Cuando los precios de los productos del agro, principalmente de los granos y de la carne, parecen estar por las nubes, con registros de entre los máximos históricos, no suele ser habitual pensar en el ahorro.
Cuando los precios de los productos del agro, principalmente de los granos y de la carne, parecen estar por las nubes, con registros de entre los máximos históricos, no suele ser habitual pensar en el ahorro.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáY en este caso no se trata del término ahorrar en el sentido limitado al depósito de cierto monto de dinero en una cuenta bancaria, sino de la gestión y la administración de los recursos, específicamente de un insumo clave para producir, como son los fertilizantes.

En un contexto en el que la tendencia alcista del precio de la urea y otros productos para fertilizar parecía no tener techo, incluso en varios casos sus valores llegaron a “triplicarse”, una de las estrategias de los productores fue hacerse de stock.
Con algo de abastecimiento acumulado y una racional utilización de los ciertos fertilizantes, los empresarios agrícolas supieron minimizar el impacto del encarecimiento de esos insumos.
Si bien el incremento de los costos productivos, especialmente por el alza de los precios de los fertilizantes, restó margen de rentabilidad a los negocios, “el resultado económico del negocio sigue siendo positivo”, señaló a Búsqueda el responsable comercial de la empresa Pedro Macció & Cía., Roberto Lingeri.
Dijo también que en las anteriores zafras agrícolas el precio de los granos estaba en US$ 300 por tonelada, como en el caso de la soja, y ahora está en US$ 600 la tonelada. Lo mismo sucede con otros productos agrícolas, porque también la colza registra valores superiores a US$ 700 la tonelada y el trigo subió a US$ 400 por tonelada, comentó.
Lingeri se refirió a que en el caso de los fertilizantes en la zafra de cultivos de invierno del año pasado ya habían aumentado los precios, y la urea estaba entre US$ 400 y US$ 450 la tonelada.
Entre los principales factores que en ese momento incidieron en el incremento de esos valores figuró el problema logístico, principalmente en puertos chinos, que derivó en un aumento del costo de los fletes marítimos, señaló. Relató que primero fue el impacto de la pandemia Covid-19, sumado a medidas sanitarias internas aplicadas en las economías del mundo, y luego llegó la guerra en Ucrania, provocando nuevamente un alza en los precios de los fertilizantes.
Si se comparan los valores de mediados de 2021 con los registrados entre fines del año pasado y los primeros meses de 2022 son “el triple”, y recientemente empezaron a bajar para quedar en “el doble”, resumió Lingeri.
Indicó a su vez que hoy la urea está en US$ 900 la tonelada y el año pasado estaba entre US$ 350 y US$ 450, pero llegó a picos de US$ 1.200 hace unos meses.
“La ecuación económica de la agricultura se mantiene con márgenes positivos, porque lo que se producía con esos costos de fertilizantes también se valorizó”, enfatizó ese ejecutivo. Y a modo de ejemplo advirtió que el contrato de venta de soja en la posición de mayo de 2023 en la Bolsa de Chicago, cuando se coseche la próxima producción, está entre US$ 520 y US$ 530 la tonelada. “Son valores muy altos todavía”, resaltó.
En la presente siembra de cultivos de invierno (trigo, colza y cebada) el productor tuvo que pagar insumos más caros, priorizó la implantación de la colza y continuó con la de cebada y trigo.
Hay una amplia variedad de situaciones, pero en general la manera de afrontar ese encarecimiento de los costos productivos fue la de tomar posición y comprar los fertilizantes, además de complementar con los productos que ya se tenían acumulados.
Eso se notó en la demanda de fertilizantes este año, porque los productores que tenían reserva de fósforo lo utilizaron ahora o lo usaron menos, lo mismo pasó con el potasio, aseguró Lingeri. Dijo que los productores “fertilizaron menos”, con la idea de “fertilizar lo imprescindible”.
“En el caso del nitrógeno no lo pueden suplir y lo tienen que utilizar sí o sí, entonces mueve la aguja”, sostuvo. Por eso, consideró que “es positivo que esté bajando el precio de la urea”.
“La demanda de fósforo y de potasio disminuyó, mientras que la de nitrógeno está más o menos igual respecto al año pasado”, indicó.
Entre enero y mayo de este año las importaciones de abonos minerales registraron un fuerte incremento. En una de las partidas arancelarias aumentó 93% y en otra creció 106% respecto a igual período de 2021, lo que representó en conjunto un monto de US$ 196 millones, según datos del instituto Uruguay XXI.
Las cifras muestran que los abonos minerales figuran en el ranking de los 10 productos más importados de Uruguay.
China, la zona de Rusia, Ucrania y Bielorrusia, además de algunos países del norte de África, son los principales centros de abastecimiento de fertilizantes por parte de las empresas uruguayas del sector.
Es por eso que el conflicto bélico entre rusos y ucranianos afectó el negocio sectorial, tanto en los precios como en el flujo de distribución. Eso hizo que las firmas del rubro buscaran alternar en cuanto a sus fuentes de provisión, como manera de prever el aseguramiento de productos para atender la demanda del agro local.
Más aún considerando las perspectivas favorables para la producción del campo, que requiere una frecuente inversión en las chacras agrícolas y en las praderas ganaderas.
Tras una zafra de invierno con rendimientos productivos y precios favorables, sumada a esta cosecha de verano que está por terminar, el endeudamiento de las empresas agrícolas tiende a “achicarse”, reconoció el responsable comercial de Macció.
Acotó que se prevé el cumplimiento del pago de las deudas con los proveedores de insumos, con los bancos y con otros prestadores de servicios financieros.
Algunos productores pagan las compras de insumos al contado, otros toman créditos y en ciertos casos las financian, contó.
Al ser consultado sobre el saneamiento financiero del sector agrícola, como consecuencia de los resultados favorables de las recientes zafras, Lingeri declaró que “viene en camino a sanearse” y tiene “buenas perspectivas” tras las campañas agrícolas de invierno y la reciente de verano.
“Ahora al cierre de la cosecha” de los cultivos de soja y maíz “se va a pagar mucha deuda”, afirmó.
Consideró que “sería muy irresponsable decir que el sector se saneó” porque “no se conoce la situación particular” de cada productor o empresa.
Con costos mayores, ahora el empresario agrícola debe hacer una apuesta más grande en inversión, lo que representa aumentar el riesgo de esa jugada.
Es por eso que las firmas proveedores de insumos y otros actores que participan del financiamiento de cada zafra toman sus precauciones, y se cubren las espaldas, mediante el análisis minucioso de las garantías y el perfil del productor.
Si antes para producir precisabas 10, ahora necesitás 20, entonces si te sale mal la cosecha en vez de deber 10 vas a tener el doble de deuda, advirtió Lingeri.