El precio de la soja sudamericana hoy, está condicionado más por la inexistencia del producto en Estados Unidos que por la demanda china y para Antonio Ochoa, vicepresidente para América Latina de la firma R.J. O’Brien con sede en Illinois, Chicago, a esta altura es imposible indicar un precio real y “ni siquiera hacer proyecciones a futuro”, por la alta “volatilidad” del mercado. También dijo que China “se está haciendo la interesante” para ejercer “presión” sobre los precios, pero que sus necesidades de este producto y otros alimentos se mantienen muy firmes.
Ochoa, un mexicano graduado como ingeniero zootecnista en la Universidad Autónoma de Guadalajara, con más de 16 años vinculado a esta prestigiosa firma con representación en los 5 continentes, señaló a Campo que la oferta de soja a escala mundial “está completamente comandada por Sudamérica en este momento” y que Estados Unidos “está totalmente seco en términos de capacidad de embarque o de respuesta inmediata para embarcar en el corto plazo”. Para este analista, con especializaciones en Colorado State University y Harvard Business School, “Estados Unidos se sigue manejando como una isla” porque en este mercado “no hay venta, los productores no quieren vender, porque no tienen qué vender” y dijo que el precio en Chicago refleja mucho más eso que la capacidad de ofrecimiento que surge de Sudamérica”. Esta situación explica las “altas primas” que hay hoy en esta región, que llegaron hasta los casi U$S 50 por tonelada. Para Ochoa esta diferencia habilitaría a Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y eventualmente algún otro país a colocar soja en Estados Unidos, pero que por distintos motivos ello no es una posibilidad que prospere.
Señaló que “las cosechas vienen con pujanza en Argentina y un poco más adelantadas todavía y con muy buenos rindes en Brasil, a las que se suman los volúmenes de Uruguay y Paraguay, y otros países de la región en menor medida”, pero aclaró que si bien la oferta está ahí, “lo que no está en este momento es la semilla en donde más se necesita y esos huecos, sea por incertidumbre o por ineficiencia, están haciendo que los precios se mantengan dispares”.
Con relación a la demanda, Ochoa dijo que China, prácticamente el único comprador mundial, “está cancelando embarques, está haciéndose el interesante, pero es una situación normal”. Explicó que este año no fue como en 2013, cuando hubo problemas de logística “terribles” y el gigante asiático se apoyó en Brasil “cuando ya Brasil no lo podía abastecer”.
Señaló que “China está comprado en lo inmediato”, que tiene mucho producto, que “lo tienen que acarrear en el tiempo y el mercado está invertido”. Aclaró que “el mercado a julio es más caro respecto a lo que está agosto, setiembre, noviembre o como se quiera ir viendo hacia adelante”, por lo que los stocks que tienen hoy entre comprado y en su poder “todos los días te hace perder dinero conforme pase el tiempo, por la misma constitución invertida de la curva”.
Dijo no saber “en qué punto los chinos van a salir a vender sus reservas estratégicas y quebrar justamente ese inverso”. Recordó que hace algunos días se habló de empezar a liberar esos stocks, pero que luego se retractaron y dijeron que esos 13 millones de toneladas potencialmente derivables al mercado local, “se la siguen guardando”. Para Ochoa, “el efecto de temporalidad, el de tratar de cerrar ese canal de consumo justo cuando la oferta está saliendo con potencia de Sudamérica, intenta hacer algún tipo de presión y un descuaderne de primas”. Explicó que “Estados Unidos, con una prima apretada, no tiene necesidad de moverse” pero que Sudamérica busca una prima “con intención de salir a competir en el negocio”.
Dijo que “China hoy no está, o no aparece con facilidad con el pretexto que quieran”, por lo cual, según su criterio, el siguiente paso es “recomponer el inventario que hace falta en Estados Unidos y que la balanza se equilibre”, por lo que “en los descuentos de primas sudamericanas alcanzaría para internar soja en Estados Unidos a diferentes puntos y en diferentes niveles”. No obstante señaló que “hay muchas ineficiencias en la cadena” y que “no es tan sencillo traer un barco, descargarlo y usarlo en Estados Unidos, porque la infraestructura está destinada para trabajar el flujo de mercadería hacia el otro lado, es decir, expulsarla, no absorberla”.
“¿Hay soja? Sí. ¿Hay demanda? Sí”, aunque de momento “China está estacionada o tratando de ser paciente porque tiene suministro, eso es una realidad”, puntualizó.
Consultado sobre por qué la soja está subiendo en el mercado de Chicago frente a este panorama dijo que lo hace porque “no hay producto que vender”. Aclaró que “el clust está muy apretado, hay márgenes de molienda muy robustos, hay demanda por harina, los molinos tienen que ir a buscar soja sí o sí para moler, los programas de exportación fueron tan agresivos que se terminó todo lo que tenían pronosticado para exportar y se están comiendo el pedazo que tiene la industria para moler. Entonces ese es el espacio más apretado que se puede tener”.
Sostuvo que “ante estas circunstancias, si no tienes un vendedor con potencia, la verdad es que el mercado puede bajar y aun así el productor no va a vender porque no tiene qué vender”.
Remarcó que la situación en Estados Unidos “es una isla” y aclaró que “si bien el precio en Chicago está donde está hoy, subiendo, y está caro, en Sudamérica se está apreciando un descuento cada vez más grande. Las primas son negativas y se descuelga de Chicago, tratando de encontrar mercado”.
Demanda firme
Consultado por Campo sobre si la demanda de China es coyuntural o estructural y permanente, Antonio Ochoa sostuvo que “hay que verla de diferentes maneras. Hay muchos misterios alrededor de eso, pero si van a comprar más de 70 millones de toneladas al año, que hoy estén haciendo maromas por dos o tres millones, en el contexto, no es mucho”. Analizó que en el mediano y largo plazo la población de China solamente crece, el movimiento poblacional del campo a la ciudad se hace cada vez mayor, la migración es enorme y hay una pujanza por consumo grande. Sostuvo que “esta gente ya no regresa a dejar de comer. Es gente que se está integrando cada vez más a la cadena de crecimiento. Por encima de lo que digan que se desacelera la economía en China, hay cosas básicas elementales y la comida es una. Podrás tener transicionalmente vasoconductores saturados de productos porque se atora un poco un proceso o un tema, pero en el transcurso del tiempo, China no va a dejar de ser esa potencia de consumo, no tiene cómo sustituir de la noche a la mañana la cantidad enorme de productos que va a necesitar importar, porque el campo no le va a responder, ya que el 10 % de la tierra arable no le va a poder nunca dar de comer al 22 % de la gente del planeta y creciendo”.
Este analista afirmó que no hay perspectivas de que se “venga abajo” la demanda de China, ni que haya que tener “preocupaciones estructurales”. Dijo que “el tema es que, de momento, estamos jugando a esto y estos son los riesgos para quien solamente ve los macros y piensa que leyéndolos bien puede interpretar el mercado de la manera adecuada” y remarcó que “es un mercado que está listo siempre para ponerte una mordida, no importa en dónde esté, ni qué tantas batallas haya visto en el pasado”.
Alta volatilidad en los precios
Respecto a las perspectivas de precios para la oleaginosa y dónde pueden pararse los productores en este momento, fue muy contundente: “No sé, no tengo idea”, afirmó, pero aclaró enseguida que “lo que puedo decir es que si un productor está pensando en un rango de precio, se va a equivocar, eso es un hecho, se lo garantizo. Pero si está buscando un área en donde encuentre un equilibrio con su presupuesto y en función de eso toma una decisión de venta o no venta, va a tener prosperidad”.
En su opinión, “el precio y el valor no están encontrados”. Dijo no saber determinar un precio y “ni siquiera proyectarlo” pero afirmó que “lo que sí aseguro, es que va a haber mucha volatilidad”.
Ante la consulta de Campo sobre cómo puede impactar en el mercado el retiro de los paquetes de ayuda en Estados Unidos, se mostró escéptico al respecto: “No creo que impacten”, dijo.
Sin embargo señaló que “si Estados Unidos empieza a liberar carga fiscal u obligaciones de esa naturaleza, el dólar tiende a fortalecerse, y un dólar fuerte lleva a un commoditie débil”. Para Ochoa, “el precio final obedece mucho más a esta relación de necesidad de producto contra ofrecimiento, que a un impulso súbito de que las tasas estén cambiando o las variaciones del tipo de cambio”.
Señaló que “en todo caso, si algún paquete económico de ayuda le restase potencia a un mercado tradicional, donde los especuladores jueguen con mucha intensidad, es posible que decidan apostar más en materias primas o salir del espacio”. Pero aclaró que “la realidad es también que tenemos oleajes de otra naturaleza. Hoy tenemos la mayor participación de especuladores en nuestros mercados”. Pidió a los productores que reflexionen respecto a los especuladores, que, dijo, “son entidades de demanda pero no de consumo” y que en “su tránsito de entrada a los mercados están creando constantes oscilaciones particularmente en el precio de alza y ya están aquí. Ya no hay más compradores, no creo que vengan muchos más capitales. Y en todo caso, en la medida en que vaya pasando el tiempo, lo que se va a ver es que el especulador va a empezar a cobrar utilidades y con el tiempo va a ser más vendedor que comprador”.
Para Ochoa, todo esto determina “una inercia de precio solamente si lo ves como precio, y es negativa”. Como valor, dijo, “no lo sé, se acomodará, pero esos mercados se mantienen más tiempo irracionales que uno solvente y ese es el tipo de mercado en el que nos encontramos”.