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    Contámelo en cuadritos

    Los libros de cómic avanzan en el mercado editorial

    Con una larga tradición en el Río de la Plata, la historieta uruguaya ha mantenido un regular ritmo en sus publicaciones, con momentos de mayor o menor efervescencia. Pero desde la última década, el cómic ha vivido un especial empuje de la mano de variados autores que no solo publican en revistas, sino también en libros de muy buena calidad gráfica.

    De las “Novelas ejemplares” de Cervantes a la historia nacional, de la obra de Onetti a la de Felisberto Hernández, del retrato de Zitarrosa a los últimos días del Graf Spee: todo puede ser contado a través de una historieta. Algunas usan las tradicionales viñetas con los diálogos en globitos, y en otras no hace falta la palabra porque el dibujo ya cuenta por sí solo. También hay autores que optan por una ilustración más libre, fuera de los cuadritos, o los que crean su propia historia o los que adaptan la de otros con diferentes grados de respeto al texto original. En cualquier caso, el producto es una nueva narrativa que exige una diferente lectura.

    Sobre este auge del cómic llevado al libro, Búsqueda conversó con Sebastián Santana (La Plata, Argentina, 1977), un ilustrador reconocido por sus trabajos en afiches y en literatura infantil, y con Rodolfo Santullo (México DF, 1979), periodista, narrador e historietista, que está al frente de la editorial Belerofonte, dedicada a la publicación de libros de cómics.

    Santana se considera antes que nada un ilustrador, pero también se define como “un escritor que ilustra”, porque siempre lo sedujo el vínculo con lo literario. “No alcanza con rellenar espacios o crear diálogos que estén buenos. Busco crear una narrativa, un ambiente que no está ni en el guión ni en los esquemas de dibujos”, explica.

    Piensa que el creciente número de libros de cómic en el mercado se debe, entre otros factores, a que en los Fondos Concursables, que convoca el Ministerio de Educación y Cultura, se premia el relato gráfico como una categoría específica. “Eso dinamizó a gente que tenía muchas carpetas guardadas con trabajos. Es un arte muy caro de producir para los autores y también es caro para comercializar. La subvención de los Fondos ayuda a que el precio sea menor”. Los libros de cómic más baratos, en blanco y negro y de pocas páginas, salen con el subsidio alrededor de 250 pesos; los que tienen color, 350 pesos. También a partir de estas convocatorias comenzaron a publicar argentinos e incluso europeos junto con uruguayos, lo que provocó una mayor profesionalización.

    Para Santullo, a partir del 2000 la generación que empezó a producir pudo mantener en forma sostenida sus publicaciones, algo que antes de esa fecha no sucedía porque las revistas sacaban solo uno o dos números. “En la revista ‘Balazo’ se juntaron nueve o diez historietistas y llegaron a los nueve números. Y cuando dejó de salir, ya había otras experiencias en el mercado como “Guacho” o “Quimera”, que duró diez años”.

    Por esa época surgió Montevideo Cómics, una convención dedicada a la historieta que este año, en su edición número 12, se vuelve a reunir el sábado 7 y domingo 8 en el Auditorio del Sodre. “No solo le dio visibilidad al cómic, sino que nos obligó a tener libros nuevos, porque el público objetivo está ahí”, explica el editor.

    Santullo se considera un “lisiado de la historieta” por su incapacidad para el dibujo, pero lleva escritos varios libros en el género. Su editorial Belerofonte se unió con las uruguayas Dragón Cómics y Estuario, y con la argentina Loco Rabia y formaron el sello Mojito, con el que publicaron, por ejemplo, las “Novelas ejemplares” de Cervantes. Para ese libro, Santullo hizo una versión de “La ilustre fregona” en 18 páginas, y la ambientó en 2012 en Tijuana. “Me costó muchísimo la adaptación, hasta que algo me hizo ‘clic’ y me di cuenta de que tenía que transformar la historia en un ‘narcocorrido’, como si fuera un western moderno”.

    Con el sello Mojito y la Fundación Lolita Rubial se convocó a un concurso de cómics, y el ganador fue Gabriel Ciccariello (Zgabros) con “Los pasajeros perdidos”, una aventura contada con humor a través de personajes fantásticos. El premio se entregará dentro de un mes en Minas, donde se encuentra el Museo del Humor y la Historieta.

    Si bien la temática varía, hay un interés creciente en contar la historia nacional a través de viñetas. “Los argentinos nos preguntan: ‘¿Ustedes hacen cómics con los libros de historia en la mano?’. Yo creo que en parte se debe a que en los Fondos Concursables en un momento se daba mayor puntaje si los libros rescataban los valores nacionales, aunque cada vez que digo esto, la gente de los Fondos me contradice”, explica Santullo.

    Él es el autor, junto con el dibujante Guillermo Hansz, del libro “El club de los ilustres”, que se desarrolla en un Uruguay apócrifo de fines del siglo XIX en el que aparecen José Pedro Varela, Delmira Agustini, Horacio Quiroga y Aparicio Saravia. “Me gusta jugar con la historia real e imaginar que quienes fueron contemporáneos realmente se conocieron. Entonces me inventé una puja entre Saravia y Varela en tono de sátira. Siempre pensé que los profesores de Historia me iban a correr con antorchas por este libro, pero ocurrió lo contrario porque lo usan como enganche con los estudiantes. Lo hemos llevado a charlas en liceos y resulta muy divertido”.

    De tapa negra.

    “Con Sebastián tenemos tres puntos en común: nacimos fuera del país, nos encanta el cine y somos de los más grandes fans de Henry Trujillo”, dice Santullo para explicar la influencia que la literatura del escritor uruguayo tuvo en sus obras.

    A Santana le sucedió algo similar al leer la novela “Torquator” cuando era un adolescente. Después Trujillo fue su docente universitario y se volvió a deslumbrar con su obra. “Eso fue por el 96, cuando estaba comenzando a mirar con desdén la literatura uruguaya porque todos escribían como Benedetti. Cuando leí ‘Gato que aparece en la noche’ quise apropiarme de sus palabras, era el cuento que yo quería haber escrito”. Entonces hizo una historieta sobre ese cuento que le gustó mucho a Santullo y le propuso hacer otro libro.

    Así nació “Palabra”, inspirado en cinco cuentos de Trujillo, que Santana concibió como si fuera una “tesis”, un proyecto personal en donde volcar todo lo que aprendió en su trayectoria. “Pensé que nuestra historia no es más que un reflejo de la historia europea; entonces tomé sus tendencias artísticas para desarrollar una propia”.

    En “Palabra” convergen viñetas mudas, con una estética del siglo XIX, con dibujos art nouveau o del grabado religioso. Hay textos escritos con letra cursiva y otros que parecen gritar con letras de imprenta de diferentes tamaños. Para cada cuento, Santana buscó un núcleo temático, y así representó la libertad, la infancia, Dios, el miedo y la noche. Y cada historia tiene su epígrafe musical, con canciones de Nick Cave, Eduardo Darnauchans, Alfredo Zitarrosa, Will Oldham y Pequeña Orquesta Reincidente.

    El libro se iba a llamar “Persona”, pero en Santullo saltó su función de editor y se opuso “terminantemente” porque “era un título muy malo para estar en librerías”. Estuvo de acuerdo con el fundamento de Santana para que la tapa fuera negra. “Como había tanta mezcla de técnicas adentro, había que elegir una tapa como antítesis. Pero dejamos una sombra más clara y aparece la persona”, explica el dibujante.

    Los editores y autores de cómics solían ir con sus libros en las mochilas tratando de vender sus productos a los libreros, y muchas veces regresaban a sus casas con sus mochilas cargadas. Hoy tanto la producción como la distribución han evolucionado, y los libreros le han dado un lugar al cómic. “Habrá librerías que los ubiquen detrás de la novela nórdica o junto con los libros infantiles, pero cada vez pasa menos”, dice Santullo. Y agrega comprensivo: “Yo me pongo en el lugar de algunos libreros y entiendo que no sepan qué hacer con un libro de historietas para adultos”.

    Vida Cultural
    2014-06-05T00:00:00

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