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Una noche húmeda o templada o fría, no importa. La memoria del tango no está diseñada para las precisiones inocuas o los detalles bobetas. El asunto es que según cuenta la leyenda, que es lo fundamental, en la casa de Carlos Gardel que antaño funcionaba como una tanguería, allá, en el Abasto, antes de que se convirtiese en un museo y de que a unos cien metros se levantase un enorme shopping, el 29 de abril de 1973 el conductor y poeta Julio Jorge Nelson anunció a los presentes el debut del Sexteto Mayor. Nada de voces ni de nostalgia con las cuerdas vocales. El sexteto hizo su furibunda entrada con dos bandoneones, dos violines, un piano y un contrabajo. Los fundadores eran los que abrían y cerraban los fuelles: José “Pepe” Libertella y Luis Stazo.
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Cuarenta años después, los músicos han cambiado pero el espíritu sigue siendo el mismo: difundir la mejor música del Río de la Plata, la que lleva aires urbanos y misteriosos como si llegasen a través de la ventanilla lluviosa de un ómnibus (o colectivo), la que te pasea por todas tus vidas pasadas (que son básicamente las decisiones que no tomaste y los caminos que te perdiste), la que te arranca una lágrima dulce, una sonrisa amarga. Para festejar estas cuatro décadas y seguir por muchas más, el Sexteto Mayor se presentará el miércoles 19 de junio en la Sala Zitarrosa a las 21 horas. Estarán en el escenario los violinistas Mario Abramovich y Eduardo Walczak (el ala pesada y veterana del grupo), el pianista Fulvio Giraudo, el contrabajista Enrique Guerra y los bandoneonistas Lautaro Greco y Horacio Romo, este último también a cargo de la dirección musical. Tocarán, como dicen los presentadores de fino bigotito y voz impostada, los grandes tangos de ayer, hoy y siempre. En la apertura de la noche también se anuncia la presencia de Elsa Morán y Tango x 3.
Según Juan Libertella, hijo de Pepe y actual manager del grupo, el repertorio del Sexteto es de unos 200 tangos. Hay para elegir: “Universo”, “Oblivion”, “Gallo ciego”, “El Marne”, “Muerte del ángel”, “Desde el alma”, “La cumparsita”... lo que quieran. La banda podría tocar sin parar hasta morir, y el público podría escuchar de igual modo, hasta el final. Pero hay convenciones y límites espacio-temporales, por eso el repertorio incluirá “temas que fueron significativos en nuestra carrera y parte de lo que será nuestro futuro disco”, dice Juan Libertella, “porque la idea es seguir cumpliendo años”.
El Sexteto conserva el mismo espíritu, rigor y amor por el tango. Son músicos extraordinarios, aquellos y estos. Pero si escuchamos las viejas interpretaciones notamos algunas diferencias. Son mínimas, pero diferencias al fin. Los bandoneones de Libertella y Stazo suenan con una acentuación más necesaria, tanguera, del tipo se me va la vida en eso. Hay una especie de autoridad natural en la forma de tocar. Los actuales bandoneones de Romo y Greco suenan impecables y certeros, pero podrían ejecutar jazz con la misma pasión. Sienten el tango como gran música pero no como la única música.
De todos modos, basta de comparaciones. Son de viejo reaccionario. Ah, se murió Louis Armstrong, ninguna trompeta sonará igual. Ah, se murió Coltrane, ahora sí se acabó el jazz. Boludeces. Cuando fue fundado hace 40 años, el Sexteto Mayor no sabía hasta dónde iba a llegar. No fue fácil. Esta música te puede correr por las venas pero no es popular, aunque lo fue. Hubo inconvenientes, terribles encrucijadas como la muerte de Pepe Libertella, cambios imposibles de evitar. Pero siguieron adelante, aunque algún violinista se durmiera de cansancio recostado sobre su propio violín y ejecutando la melodía, aunque algún músico no estuviese de acuerdo con tal o cual arreglo.
Hasta hoy, este formidable grupo de tango ha recorrido más de 700 ciudades de cuatro continentes. Aviones, trenes y hoteles donde siempre dejaban algún rastro, la anotación en una servilleta durante un almuerzo, la hoja de una partitura como “Volver”, “El choclo” o “Mi Buenos Aires querido” en el costado del escenario de un teatro de Tokio o Praga.
El Sexteto siempre se fue ovacionado. “Nunca tuvimos problemas con el público”, dice Juan Libertella. “Es más, nos hemos llevado sorpresas muy agradables. Países como Rusia o Alemania muchas veces han demostrado ser muy calientes cuando uno hubiera esperado lo contrario. El tango es fácil de entender y su temática es universal”.
En la película “Tangos, el exilio de Gardel” (1985), Pino Solanas hacía malabarismos en una escena: la mateada entre San Martín y Gardel. Un poco rechinaba todo aquello por lo pretencioso, por el maquillaje un tanto burdo de los actores. Pero al fin y al cabo hay algo bien rioplatense, de boliche, en el diálogo entre los fantasmas. Más allá del mate, de la mina pirada, de los compadritos, de la casita de la vieja, del “che, vo”. No sería de extrañar que hubiese otra ronda amarga o de vino entre Ástor, El Zorzal, Discépolo, Pichuco y Pepe Libertella para celebrar la existencia de una agrupación como el Sexteto Mayor. Es que 40 años no son nada, pibe.