• Cotizaciones
    lunes 09 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    De lo mejor del año

    Shlomo Mintz con la Filarmónica de Montevideo en el Solís

    Montevideo está siendo visitada regularmente por los grandes violinistas. El año pasado lo hicieron Itzahk Perlman y Joshua Bell, ambos en recitales con acompañamiento de piano. El lunes 2 de junio estuvo Shlomo Mintz en el Teatro Solís, secundado por la Filarmónica de Montevideo. Nacido en Moscú en 1957, Mintz a los dos años emigró a Israel y su formación la recibió allí y luego en la Juilliard School of Music de Nueva York. Para presentarse en Montevideo eligió el “Concierto en Re mayor op. 61” de Beethoven (1770-1827), obra compuesta en 1806, dentro del llamado período medio del autor.

    El solista se ubicó en el proscenio de frente al público, cerró los ojos y tocó de punta a punta el concierto, sin mirar jamás el diapasón ni su mano izquierda. Solo abrió los ojos y giró su cuerpo dos o tres veces para mirar al director y coordinar con él algún final de frase. No sorprende que tenga un sonido generoso y suave al mismo tiempo. Con este nivel de instrumentistas decir esto parece un poco redundante. Parece sí más pertinente aludir al ligado de su fraseo, de una homogeneidad poco común, donde el oído no llega a percibir el cambio de los dedos en la mano izquierda o el movimiento del arco por diferentes cuerdas. Y también subrayar el despliegue musical —no virtuosístico sino musical— que hizo en las cadenzas del primero y tercer movimiento, pero sobre todo en la más compleja y prolongada del primero. Como es sabido, estas cadencias no son de Beethoven sino de Joseph Joachim (1831-1907), compositor, violinista y director de orquesta húngaro que las compuso e incorporó al concierto para sus propias interpretaciones. Este cronista no recuerda haber escuchado una exposición de las mismas de semejante transparencia, donde era fácilmente audible la superposición de diferentes líneas de canto entre trinos y cuerdas dobles y triples.

    Mencionados esos aspectos sobresalientes, hay que decir también que fue muy interesante el contraste entre el enfoque clásico de enorme aplomo que le confirió Mintz a su interpretación y la lectura —más enérgica y de aristas más filosas— que confirió Martin Lebel al acompañamiento orquestal. Muchas veces estas diferencias de enfoque entre director y solista conducen a un divorcio donde el conjunto se perjudica. En este caso felizmente eso no ocurrió porque todo quedó en un contraste de ida y vuelta que resultó estimulante gracias a la estatura del solista y a la estupenda respuesta que Lebel consiguió de la orquesta, obediente a su batuta temperamental, pero también atenta a las exigencias de canto, de sosiego y de ensamble que supo imponer el maestro francés. Una labor concertante de excelente nivel.

    El “Concierto para orquesta” del compositor húngaro Bela Bartok (1881-1945) es una de las últimas obras de este autor, escrita en 1943 durante su exilio en Nueva York, adonde muy a su pesar se había exiliado tres años antes, huyendo del nazismo, al que se opuso de manera ostensible. Compositor casi siempre incomprendido, de lenguaje en general poco accesible, tiene sin embargo varias obras de valor en las que una audición reiterada ayuda a descubrir su talento, muchas veces oculto a primera vista.

    No es este el caso del “Concierto para orquesta” que compusiera por encargo del director de la Sinfónica de Boston Serge Koussevitzky, y en el que parece claro que Bartok se preocupa de armar una obra para el lucimiento de una gran orquesta. Más allá de su personal estilo compositivo, que está también aquí presente, la obra es un enorme fresco orquestal donde el autor demuestra su talento como instrumentador. Los solistas de los diferentes sectores alternan con el tutti, en el que se mezclan trechos de posromanticismo, con otros de raíces folclóricas y hasta jazzísticas, donde campean por igual pasajes sombríos con aires juguetones, contrastes dinámicos y de color orquestal y constantes cambios de ritmo. En suma, una pieza de bravura para lucimiento de todos los grupos de la orquesta y de su director.

    Martín Lebel y la Filarmónica de Montevideo estuvieron a la altura del desafío, con una lectura de gran prolijidad y de enorme empuje. El temperamento del conductor francés lució con mano de hierro para controlar el desempeño de la masa orquestal y de sus diferentes sectores. Un justificado y largo aplauso premió a los músicos y a Lebel. Sin duda una velada que desde ya habrá que colocar entre lo mejor del año musical.

    // Leer el objeto desde localStorage