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El domingo 12 fue oscuro y lluvioso pero no impidió que la Sala Delmira Agustini del Teatro Solís se viera desbordada por el público, que agotó las sillas y debió sentarse en el piso para escuchar a la pianista uruguaya Raquel Boldorini. Es muy buena la acústica de esta sala para recitales de este tipo. Y también fue muy buena la conducta de un público conocedor de la regla de no aplaudir entre la ejecución de distintas obras de un mismo compositor. Bienvenido sea el silencio para una mejor concentración de la artista y de los oyentes. El programa era inteligente y breve: una hora de piano que abarcó el clasicismo con Haydn, el romanticismo con Mendelssohn y Chopin, el posromanticismo con Rachmaninov y eso que se ha llamado impresionismo pero que en realidad es un nuevo lenguaje, con Debussy.
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La Sonata Nº38 en Fa mayor de Haydn (1732-1809), compuesta en 1773, mostró a la intérprete con dedos precisos en ambas manos para los movimientos extremos y un soberbio regodeo en el canto del adagio. Las tres mazurcas de Chopin (1810-1849) recibieron un enfoque rico en contrastes y en sus arrebatos danzantes, subrayando siempre la línea de canto con gran sensibilidad. De Rachmaninov (1873-1943) hizo dos conocidos preludios: el Nº12 del opus 32 en sol sostenido menor y el Nº2 del opus 3 en do sostenido menor. En este último exhibió una consumada técnica de acordes con un sonido lleno que inundó la sala, y un magnífico diminuendo final hasta el pianissimo.
Con Debussy (1862-1918) se cerró el recital. Si se hubiera seguido con la cronología, debería haberse cerrado con Rachmaninov, de época posterior al francés. Sin embargo, fue un acierto no hacerlo, porque el lenguaje del compositor ruso, aunque personal e intransferible, está mucho más emparentado con los románticos, a quienes les hizo compañía de proximidad en el programa. El lenguaje debussyano en cambio es algo distinto, si se quiere rupturista en su momento, donde la armonía y el color trepan a los primeros lugares desplazando al tema, a la melodía y a la estructura.
No es novedad lo que Boldorini hace con Debussy. Fue una revelación hace 30 años largos, cuando le escuché los Doce estudios compuestos en 1915. Poco tiempo antes, entre 1910 y 1913, escribió los preludios, que al igual que los estudios dividió en dos libros. De estos preludios Boldorini eligió del primer libro La sérénade interrompue y del segundo La terrasse des audiences du clair de Lune y Feux d’artifice. En todos ellos hizo gala de una paleta sonora colorida, control de la gama dinámica, y de un notable legato en pasajes complejos de los “fuegos artificiales”.
He dejado para el final lo que a mi juicio fue el punto más alto de la noche, las Variaciones serias opus 54 de Félix Mendelssohn (1809-1847). Esta obra compuesta en 1841 es de las páginas de piano más brillantes y profundas del autor. Un tema de gran belleza y pathos y 17 variaciones con amplia gama de diferentes climas contrastantes, han colocado estas páginas dentro de la literatura pianística a la par de las principales variaciones escritas por Beethoven, Brahms y Schumann.
Es la primera vez que escucho esta obra en manos de Boldorini y el impacto fue similar al de muchos años atrás cuando escuché la Fantasía bética de De Falla por la misma intérprete. Es una gran pianista, con un toque personal que la hace distinta al común de los virtuosos. Su enfoque de este Mendelssohn ostenta un aplomo derivado quizás de tiempos mínimamente más lentos que los habituales. Esa falta de prisa le permite redondear un sonido opulento y un fraseo más penetrante. La pianista realiza una mínima pausa, muy adecuada, después de cada variación. Sus manos rinden de forma pareja; la izquierda es notable en sonoridad, por ejemplo en la tercera variación. Tiene un sentido de la estructura que le da una lógica perfecta a la lectura de principio a fin. Su versión de esta obra, que cerró la primera parte del recital, fue conmovedora. Así pareció entenderlo también el público, que aplaudió con una intensidad poco común.
Una pregunta me persigue hace muchos años: ¿por qué no tenemos en el mercado grabaciones de Raquel Boldorini? ¿Qué factores han postergado o impedido este emprendimiento? Después de escucharla en este recital, la pregunta sigue más que nunca en pie.