Ha muerto Daniel Scheck.
Ha muerto Daniel Scheck.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDaniel —éramos amigos, lo que me autoriza a llamarle por su nombre— era abogado; pero no ejerció.
En todo lo demás, ejerció. ¡Y cómo!
Fue un gran periodista y comunicador. Y no hay que explayarse mucho; basta citar las revistas “Lunes” y “Reporter”, y en televisión, “Telecataplum”.
¡Qué dos revistas! De “Lunes” fue fundador junto a su hermano Jorge, con quien también crearon el programa “Telecataplum”. Eran “Los Lobizones”.
“Lunes” fue una de las mejores revistas de humor que ha tenido Uruguay, que, por cierto, las ha tenido muy buenas, como “Peloduro”, “El Dedo” y “Guambia”. Tenía como finalidad “alegrar el peor día de la semana”, en el que hay que volver al trabajo.
De “Reporter” Daniel también fue uno de los creadores y su redactor responsable. Fue una revista de información y análisis, con periodistas de la talla de Luis Horacio Vignolo, Carlos María Gutiérrez y César di Candia, entre otros. Era un semanario de los buenos, y en las épocas de “Marcha”, nada menos. Era influyente. Si no me fallan los recuerdos, y por citar un caso, una entrevista que Di Candia le hiciera a Zelmar Michelini —“99 preguntas a ZM”— implicó un fuerte impulso para el entonces disidente diputado colorado y batllista, que había resuelto alejarse de la “15” de Luis Batlle y fundar su propia lista: la 99.
Una buena recomendación para los estudiantes de periodismo —y para los profesores también, ¿por qué no?— es ir a los archivos para rescatar y aprender de tan buenos exponentes del mejor periodismo uruguayo.
Y en ambas publicaciones, el periodista y comunicador Daniel Scheck, fue principal protagonista. También fue redactor deportivo y político de “El País”, fue luego su administrador y, en esta función, marcó su impronta innovadora e imaginativa.
Es difícil explicar lo que fue “Telecataplum”. Humor fino, de alto nivel intelectual, que dominó durante años en la televisión de Montevideo y Buenos Aires. Sin parangón. Quienes lo vieron no necesitan que nadie se lo explique. Quienes no, mala suerte; quizás, en esa línea y a ese nivel, solo “Les Luthiers”, uno de cuyos gags, si no le erro, fue tomado del programa de “Los Lobizones”.
Si tuviera que definir en dos palabras a Daniel, diría: humor y pasión. En todo lo que hacía, ¡y ni que hablar como hincha de Nacional! Fanático. Lo que se dice fanático, eso era él respecto a los tricolores. No iba a los clásicos (“no lo puedo aguantar”…“y si arriba ganan los manyas, es capaz que reviento”, me explicaba seriamente. Se iba al cine con su esposa Ángela (Chocha), quien con amor, paciencia y mucho humor sabía manejarlo. No veía la película atormentado por lo que estuviera pasando en el Estadio Centenario y al salir lo dominaba como un cierto fatalismo: “Otra vez nos ganaron”, le comentaba a Chocha. “¿Y cómo lo sabés?”, preguntaba ella. “¿No viste que el acomodador del cine, que tenía una tremenda cara de manya, estaba contento? Seguro que es porque ganaron”.
Estando en el exterior, la ansiedad no le daba paz; por lo menos hasta que desde Montevideo lo llamaban “los muchachos”, que no siempre llamaban y menos si había ganado Peñarol. Lo viví con él en más de una oportunidad. “Perdimos, ¿viste? Nos ganaron estos; el partido hace como dos horas que terminó y los muchachos no me han llamado”. Y Chocha sonreía. Y Daniel también, no perdía el humor, pero eso sí: un rato después.
Mayor pasión aún ponía Daniel en la defensa de lo que creía, en la defensa de sus ideas. Era tolerante —nadie con un gran sentido del humor puede ser intransigente— pero a la vez muy firme y había cosas con las cuales no transaba. No transaba con la hipocresía, con aquello de asumir o aceptar lo “políticamente correcto”. Era sin vueltas. No tenía miedo ni se dejaba tentar. “Que se vayan a cantarle a Gardel” (o algo así); “hay cosas en que no se puede ceder y menos por el grito de la tribuna o por unos pesos más o menos”, le oí decir más de una vez.
No solo era una mezcla de humor y pasión; añadía rectitud y ternura. Y, sobre todo, con su esposa e hijos. Chocha, como dije, lo manejaba bien, le soltaba línea para que desahogara y luego recogía sin mayor esfuerzo. Esas cosas que tiene la gente que se ama. Y a él le gustaba: se reía de sí mismo, de su “flaqueza”.
También puedo dar fe de su flaqueza —léase ternura y amor— por sus hijas e hijos, “por los muchachos”, según englobaba. Parecía como duro, pero solo era una mezcla de rectitud y severidad “para encaminar a los muchachos”.
“Que hagan como yo, que empecé de a pie”, me decía en largas charlas que teníamos, sobre todo fuera del país, donde coincidíamos cada seis meses en reuniones de la SIP. Estaba orgulloso de sus muchachas y muchachos. En esas charlas como que se derretía, pero no por flojo, sino porque sentía que le habían respondido bien.
Se consideraba un hombre con suerte. Y la tuvo, pese a ese codazo de atrás que le dio la vida y le impidió sobre el final comunicarse con los otros; y nada menos que a él, lo que le daba una bronca terrible.
Así era Daniel. Buen esposo y buen padre. Comunicador y periodista de primer nivel. De convicciones firmes y buena gente. Muy buena gente.
Y un gran amigo. Cuando fuera del país me enteré que había muerto, llamé al director de Búsqueda, a Claudio Paolillo, y le dije que me gustaría escribir algo sobre Daniel, como carta o como columnita.
Su respuesta fue que sí y que iría en la página 2, que Daniel Scheck no solo fue un gran amigo de Búsqueda, sino que fue un excelente y admirable colega y, por tanto, que es justo y corresponde que el semanario le dedique el espacio que sea para recordarle y homenajearle en su página principal.
Pido disculpas si he cometido algún error en cosas, hechos y algunos datos que he manejado aquí. No tenía para preguntar, estoy lejos y, además, con mucha pena.