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    De la manzana escupida al beso no consentido

    Los cuentos infantiles en la mira

    Hace unos meses, el zorrillo Pepe Le Pew fue noticia cuando fue eliminado de la película Space Jam. A new legacy, en la que aparecía junto con otros integrantes de los Looney Tunes. Quien lo sentenció fue el columnista Charles M. Blow en The New York Times al decir que la conducta del personaje “normalizaba la cultura de la violación”. Creado en 1945 como un zorrillo apestoso y romántico, Pepe persigue sin parar a la gata Penélope a la que confunde con una zorrilla. Le habla en francés, la apretuja y besuquea, mientras la gata pone cara de espanto. De esa caricaturización surge un personaje insoportable que seguramente los niños no tomarán como modelo, porque los niños son muy astutos.

    Blow cuestionó también a otros personajes, entre ellos, al ratón Speedy González por ridiculizar a los mexicanos. Con estos parámetros, la lista de figuras animadas puestas en cuestión podría ser muy larga. Ahora le llegó el turno a una escena de Blancanieves reproducida en uno de los paseos temáticos de Disney World.

    Las periodistas Julie Tremaine y Katie Dowd del San Francisco Chronicle (SFGATE) hicieron un recorrido por El deseo encantado de Blancanieves, paseo basado en la película de Disney de 1937, y repararon en la escena del beso del príncipe a la protagonista. “Blancanieves está dormida y, por lo tanto, el beso no fue consensuado. No puede ser amor verdadero si solo una persona sabe lo que está sucediendo”. El artículo abrió la polémica sobre los cuentos clásicos y si es válido adaptarlos a las nuevas formas de ver el mundo. Sobre este tema, algunos escritores de literatura infantil-juvenil reflexionaron con Búsqueda.

    “La censura de los clásicos es un clásico”, respondió Virginia Mórtola, escritora, psicóloga y docente. “La literatura para niños surge en el siglo XVIII, junto con una nueva concepción de la infancia. En ese momento se empieza a poner la mirada en el niño y en su educación. Se crea una literatura muy vinculada a la didáctica que rechaza los cuentos que se originaron en el folclore popular y oral, como los de los hermanos Grimm. Entonces se los censuró por crueles y violentos, y ahora por sexistas y tóxicos. Cada época censura y cuestiona lo que está en proceso de cambio e incomoda”.

    Mórtola, que realizó una maestría sobre libros y literatura infantil-juvenil en la Universidad Autónoma de Barcelona, recuerda que los cuentos clásicos eran muy trágicos, pero tenían un final feliz. Walt Disney fue suavizando estas historias, pero sin quitarles del todo su cuota de maldad.

    En el caso de Blancanieves, el beso ahora cuestionado es un agregado de Disney. En la historia original, el príncipe se tropieza cuando la carga en brazos y ella escupe un pedazo de la manzana envenenada. Como la escupida no era muy elegante, Disney la cambió por el beso, que es más o menos el mismo que en La bella durmiente. “Visitar el paseo de Disney es como visitar un museo. Los cuentos y las películas registran cómo eran las mentalidades y cómo han cambiado”, dice Mórtola.

    Bruno Bettelheim (1903-1990), psicólogo infantil austríaco, publicó en 1976 el libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas, en el que reivindicaba la importancia de que el niño se enfrente al miedo a través de los relatos. “Bettelheim plantea que son historias llenas de conflictos. Entonces el niño acompaña todos los avatares de los personajes, los sufre en la carne de otro, se identifica con ellos y sale airoso con el final feliz”, explica la escritora.

    ¿Cambiamos la historia?

    “Me parece un disparate adaptar los cuentos clásicos. Lo que existió, existió, eso le da un sentido a lo que somos ahora. Si se reconstruye el pasado para que esté de acuerdo con los estándares actuales, ¿cómo vamos a aprender de los errores si no hubo ninguno?”, dice Roy Berocay, escritor y músico, creador del Sapo Ruperto, el famoso personaje de la literatura infantil uruguaya.

    Por su parte, Mórtola considera que a veces la literatura infantil se crea con fines didácticos y entonces el libro se vuelve panfletario. “Hay una editorial española que se llama Cuatro Tuercas, que en su colección Érase dos veces reescribe a los clásicos infantiles. Esos libros son un espanto, sus historias son lavadas, sin conflictos. Por ejemplo, Caperucita Roja termina tomando el té con la abuelita, el lobo y el cazador”.

    Mórtola, autora de cuentos y de las novelas La casa de papel y de la reciente Estrafalarius. Postales de una vida, no se siente condicionada a la hora de escribir ni por padres ni por maestros o editores. “Cuando escribo no me pongo a pensar: ‘voy a hacer que una nena haga esto o que un varón haga aquello’. Pero, como le pasa a cualquier escritor, estamos atravesados por alguna ideología. No me doy cuenta al escribir, pero después veo que en mis historias aparecen muchos viejitos, y por algo debe ser. Nunca escribiría para transmitir un mensaje. Los libros que lo hacen no tienen fisuras por donde el lector se pueda meter. Los niños no son tontos y saben que los están guiando”.

    Berocay también se siente muy libre para crear, pero ha recibido quejas. “Hace un tiempo me escribieron unos padres argentinos molestos porque en el Sapo Ruperto, el señor Siniestro insultaba al vampiro Vladimiro. Yo les preguntaba si habían escuchado a sus hijos en el recreo. Hay una especie de policía del pensamiento, pero hasta ahora no me ha afectado. Siempre hubo gente ofendida por algo, pero ahora el ‘ofendiómetro’ está muy alto”.

    Sofía Aguerre tiene 27 años y empezó a escribir desde niña. Publicó dos novelas juveniles, Las lunas de marzo (2015) y Proyecto Pandora (2018), en Escarlata Ediciones, una editorial española que cerró en 2020 por la pandemia. Además estudió la Tecnicatura en Corrección de Estilo, escribe reseñas literarias en Instagram y fue editora de la revista Harta, que surgió a partir de un colectivo feminista con una propuesta para adolescentes y con perspectiva de género.

    Sobre lo que sucedió en torno al beso de Blancanieves, dice tener sentimientos encontrados. “Está bueno que podamos conversar sobre determinados temas y que se usen los cuentos clásicos como punto de partida. También que haya versiones nuevas. Ahora hay un montón de red tellings (adaptaciones de clásicos). Lo que no me parece bien es prohibir o censurar lo que ya se hizo, hay que entender esos momentos y poner en perspectiva los cambios. No vamos a destruir copias de Blancanieves, pero hay que problematizar la historia. Es una oportunidad para poner sobre la mesa lo que nos preocupa. Si estamos en desacuerdo es bueno hacer nuestra propia versión”.

    Claudia Córdoba nació en 1992 y también escribe desde niña. Ganó varios concursos literarios en el liceo y obtuvo una mención especial a los 11 años en un concurso organizado por Aladi. Estudió Letras en Humanidades y también la Tecnicatura en Corrección de Estilo. Actualmente se dedica a la docencia en inglés, a la corrección y a la edición.

    Cuando aún estaba en la universidad, se presentó a un concurso de la editorial Fin de Siglo, que tenía como título MMIRG (Grimm al revés). La propuesta consistía en adaptar cuentos clásicos para los niños de hoy. Sus historias fueron las ganadoras y se recopilaron en Cuentos de las tierras olvidadas (2015).

    “Para mí, la adaptación está en la esencia de los cuentos clásicos. Los hermanos Grimm también modificaron muchísimo las historias orales, pero sus cuentos siempre estarán ahí como base, y son necesarios. Es importante adaptarlos a los nuevos públicos y a los nuevos lenguajes”, explica.

    Los cambios que hizo de los clásicos para el concurso apuntaron a lo social, a las relaciones interpersonales y de poder. “También me centré en lo que significa la construcción de género, que es algo más impuesto que biológico. Me gustó dejar la semilla del amor romántico de los clásicos, sin que implicara posesión”.

    Sobre los mensajes en los cuentos, considera que no hay que darlos como moraleja, pero sí tener cuidado porque el objetivo son los niños. “No hay que dar ejemplos de comportamientos negativos. Tienen que ser historias con varias interpretaciones, pero que no descuiden al público”.

    • Recuadro de la nota

    Clasiquitos

    Vida Cultural
    2021-05-19T23:28:00

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