No es lo usual que, hablando con un economista sobre la coyuntura, aparezcan pocas cifras y muchas apreciaciones políticas. Pero Gabriel Oddone, que ejerce esa profesión como socio de Ferrere, parece ir afirmando un interés por la cuestión política que no es del todo nueva para él. Por la militancia estudiantil, por una definición como hombre de izquierda que ratifica hoy, y por los contactos con jerarcas del oficialismo y de la oposición de turno, que mantiene por temas de los clientes del estudio, básicamente empresarios e inversores. También por las propuestas y sondeos que en distintos momentos recibió para integrar equipos de gobierno de diferentes colores partidarios.
Con ese enfoque, Oddone analizó en entrevista con Búsqueda la discusión del Presupuesto quinquenal que se viene y que, casi seguramente, dominará la agenda pública en los siguientes meses. Según él, el gobierno tendrá que abandonar el “modo emergencia” y hacer explícito un plan económico del que por ahora solo ve algunas señales. Y en un marco de “volatilidad política”, tendrá que sortear el “delicadísimo equilibrio” entre “convencer” que hará un ajuste sin que la actividad económica entre en un loop de bajo crecimiento, que haga que la propia situación fiscal siga delicada.
—La sincronización y velocidad de los eventos es tan grande, que es prematuro tener una composición de lugar. Sí está claro que los resultados hasta ahora en la gestión de la crisis sanitaria demuestran que Uruguay tiene un conjunto de atributos: además de su densidad poblacional, es un país cohesionado; con un sistema de salud integrado; una institucionalidad de protección social que permitió contener derrames más importantes —por lo menos en el corto plazo—; y tiene criterios de regulación en el transporte que dieron holguras en términos de oferta y demanda. Por detrás de todo esto hay un sistema de partidos afianzado y una población que cree en sus gobernantes. Lo que pasó en los últimos 40 años —y también en los últimos 15— contribuyó a desarrollar esa densidad institucional que permite una efectividad alta de las políticas y los programas: más allá del discurso político, cualquier observador ve a un gobierno de centroderecha que, ante una emergencia, sin ningún tipo de prejuicio usó instrumentos creados o fortalecidos por el anterior.
—Hay puntos claros y oscuros.
El nuevo gobierno recibe una economía prácticamente estancada, además de una situación fiscal frágil. También hereda una situación relativamente sólida de reservas y en el perfil de la deuda.
¿La situación fiscal podría haber sido mejor? Probablemente, sí. Pero también el país podría haber estado mucho más frágil, por ejemplo, si el sistema bancario hubiera tenido mayor exposición al riesgo corporativo y una supervisión débil. Esto también contribuyó a los resultados favorables frente a la pandemia.
—Parte de la agenda del nuevo gobierno se vio postergada. ¿Es visible ya una política económica con impronta propia?
—Hay un mandato y voluntad política de hacer cosas distintas y la Ley de Urgente Consideración contiene algo de eso. Jerarquizar el rol de las unidades reguladoras, los cambios en la inclusión financiera y la propia regla fiscal —que es un tema menor, pero está allí— son algunas señales. Pero para ver con más claridad una ruptura habrá que esperar a la ley de Presupuesto y ver cómo se materializan algunos mensajes en cuanto a la política monetaria.
El delicadísimo equilibrio que el gobierno debe encontrar es cómo logra convencer a los acreedores externos y a las calificadoras de riesgo de que tiene un plan de consolidación que lleve a un superávit fiscal primario de un punto del Producto (Bruto Interno) en un plazo razonable, y que por hacer eso no arriesga poner a la economía en un período de bajo crecimiento. El riesgo es entrar en un loop que haga que la propia situación fiscal no mejore.
—¿La coalición de gobierno llega sólida para encarar la discusión presupuestal? Acaba de renunciar su canciller, que es un socio importante...
—La Ley de Urgente Consideración puso sobre la mesa varias cosas. Primero, el guion de la discusión lo pautó el gobierno y las propuestas que el Frente Amplio podía tener, quedaron en un segundo o tercer orden. Segundo, más allá de los cambios que se hicieron al proyecto —que fueron muchos— se votó y la coalición funcionó. ¿Esto es un antecedente para el Presupuesto? Sí y no. Muchas medidas incluidas en la Ley de Urgente Consideración son expresiones de deseo que eventualmente alguien deberá implementar con posterioridad. Es algo mucho más etéreo que discutir cuánto se gasta y en qué.
En un escenario de crisis, con un ajuste que será necesario introducir, puede haber mucha volatilidad política, incluso dentro del oficialismo. Hay varios ministerios en manos de distintos partidos de la coalición, que saben que la discusión presupuestal condiciona los resultados que puedan mostrar al final del período. Y es el arte que el ministro de Economía y el equipo económico deben tener: arbitrar restricciones presupuestales bajo ese marco político.
—¿El proyecto presupuestal será la prueba de fuego para la ministra Arbeleche y una muestra de cómo se ocupan los roles en la gestión económica? En la diaria del lunes 13, el exministro Danilo Astori dijo que, en particular en lo fiscal, hay una visión dominante que “emana” desde OPP.
—Mientras Ariel Davrieux fue su director, la OPP fue muy influyente en la gestión fiscal. Cuando él no estuvo, en el gobierno blanco de 1990 a 1995 y en los períodos del Frente Amplio, esa oficina pasó a tener un rol más secundario. Parece estar claro que, hoy, algunas de esas cosas que habían estado centralizadas en el Ministerio de Economía, pasaron a estar repartidas con la OPP. ¿Cuánto? Todavía es prematuro decirlo.
Ahora, dada la experiencia que tiene (el director de la OPP) Isaac Alfie, es lógico que tenga un rol específico muy relevante, incluso en la capacidad de veto. Pero, más allá de lo que parezca, está claro que el conductor y responsable político es el ministerio. Entre Arbeleche y Alfie no veo una fisura.
—Insisto: ¿la formulación y negociación presupuestal mostrará el grado de fortaleza de Arbeleche? En el pasado hubo algunos ministros políticamente débiles.
—(Enrique) Braga, (Alberto) Bensión y (Fernando) Lorenzo enfrentaron dificultades políticas por distintas razones. Con Lorenzo, en el período de Mujica la conducción económica estuvo en manos del sector que había perdido la elección interna, lo que generó un conjunto de fragilidades y llevó a que a alguien se le ocurriera crear una especie de equipo económico paralelo para hacer contrabalance, con resultados no satisfactorios.
Braga y Bensión tuvieron fuerte respaldo del presidente, pero no necesariamente una buena articulación con el sistema político.
La lección es que el ministro debe tener un fuerte respaldo del presidente —y Arbeleche lo tiene, eso está fuera de discusión— y una gran capacidad de interacción con el sistema político. Hoy al equipo económico lo tenemos que ver como la sumatoria del ministerio y la OPP, y si logra esas cosas. Parecería que sí, pero habrá que verlo en la cancha.
—Antes dijo que la agenda del Frente Amplio quedó opacada. ¿La izquierda todavía no se logró ubicar como oposición?
—Al Frente —o por lo menos a una buena parte— lo veo como al equipo de fútbol que pensó que llegaba a un partido difícil pero con altas chances de ganarlo, y que terminó perdiendo. Y todavía no encontró la manera de plantarse ante este resultado adverso.
Es un momento de transición de los liderazgos y todavía no encontró un discurso desde donde articular; el debate en torno al Presupuesto —si hay que poner el foco en la reactivación o el ajuste— le va a dar un lugar. En el gobierno hay una mayor confianza en el rol del sector privado como gran articulador de lo económico, en relación con lo que es la visión del Frente. Dice: yo le voy a dar condiciones de estabilidad y de previsibilidad para que se despejen incertidumbres de competitividad, de precios y tributarias, y eso es suficiente para que el sector privado promueva una mayor inversión. Ese es el motor, en la visión del nuevo gobierno.
—¿Ese énfasis debería verse, también, en cómo maneja la política monetaria y de ingresos?
—En línea con esa confianza en el sector privado, si se aplica una política monetaria consistente y creíble en términos de que las metas de inflación se cumplen, tenderían a desaparecer ciertas patologías de la economía uruguaya. ¿Qué patologías? Típicamente, los seguros implícitos en los contratos, como las cláusulas automáticas de ajuste para los salarios cuando la inflación supera determinado nivel. De eso, que refleja la falta de credibilidad en las metas, está lleno en Uruguay.
Lo que ha dicho en las últimas semanas el presidente del Banco Central es que se va a intentar cumplir con las metas establecidas, que se haría la política monetaria menos discrecional y persiguiendo menos objetivos. Ha insinuado que se volverá a un régimen de tasas de interés, que es más transparente que el actual de agregados monetarios. Esto configura un cambio; aunque no se dijo explícitamente, es evidente que en los últimos años el Banco Central estaba cómodo con una inflación en torno a 7% u 8%, a pesar de que superara el rango meta, porque asumía que tenía otros mandatos. Avanzar en la dirección de tener un Banco Central mucho más claro y reglado, obliga a ser mucho más disciplinado desde el punto de vista fiscal y a desindexar aquellos seguros —en los salarios, en las paramétricas de las tarifas y otros precios administrados— que arriesgan retroalimentar el sistema de precios. Lo peor que podría pasar es tener una política monetaria contractiva, junto con una política fiscal que no se termine de ajustar. Otro riesgo es que el país se vuelva muy atractivo para el ingreso de capitales de corto plazo, lo que podría apreciar el tipo de cambio, afectando la competitividad.
La cuestión está en cuáles son los objetivos clave de la política económica para que la discusión no sea si régimen de tasas sí o no. Porque la impresión que uno tiene hasta ahora, pandemia mediante, es que estamos en modo emergencia. Por tanto, estamos hablando de cosas importantes pero dispersas, y hay que hacer un esfuerzo muy grande para reconstruir hacia dónde vamos y por qué vamos hacia allí. Dado el contexto, hay que tener la suficiente paciencia; pero en la exposición de motivos y el plan presupuestal es clave poder entenderlo. Eso es lo que estará evaluando cualquier observador internacional.
Economía
2020-07-16T00:00:00
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