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    sábado 08 de junio de 2024

    Despliegue de creatividad

    Son dos libros atractivos por sus historias, por su calidad artística, por su diseño. Uno de ellos surgió de un epígrafe encontrado en otra publicación, se llama Margaret y la flor de la luna (Criatura, 2022), lo escribió Cameron (seudónimo de la editora Julia Ortiz) y sus bellísimas ilustraciones son de Natalia Nat Cardozo. El otro nació de un poema que su autor compartió con dos amigos artistas hace una década atrás y, desde entonces, los tres estuvieron pensando cómo incluirlo en una publicación que reuniera sus áreas creativas. El poeta es Horacio Cavallo, el ilustrador, Sebastián Santana y el músico, Sebastián Rivero. El título: El titiritero (2022). Si bien ambos libros tienen principalmente al público infantil y juvenil como destinatario, sus autores no pensaron en una edad determinada, y esa es una de las virtudes de sus trabajos.

    En Margaret y la flor de la luna, la protagonista es Margaret Mee (1909-1988), artista botánica y ecologista inglesa, uno de esos personajes que quedan ocultos en la historia y que vale la pena conocer. Mee dedicó su vida a investigar flores y a dibujarlas en su ámbito natural. Era una aventurera que se especializó en la flora amazónica y se internó unas 15 veces en la selva en busca de un cactus muy especial cuya flor se abre en algunas noches del año cuando hay luna llena. La encontró a los 78 años y su ilustración se exhibe en el jardín botánico de Londres. Su trayectoria se cuenta en un documental de la brasileña Malu de Martino (Margaret Mee e a flor da lua, 2012) que se encuentra completo en portugués en YouTube.

    El libro de Cameron y Nat Cardozo capta la magia de esta historia. Julia Ortiz es editora y decidió ocultar su verdadero nombre tras el seudónimo de Cameron. “No creo mucho en la autopublicación, creo que se resiente el producto final si se duplican roles. Además, me daba pudor, las luces no son lo mío”, contó a Búsqueda. La autora ya había usado el mismo seudónimo cuando presentó una obra de teatro al Premio Onetti 2021, por la que obtuvo una mención. “Es también un homenaje a Julia Margaret Cameron, tía abuela de Virginia Woolf, una de las primeras mujeres fotógrafas artísticas. Su nombre, Julia Margaret, reúne el mío y el de Mee, entonces decidí usarlo”.

    Cuando estaba editando un libro de Inés Bortagaray, Cuántas aventuras nos aguardan (Criatura, 2018), Ortiz encontró un epígrafe firmado por Mee que dice: “Váyanse a casa, pueden dejarme. He dormido con jaguares”, y esa última frase la dejó pensando. “Su misterio me quedó dando vueltas. De hecho, en el libro es un misterio por qué esta mujer es amiga de los jaguares”.

    Una noche, le contó la historia a su hija de cinco años y en su relato aparecieron animales que hablan, la selva tupida y la búsqueda de la flor de la luna. “Cuando terminé de contárselo me pareció que se podía escribir y lo hice como me había salido oralmente. Cambié algunas partes demasiado crípticas, pero dejé muchas situaciones abiertas. A los niños no les genera conflictos, más bien les genera preguntas”.

    En 2019, Ortiz conoció a la ilustradora Nat Cardozo en la Feria del Libro Infantil de Bolonia y le gustaron mucho sus trabajos. “Pensé que ella con su sensibilidad y talento iba a poder ilustrar la selva. Y superó mis expectativas. Sus ilustraciones están llenas de detalles y abarcan la vida del personaje, desde niña a anciana. Eso no es común en un libro álbum. La tuvo que representar en muy pocas páginas, sin confundir al público infantil para que entendiera que es el mismo personaje”.

    Cardozo usó la técnica del pirograbado en 15 tablas pintadas a mano con acrílico y lápiz. El resultado es hermoso: a medida que Margaret avanza por el Amazonas, la selva va cubriendo las páginas que parecen llenarse de sonidos y aromas. Hay varios animales, algunos en peligro de extinción, y siempre la luna llena. Margaret se va transformando y su cabellera blanca se mimetiza con la flor que busca.

    “Dos personas adultas me dijeron que no era un libro para niños, que era muy misterioso o demasiado poético. Yo no tuve para nada esa experiencia al leérselo a niños. No me gustaría colaborar con la subestimación hacia ese público. Esto que voy a decir es políticamente incorrecto: el mercado infantil y juvenil está bombardeado de libros de autoayuda. Son libros que enseñan cómo portarse bien, cómo esperar al hermanito, cómo superar el miedo a la noche. Cuando aparece un libro diferente, las maestras preguntan para qué sirve, cuáles son los valores que enseña. Es algo muy perverso. Con Margaret y la flor de la luna pensé en una historia para compartir, y a través de ella que se conocieran otras cosas, pero no en un libro para aprender a…”.

    Un flaco largo

    Buscando la vida dentro de un madero, / arqueada la espalda como un relojero, / oyendo la nota que da el aguacero. / Así pasa el día el titiritero. Este es el comienzo del poema de Horacio Cavallo que dio origen a El titiritero, un libro conceptual que incluye ilustraciones y canciones. El ilustrador Sebastián Santana habló con Búsqueda de cómo se fue gestando esta publicación largamente pensada.

    “En el 2011 estábamos buscando textos de Horacio para que yo los ilustrara y entre el material apareció el poema El titiritero. Recuerdo que me fascinó y le dije que con ese poema se podía estructurar un libro ilustrado, pero no le encontraba la técnica. El poema tiene imágenes muy concretas, visualmente es muy claro, repetir eso con ilustraciones no tenía mucho sentido”. También el músico Sebastián Rivero se mostró interesado y en 2019 los tres se presentaron a un fondo concursable del MEC y fueron seleccionados. Salió publicado con el sello Ediciones del Estómago Agujereado, un nombre que surgió irónicamente en 2012 por la úlcera permanente que sufre Cavallo.

    La tapa roja contrasta con su interior, de fondo negro e imágenes oscuras. “Pensé en la lamparita que cuelga en un galpón, en un ambiente sin mucha luz, en cierta precariedad que transmite el texto. En los primeros dibujos, siempre me salía una imagen vertical y un flaco largo trabajando en un lugar estrecho en medio de cachivaches. No sé por qué apareció, probablemente porque yo soy así. En la primera lectura dije: “Este soy yo”, recordó Santana.

    Un día encontró una madera en la calle y pensó: “Es para el titiritero”. La juntó con otras piezas de un viejo juego de química y así, con un trabajo artesanal, fue tomando forma la cara del títere y del titiritero. “Un día que llovía llevé la pieza a la azotea y le saqué una foto. De esta manera hice seis imágenes con las que representé el espíritu del poema sin una narrativa lineal. Como si lo recordara”.

    Por su parte Rivero le dio un tono tanguero al poema y su canción, igual que un tema a modo de “paisaje sonoro”, se puede escuchar a través de un link o de un código QR que trae el libro.

    Mañana, viernes 7, El titiritero se presenta a las 20 horas en la librería Las Karamazov (Rivera 2670). Participará Tomás Rodríguez, un adolescente a quien le encantó la publicación y escribió una reseña en Gigantes, suplemento de la diaria. Un gran encuentro del libro con su lector.

    Vida Cultural
    2022-10-05T20:09:00