusto Barangé propuso a las autoridades uruguayas comenzar a entrenar a leones marinos —también conocidos como lobos marinos— en tareas de rescate, su idea fue bien recibida por autoridades uruguayas. Hoy, cuatro años y medio después, el país cuenta con el apoyo de Gala, el primer ejemplar uruguayo capaz de realizar esas y otras acciones.

    Barangé es el fundador del proyecto Sea Lion Experience, el primer centro civil de adiestramiento de estos animales para actividades de rescate marítimo. El experto, quien trabajó previamente con delfines en Europa durante 15 años, se propuso desarrollar una iniciativa inédita en las costas nacionales al entrenar a dos leonas marinas para colaborar, entre otras cosas, con las tareas del Centro Coordinador de Búsqueda y Rescate Marino de la Armada Nacional.

    “No hay ningún país que esté haciendo esto”, aseguró en referencia al desarrollo de una iniciativa así en el ámbito civil.

    El veterinario destacó el trabajo llevado adelante por la marina de Estados Unidos, la cual desde los años 70 entrena delfines, leones marinos y focas con fines bélicos. Según dijo, hoy el país norteamericano cuenta con más de 250 ejemplares adiestrados para proteger puertos y barcos, ayudar a buzos y detectar minas en el mar. También Rusia usa a estos animales en el ámbito militar.

    Luego de conocer esas experiencias, Barangé se contactó con países que tenían leones marinos entre su fauna autóctona. Así llegó en 2018 a la Embajada de Uruguay en Madrid, que lo derivó al grupo de rescate marítimo de la Armada Nacional. La fuerza se interesó en su proyecto y desde entonces le brinda apoyo logístico a su fundación.

    Gala, la loba marina, tenía un mes cuando la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) llegó a la isla de Lobos para hacer la captura que se había comprometido a facilitar a pedido del Ministerio de Defensa Nacional. Barangé estuvo una semana trabajando con ella en el lugar y luego se mudó a la isla de Flores durante siete meses, para criarla durante el período de lactancia.

    Cuando cumplió los ocho meses, ambos se instalaron en la base naval de la Armada Nacional en el Puerto de La Paloma (Rocha), donde funciona el centro desde hace cuatro años.

    A los dos años y medio presentó a las autoridades lo que Gala podía hacer. Era capaz de localizar personas desaparecidas en la superficie o debajo del agua, buscar y entregar cuchillos y armas, llevar un flotador a una persona necesitada, intercambiar objetos en superficie y fondo marino, y sabía buscar una caja negra y chalecos salvavidas que tuvieran balizas. En febrero de 2020 ingresó otra cachorra de un mes de edad llamada Alice, que aún está en proceso de entrenamiento.

    Desde el inicio del proyecto, la Armada brinda las instalaciones y los recursos para que Barangé pueda vivir, alimentarse y desarrollar su actividad; le permitió colocar un cerco dentro del Puerto de La Paloma para los entrenamientos y le asignó un marinero para que colabore con su trabajo.

    Además, la fundación Sea Lion Experience —reconocida como tal por el Ministerio de Educación y Cultura desde hace dos meses— cuenta con el apoyo de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República, que se encarga de la supervisión sanitaria de los animales.

    Pese a contar con ese respaldo, la fundación atraviesa un momento crítico desde el punto de vista financiero. La pandemia impactó en los recursos que recibía tanto de la Armada —que dejó de aportar el pescado para los ejemplares hace un año, por una reducción presupuestal— como de empresas privadas. El veterinario espera que autoridades del gobierno lo reciban para concretar posibles nuevas colaboraciones, algo que no ha ocurrido.

    “Estoy financiando todo, desde la alimentación hasta los traslados”, lamentó Barangé.

    Colaboración

    Los leones son mamíferos terrestres, ya que duermen, se trasladan y se reproducen en tierra. Pero al mismo tiempo, detalló Barangé, tienen una capacidad visual y auditiva debajo del agua más aguda que la del hombre y pueden nadar hasta los 200 metros de profundidad con una rapidez que escapa a cualquier equipo técnico de socorro. La idea de trabajar con ellos, aclaró, no es que sustituyan a las personas, sino evitar posibles riesgos, por ejemplo, en aguas turbias o con bajas temperaturas.

    La intención del veterinario es “internacionalizar” el proyecto. Barangué cree que puede interesarle a “cualquier país que tenga grupos de rescate marítimo” y piensa en particular en aquellos en que se practica más el submarinismo.

    El capitán de navío Federico Zas, jefe del grupo de buceo de la Armada Nacional, destacó la responsabilidad, la dedicación y el compromiso con que Barangé lleva adelanta la iniciativa. En su opinión se trata de un trabajo “muy novedoso” para Uruguay y de un recurso que da posibilidades “valiosas” en búsquedas específicas.

    “Para nosotros, los buzos, es visto de muy buena manera y como una herramienta más al momento de lograr una misión”, dijo a Búsqueda. El capitán sostuvo que por el momento no se pretende incorporar más ejemplares, aunque comentó que “el proceso de adiestramiento continúa”.

    Alejandro Arechavaleta, socio de Arechavaleta & Asociados —empresa que apoya la fundación— calificó como “tremendamente interesante” la iniciativa. “Si se demuestra que funciona, se podría proyectar de Uruguay al mundo”, comentó.

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