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    Con la inflación cediendo, a fin de año “la credibilidad va a estar cumplida”, un paso para tener “una moneda de calidad

    El presidente del Banco Central dice que la recuperación económica “sigue”, aunque “más lenta”, y que la vacunación llega en buen momento: “No es que en marzo vamos a estar en condiciones normales”, pero se podrá ver “dónde está la salida”

    Uruguay transita por la “primera ola” de contagios de Covid-19, con cifras diarias preocupantes. De todos modos, desde el equipo económico de gobierno mantienen un cauto optimismo sobre la recuperación de la actividad. Está siendo “más lenta”, aunque no se detuvo, asegura el presidente del Banco Central (BCU), Diego Labat. Además, sostiene que la noticia de la próxima vacunación “viene muy bien en este momento (…). Está claro que no es que en marzo vamos a estar en condiciones normales, pero sí se empieza a visualizar dónde está la salida”.

    Su mirada positiva aplica para la situación fiscal: “No veo dificultades”, dice, aunque evita entrar en polémicas políticas. También para áreas que son de su responsabilidad más directa, como la monetaria y la contención del alza de precios en la economía. La inflación comenzará “a ceder y se va a notar en los próximos meses; cuando terminemos muy bien este 2021, ahí sí la credibilidad va a estar cumplida”, vaticina. Eso irá abriendo la puerta a una reforma que, si prospera, pondrá a Uruguay en una categoría superior: tener un peso “de calidad”, en el que la gente confíe y que esté dispuesta a atesorar. Pero aclara: “Estuvimos 50 años descreyendo de nuestra moneda y no vamos a empezar a creer en seis meses”.

    Lo que sigue es una síntesis de la entrevista que Labat mantuvo con Búsqueda, vía plataformas, desde su despacho en el BCU.

    —La actividad económica y el empleo venían levantando antes de que, hace pocas semanas, se iniciara la “primera ola” de contagios en Uruguay. ¿Se cortó la recuperación?

    —Varios indicadores van en el buen sentido y veo que se mantiene la recuperación iniciada en el segundo semestre, pero que es más lenta, sobre todo por ciertas dificultades en algunos sectores. El caso más claro es el turismo.

    —¿Sigue en pie, entonces, la expectativa de una evolución del nivel de actividad en forma “V”?

    —…seguramente más estirada y donde se corra un poquito el momento en que se llegue a los niveles prepandemia. Sí más lenta, pero sí la V.

    —¿El riesgo de un corte en la cadena de pagos y problemas con la morosidad quedó superado o puede resurgir con esta ola de contagios que llevó a alentar al distanciamiento social?

    —Sin duda, eso está fuera de los escenarios que manejamos ahora. Cuando se inició la pandemia, las incógnitas eran tales que se podía manejar esa posibilidad. Hoy está claro que no.

    La morosidad tuvo un pequeño deterioro, pero igual está por debajo de los niveles de hace dos años. Podría haber algún desvío en los datos por las refinanciaciones que se dieron, aunque no sería más de un 1%. No parece haber un problema ahí; por supuesto, si aparece algún sector que requiera medidas, las iremos viendo. Ahora estamos analizando alguna cosa para el turismo y los salones de fiestas; lo que buscamos, como lo hicimos el año pasado, es que no sean las normas las que tranquen refinanciaciones entre privados.

    —¿Qué incidencia se espera que tenga la vacunación en el desempeño de la economía?

    —Es bien importante el tener fechas más claras de vacunación porque permiten que la economía empiece a ver la luz al final. La noticia viene muy bien en este momento. Está claro que no es que en marzo vamos a estar en condiciones normales, pero sí se empieza a visualizar dónde está la salida.

    —¿El crecimiento de 3,6% del Producto Bruto Interno (PBI) proyectado para 2021 por el BCU ya incorpora el escenario de la vacunación?

    —Sí, básicamente. Ese es un pronóstico de fines de diciembre, cuando no teníamos una fecha exacta, pero estaba claro que estaría la vacuna.

    —¿Qué destaca del contexto externo, con posibles efectos sobre Uruguay para este año?

    —Al igual que a nosotros, a la economía mundial se le ha hecho más lenta la recuperación. Las buenas noticias del exterior para Uruguay son los precios de los commodities sólidos y que parecen ser una tendencia por un tiempo bastante largo; en parte es la contracara del dólar débil, pero también responde a otras razones, como la recuperación más rápido de China que el resto.

    Partiendo de donde partimos, con un escenario de pandemia, hoy hay algunas luces que permiten pensar en un escenario razonablemente bueno para Uruguay.

    —¿También es optimista sobre lo que pueda provenir de Argentina y Brasil?

    —Quizás haya matices.

    El problema de Brasil es el lento crecimiento que ha tenido en los últimos años. Pero parece tener algunos puntos positivos para recuperarse. Argentina tiene un contexto macro —exacerbado por el año electoral— que nos da más incertidumbre. Ninguno de los dos países nos ayuda, pero sería más optimista sobre Brasil. Lo que nos compete es estar muy atentos a la región; por suerte Uruguay de alguna manera se ha desacoplado y tomó cierta independencia, no total, con lo cual hay que seguir monitoreando siempre y estar prontos ante cualquier mala noticia de la región.

    —El PBI habría caído más de 5% en 2020 —según la nueva estimación del gobierno—, por encima de lo previsto en el Presupuesto, a la vez que el rebote en 2021 sería menor. Dado que se recaudaría menos y posiblemente haya gastos adicionales asociados a la “primera ola”, ¿cuál es la trayectoria fiscal esperada?

    —La situación fiscal está dentro de lo razonable para el escenario de pandemia.

    Para nosotros, desde la perspectiva del Banco Central, responsable de la política monetaria, lo importante es tener consistencia con el resto de las políticas. Y hoy, con lo fiscal, nos sentimos cómodos. El Presupuesto es austero y razonable, aunque por supuesto deberá ir teniendo las correcciones necesarias. Pero es consistente con nuestra tarea.

    En lo fiscal no veo dificultades.

    —En una reciente entrevista con Búsqueda el analista Javier de Haedo consideró “insignificante” la baja en el déficit fiscal estructural y estimó que la corrección irá “mucho más despacio” de lo anunciado. ¿Se pudo avanzar poco en este aspecto?

    —No quiero hacer ninguna expresión porque corresponde que cada integrante del equipo económico se dedique a lo suyo, y en esto la derecha es de la ministra. En lo fiscal o lo salarial no nos tenemos que meter, pero vemos a las políticas alineadas, por supuesto, con una muy buena coordinación con el resto del equipo.

    Desde el Ministerio de Economía se han hecho todos los esfuerzos posibles para ir corrigiendo; eso no quiere decir que no se vayan a hacer otras correcciones.

    Leí a Javier y está bien lo que plantea… también hay otros que plantean que hay que gastar mucho más. La ministra ha encontrado un equilibrio adecuado y nosotros nos sentimos conformes con esta variable.

    —¿Qué responde a la crítica que hacen desde la oposición por el cambio de criterio en el ajuste de la Base de Prestaciones y Contribuciones, que afecta los mínimos del IRPF y el IASS, además de algunos beneficios sociales?

    —Está dentro de lo que la ley permite. Es eso. No tiene sentido entrar en el debate; es un criterio que tomó el ministerio.

    —¿Era algo previsto antes de asumir el gobierno —que no se dijo— o fue la forma de mantener recaudación sin violentar la promesa de no subir los impuestos?

    —No tengo información para responder eso.

    —¿Cómo evalúa el funcionamiento de la coalición de gobierno en este casi primer año?

    —Voy a contestar en lo que le compete al BCU: hemos ido al Parlamento las veces que fue necesario para explicar algunas cuestiones de la LUC, por el Presupuesto, por temas de usura. Es una coalición de distintos actores y hemos respondido a todos.

    Del punto de vista de la política económica la coalición cumplió con todo lo que tenía que cumplir.

    —Algunos ven el proyecto de ley de Cabildo Abierto para limitar la forestación como un mensaje peligroso para la economía y las inversiones. ¿Qué dice usted?

    —Hay que ver cómo se desenvuelve. No me voy a expedir sobre eso.

    —¿Está conforme con la baja que mostró la inflación anual en los meses recientes?

    —Tenemos dos compromisos. El nuestro, que definimos en el Comité de Política Monetaria, es llegar a fin de diciembre del 2022 con una inflación de entre 3% y 6%. Por otro lado, tenemos acordado en el Comité de Coordinación Macroeconómico un sendero de caída de la inflación que termina en 3,7% al final del 2024; no es un compromiso tan explícito, pero señala hacia dónde queremos ir.

    Vemos una inflación cayendo en forma importante, sobre todo en este primer semestre, y esperamos que esté cerca de 6% sobre fin del año. Eso es parte de las reformas que hemos hecho: empezar a mostrar nuestra proyección.

    Lo que más nos importa es comenzar a tener expectativas alineadas; las de los analistas están en 7% para el horizonte de la política, pero las de los empresarios todavía siguen desalineadas; están en 8,5%, aunque hace seis meses estaban en 10%. Vamos a seguir introduciendo nuevas cosas en la comunicación para ser más transparentes. Y que el resto de las políticas estén alineadas... las correcciones salariales de mitad de este año serán importantes.

    Algunos indicadores de credibilidad se empiezan a ver. Al conversar sobre las anteriores pautas, el Ministerio de Trabajo terminó acordando una corrección de 3% para principio de 2021. El ministro nos preguntó nuestras proyecciones y yo claramente le dije que en el segundo semestre del 2020 estaría por debajo del 3%; terminamos con 2,43%. Eso es parte de la construcción de credibilidad. Si uno quiere que las pautas salariales se empiecen a mirar hacia delante, después hay que empezar a cumplir. Un primer cumplimiento ya lo dimos en el segundo semestre, con lo cual la corrección estará por encima de ese registro. Esto es una construcción paso a paso; a veces las ansiedades o las opiniones rápidas pueden llevar a creer que la inflación va a caer de golpe y eso no es así; la indexación en Uruguay es muy fuerte y debemos trabajar en todos los aspectos, los que corresponden al BCU y también con las otras políticas.

    La inflación va a empezar a ceder y se va a notar en los próximos meses; cuando terminemos muy bien este 2021, ahí sí la credibilidad va a estar cumplida.

    —¿Qué evaluación hace del uso de la tasa de interés como eje de la política monetaria, adoptado por el BCU a partir de setiembre?

    —Como decía, las expectativas no están todavía dentro de lo que quisiéramos, pero ya se empieza a notar una cierta consistencia con nuestras proyecciones. El cambio de la comunicación y del instrumento se han desenvuelto muy bien, y hemos cumplido con el 4,5% (de referencia). Además, siempre mostrando el compromiso hacia delante: no es que tenemos total flexibilidad y no nos importe la inflación. En el horizonte de política monetaria, nos importa la inflación.

    El mercado de dinero tuvo un mucho mayor desarrollo; sobre todo al principio los bancos tenían ciertos temores, que de a poquito los han ido levantando. Hoy está claro que si pasa —como pasó este mes— que hay un exceso de liquidez, el BCU está, toma esos pesos. Y cuando el mercado esté para el otro lado, lo mismo, siempre cumpliendo con la meta de tasa. A todos nos gustaría tener resultados en 60 días. No, los resultados van a ir cayendo paso a paso, sin movernos de lo prometido.

    —El director de la Asesoría Económica del BCU, Gerardo Licandro, dijo en El País hace algunas semanas que el diálogo con distintos actores que inició el organismo debería terminar con un proyecto de ley que opere como un lanzamiento que le diga a todos: “bajamos la inflación, ahora es momento de pasarnos a pesos”, poniendo en marcha los incentivos necesarios. ¿Cuándo ocurrirá eso y qué cambios concretos supondrá?

    —Nosotros podemos aplicar el nuevo instrumento (de política monetaria) y conseguir una baja de la inflación, pero también tenemos que ir poniendo los cimientos para el largo plazo. El programa de desdolarización tiene que funcionar como un complemento del nuevo marco de política monetaria. Seguramente hagamos un lanzamiento el mes que viene, aunque es algo que venimos trabajando desde principios de 2020 y en ese marco estuvieron los cambios en el régimen de encajes, para favorecer la intermediación en pesos. También tomamos alguna normativa en materia de créditos.

    Todo esto se hará con una premisa que es de libertad: no vamos a obligar a nadie a que se pase a pesos, si no tratar de alinear los incentivos para que eso ocurra.

    Una cosa, seguramente la central para que la gente empiece a creer, es bajar la inflación a niveles más razonables.

    Otro aspecto es el cultural y empezar a trabajar con la comunicación. El BCU está conversando con cámaras empresariales, como la de la construcción, para tratar de entender por qué los precios en el sector terminan siendo en dólares cuando lo razonable es que sean en pesos. Ese es un camino de mediano y largo plazo; los uruguayos estuvimos 50 años descreyendo de nuestra moneda y no vamos a empezar a creer en seis meses, pasando todos nuestros ahorros a pesos. Sí podemos empezar a transaccionar cada vez más en pesos e incluirlos un poco más en nuestra canasta de ahorro; con los bancos estamos trabajando para que su oferta de productos en pesos esté. Notoriamente se puede ver, sobre todo en banca corporativa, que algunos bancos han tomado el mensaje y están prestando bastante más en pesos; otros van más lento.

    Todo esto busca ser una línea de trabajo indicando hacia dónde vamos, y no tanto querer llegar a algo en seis meses. Debe quedar claro el camino: para que en Uruguay una baja de la inflación termine siendo permanente se requieren de políticas de largo plazo que acompañen y vayan mostrando que esto viene para quedarse.

    —¿Se imagina al uruguayo comprando en pesos una casa o un auto, o los informativos de televisión que no muestren la pizarra de cotización como lo hacen con el pronóstico del clima?

    —Sí, sí. El ejemplo más claro: Argentina tiene una inflación del 50% y los autos se venden en pesos. Nada impediría; hay cuestiones culturales que hay que ir levantando.

    Presentaremos un documento para mostrar por qué queremos una moneda de calidad. ¿Por qué? No es un capricho del BCU tener una moneda de calidad, es algo que tiene un montón de beneficios relacionados con los descalces de los ciudadanos y las empresas.

    Lo que no podemos es ser ansiosos. Enseguida de la crisis del 2002 se lanzó la UI (unidad indexada a la inflación) y no tuvo efectos inmediatos. Pero unos 18 años después se puede decir que fue una buena cosa. Hoy muchos hogares uruguayos están endeudados en UI y gracias a eso estamos mucho mejor. Así hay que tomarse la desdolarización; ir dando paso tras paso, porque al final del camino todos estemos un poco mejor.

    —Si tienen éxito, ¿sería la desdolarización una de las reformas microeconómicas —con efectos macro— más relevantes de este período de gobierno?

    —No quiero… creo que hay varias reformas importantes en curso. Hemos aprendido a convivir con cosas a las que nos acostumbramos, pero eso no quiere decir que sean buenas. Esta es una reforma importante que nos llevará a tener un Uruguay mejor en los próximos años.

    • Recuadro de la entrevista

     

    Problemas de “1970” por la falta de sistemas de compensación “integrales y ágiles”

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