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Política, superioridad moral y rechazo al cuerpo: el arte bajo censura
No es novedad que los regímenes autoritarios y dictatoriales de todo signo ideológico usan la censura como herramienta de control, de represión, de miedo; tampoco es novedad que las sociedades democráticas ejercen censuras, tal vez más sutiles, sobre la cultura y la libre expresión
El Juicio final, fresco de Miguel Ángel en el altar de la Capilla Sixtina censurado por sus desnudos en el siglo XVI.
Dice el Diccionario de la lengua española sobre la palabra censor y su origen en el siglo V a. C.: “Magistrado de la república romana, a cuyo cargo estaba formar el censo de la ciudad, vigilar la moralidad de las costumbres de los ciudadanos y sancionar los comportamientos indebidos”. Como sinónimos ofrece: interventor, examinador, corrector, murmurador, reprobador, malpensado, catón, criticón.
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El término catón hace referencia a Catón el Viejo, un militar y político romano estricto en el cumplimiento de las normas y en la persecución de la corrupción. Gran defensor de la tradición romana, pensaba que la expansión de la nueva cultura helénica era una amenaza y aplicó la censura sobre quienes la defendían o practicaban. Por este motivo, lo llamaban el Censor.
Aquellos orígenes trajeron otras censuras, ejercidas por el poder religioso, monacal, estatal, político y académico. No es novedad que los regímenes autoritarios y dictatoriales de todo signo ideológico usan la censura como herramienta de control, de represión, de miedo. Tampoco es novedad que las sociedades democráticas también han caído en censuras, tal vez más sutiles, que han afectado a la prensa, la cultura, la libre expresión.
Ocurre hoy mismo en algunas escuelas de Estados Unidos donde están prohibidos libros de autores hispanoamericanos o de ascendencia latina. Así lo ha señalado Pen America, una organización sin fines de lucro fundada en 1922 con sede en Nueva York y con 100 centros internacionales, cuyo objetivo es proteger a escritores, artistas y periodistas de la censura, el acoso y la persecución. En su School Book Bans 2024-2025 (lista de libros con prohibición parcial o total) figuran 76 restricciones a títulos de autores latinos o con ascendencia latina, 37 con prohibiciones totales, 21 “prohibidos por restricción” y 18 “prohibidos en espera de investigación”.
Pero a veces la censura no viene de las autoridades, sino de algún sector de la ciudadanía. Esto ocurrió en 2023 en una escuela de Tallahassee, ciudad de Florida, Estados Unidos. La directora se vio forzada a renunciar cuando un padre la denunció por exhibir pornografía en su clase de arte para niños de 11 y 12 años. La obra exhibida: el David de Miguel Ángel (1475-1564). Otros dos padres pidieron saber más de la clase antes de que se dictara.
En el siglo XVI, el Juicio final de Miguel Ángel, el fresco que terminó de pintar en 1541 en el altar de la Capilla Sixtina, había sido censurado. El motivo: la gran cantidad de desnudos que aparecían en su pintura, considerados inmorales por la Iglesia católica a partir del Concilio de Trento. Entonces el papa Pío V le encomendó a Daniele da Volterra, discípulo de Miguel Ángel, que tapara las partes “indecentes” de las figuras. Por este motivo, Volterra pasó a la historia con el despectivo apodo de il Braghettone (podría traducirse como “el pintor de calzones"). Cuando murió Volterra se continuaron tapando varias figuras de Miguel Ángel.
Con la restauración más importante de la Capilla Sixtina en el siglo XX, entre 1980 y 1994, volvieron las figuras originales de Miguel Ángel, aunque se conservaron algunas imágenes tapadas como testimonio de una época. Hoy se puede ver a san Andrés con su trasero al aire, tal como lo pintó el gran genio del arte.
¿Es la ignorancia la que impide distinguir entre la belleza del desnudo en el arte y el desnudo pornográfico? Los padres que en el siglo XXI provocaron el despido de una maestra por una escultura de Miguel Ángel no pudieron hacer esa distinción. Tampoco las autoridades escolares. ¿Fue por temor a responder preguntas de los niños? ¿Por temor a hablar del cuerpo desnudo y de los genitales? ¿No se aprendió nada desde el siglo XVI a nuestros días?
Hoy los algoritmos en las redes sociales y en plataformas empeoran la situación porque no distinguen entre el desnudo de una persona y el desnudo en el arte. Es una nueva forma de censura que controla y moldea gustos, decisiones, consumos y “borra” obras y artistas. “Censura algorítmica del arte”, denomina a esta forma de control Nuria Oliver, ingeniera en Telecomunicaciones española, doctora por el Instituto Tecnológico de Massachusetts e investigadora en inteligencia artificial (IA) . Y además están los usuarios de redes, muchas veces anónimos, que detrás de la pantalla se sienten moralmente superiores para descalificar, silenciar o cancelar.
El arte, los libros, las películas, la música, el teatro han vivido siempre bajo la amenaza de los braghettones de turno. ¿Será inherente a las personas la necesidad de censurar?
Mi nombre es Silvana Tanzi y esta es una nueva entrega de Algo que quiero contarte, newsletter de temas culturales. Si querés escribirme con comentarios o sugerencias, podés hacerlo a [email protected]
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Cuando empecé a escribir sobre este tema, el primer nombre que me surgió fue el de Safo (c. 650 a. C.), conocida como Safo de Lesbos (donde nació) o Safo de Mitilene (donde pensaban que había nacido). Fue una de las primeras poetas griegas y posiblemente una de las primeras poetas censuradas de la historia. Creadora de una métrica conocida como “versos sáficos”, lo poco que se sabe de su vida lo dicen sus poemas.
Safo creó en la isla de Lesbos la Casa de las Servidoras de las Musas, una escuela para mujeres jóvenes. En sus poemas dejó registrado su amor por algunas de sus discípulas, por eso se convirtió en un símbolo del amor entre mujeres, y el lesbianismo en un sustantivo para la historia. De sus versos también se desprende que tuvo amantes hombres. Entonces Safo seguramente era bisexual.
Safo-
Safo, pintura de Soma Orlai Petrich (1860).
Hungarian National Gallery/ Wikipedia
En su época fue una poeta respetada. Platón la admiraba por su genialidad lírica y decía que era la “décima musa”. Todos fueron halagos menos en Atenas, donde las mujeres no tenían ciudadanía ni derechos políticos ni voz pública. Los estudiosos de Safo dicen que nunca fue a esa ciudad-Estado.
Todos fueron halagos hasta que llegó el papa Gregorio VII (siempre hay un papa destructivo en la historia de la censura), quien mandó quemar la obra de Safo. Algunos de sus poemas se pudieron rescatar, pero sufrieron el deterioro del tiempo, las malas traducciones y las sucesivas censuras.
Atthi no ha regresado.
En verdad, me gustaría estar muerta.
Al abandonarme, ella lloraba.
Lloraba y me decía:
“¡Ah, Safo! Mi dolor es inmenso.
Me voy a pesar de ti…”.
Y yo le respondía:
“Ve, feliz, recuérdame.
¡Ah! ¡Tú sabes bien cuánto te quiero!”.
Ahora pienso que Safo escribía con el cuerpo, con la sensualidad del cuerpo, y eso producía la furia de quienes dominaban el poder. Aún el cuerpo sigue siendo peligroso para quienes tienen el poder.
Se fue la Luna.
Se pusieron las Pléyades.
Es medianoche.
Pasa el tiempo.
Estoy sola.
Ahora también recuerdo la visita de Mario Vargas Llosa a Montevideo en 2022, cuando habló de sus primeras lecturas. “Mi madre era muy buena lectora y en su biblioteca tenía un libro de Pablo Neruda de tapas con letras amarillas, que me había prohibido leer. Recuerdo mucho el comienzo de ese libro en el que había un poema que decía: Mi cuerpo de labriego salvaje te socava/ y hace saltar al hijo del fondo de la tierra. Yo no entendía lo que decía, pero sabía que lo prohibido me atraía. Sabía que el pecado estaba ahí”.
Vargas Llosa sintió algo en el cuerpo al leer a otro poeta que escribía con el cuerpo. Es algo que no entienden quienes prohíben libros en las escuelas. Los niños no entienden todo, pero lo sienten.
Movimientos impúdicos
Cuánta polémica despertó el espectáculo de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, ¿verdad? No voy a volver hacia esa polémica que tuvo aristas de todo tipo y que además ya quedó muy vieja. No es un estilo musical que me atraiga, pero no quiero enfocarme en cuestiones de gustos. Sí me interesa detenerme en una carta que el congresista republicano Randy Fine envió a la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos por considerar “ilegal” el espectáculo debido a las palabras groseras de sus canciones y por “toda la otra desagradable suciedad pornográfica” del espectáculo.
El congresista pidió multar a Bad Bunny y revisar las licencias de la NFL por permitir el espectáculo y de la NBC por transmitirlo. Su preocupación son los menores de edad que vieron todo aquello. “Enciérrenlos”, fue su mensaje en las redes.
Bad Bunny canta rap, trap, reguetón y ritmos latinos. Géneros de la llamada “música urbana”, cuyos contenidos se enfocan en la crítica social y en la cultura callejera. Utilizan un vocabulario a veces violento, a veces machista y sexista. La historia de la música de todos los géneros está repleta de ejemplos de contenidos similares. De eso escribí en otra newsletter.
Puedo equivocarme, pero creo que al congresista Fine lo que más le molestó fue, además de que Bad Bunny cantó en español, “toda la otra desagradable suciedad pornográfica”. Se debe referir al “perreo” de las bailarinas, un baile propio de Puerto Rico, y a esa forma de moverse y de tocarse los genitales que tienen los raperos.
Como no sé por qué estos músicos se tocan la entrepierna, le pregunté a Copilot, la IA que a cada rato me salta en la computadora y me pregunta si quiero consultar algo. Esto me respondió:
Provocación y desafío: en el rap, un género nacido como expresión de resistencia y confrontación, este gesto puede simbolizar rebeldía frente a normas sociales y una actitud desafiante hacia la autoridad o el público.
Expresión de poder y masculinidad: se interpreta como una afirmación de virilidad, fuerza o dominio, especialmente en escenarios donde la performance busca transmitir seguridad y control.
Elemento coreográfico: en muchos casos, es simplemente parte de la danza o la puesta en escena, un gesto aprendido y repetido que se integra en la estética del espectáculo.
Costumbre inconsciente: algunos estudios señalan que los hombres tienden a tocarse la entrepierna de manera inconsciente, como hábito físico o psicológico, que luego se convierte en gesto visible en público.
Esto último me encantó. No sé de dónde saca información Copilot, pero algunos de sus argumentos me convencieron. Además, la IA me recordó que Michael Jackson integró el toqueteo de la entrepierna en sus coreografías. Entonces recordé que Michael Jackson actuó en el Super Bowl en 1993. Fue un éxito, tal vez mayor que el de Bad Bunny, y nadie se enojó por sus movimientos, por lo menos no trascendió ninguna polémica. Debe ser porque cantó en inglés.
El tango, la lambada, el vals, el cancán, el charleston, el twist, entre otros bailes, fueron provocadores cuando surgieron, y por eso fueron prohibidos o marginados. La proximidad de los cuerpos o los movimientos sensuales espantaban. Y siguen espantando.
Embed - manifest - Grand Opening Show & Snap (Live Performance) stanbul Fest
Algo similar pasó recientemente en Turquía con una banda de mujeres jóvenes llamada Manifest. Este grupo pop de seis integrantes recibió una sentencia de tres meses de prisión por sus “movimientos impúdicos” en el espectáculo que ofrecieron en 2025 en Estambul. La misma sentencia recibió una música invitada.
La fiscalía consideró que las jóvenes “vulneraron la decencia común” y atacaron “los valores morales”. Y aunque el espectáculo no era para menores de edad, la fiscalía argumentó que la difusión en redes podría afectar a la infancia. ¿No te parecen los mismos argumentos que dio el congresista para sancionar el espectáculo de Bad Bunny?
Travesía de un libro: Archipiélago Gulag
Podría ser el símbolo de todos los libros prohibidos, de todos los escritores censurados, perseguidos, encarcelados. La lista de títulos prohibidos en la historia es demasiado larga y dolorosa, por eso elegí como representante Archipiélago Gulag, del escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn (1918-2008). Fue tan monumental su relato que ocupó tres tomos.
El de Solzhenitsyn es un testimonio directo de los campos soviéticos de reclusión en la Unión Soviética, donde el propio autor fue prisionero desde 1945 hasta 1956. La primera edición de Archipiélago Gulag fue publicada en ruso en París en 1973. El autor lo había terminado en 1968 y lo había mantenido oculto a la KGB.
Archipielago-gulag
Al escritor lo expulsaron de la URSS, donde la totalidad de su obra ya había sido censurada. Pero él ya le había devuelto la voz a las 227 personas que le brindaron sus testimonios y “a los que les faltó la vida para contar estas cosas”, y el mundo conoció el terror de los gulags. Solzhenitsyn obtuvo el premio Nobel de Literatura en 1970.
Escritoras iraníes
Hay una guerra en curso y las palabras Teherán y ayatolá y misil y escuela y muerte y más misiles aparecen en las noticias. Entonces voy a la biblioteca y encuentro Leer Lolita en Teherán (2003), de Azar Nafisi, sobre su experiencia cuando era profesora de Literatura en la Universidad de Teherán, de donde fue expulsada por negarse a usar el velo. En 1997 abandonó Irán y se radicó en Estados Unidos.
Elegí LeerLolita en Teherán para simbolizar la situación de las mujeres en Irán, para simbolizar la censura a los libros y a la libertad de expresión. Podría haber elegido también Persépolis (2000), la hermosa novela gráfica y autobiográfica de la también iraní Marjane Satrapi. Cuenta la Revolución islámica vista desde los ojos de una niña obligada de golpe a usar el velo. Pero Persépolis se merecería toda una newsletter.
Persepolis-Marjane-Satrapi
Vuelvo entonces al libro de Nafisi, que narra las reuniones que hacía en su casa con siete de sus alumnas cuando fue expulsada de la universidad. En esos encuentros, leían y comentaban obras occidentales prohibidas por el régimen de los ayatolás. Novelas de Jane Austen, Henry James, Scott Fitzgerald o de Vladímir Nabokov formaron parte de esas tertulias y abrieron la conversación de las jóvenes hacia sus sueños y frustraciones debajo de los mantos negros.
Escribió Nafisi en el prólogo:
“Contra la tiranía del tiempo y la política, imagínanos como ni siquiera nosotras nos atrevemos a veces a imaginarnos: en los momentos más íntimos y secretos, en los instantes de vida más extraordinariamente cotidianos, escuchando música, enamorándonos, paseando por las calles sombreadas o leyendo Lolita en Teherán. Y luego vuelve a imaginarnos, con todo esto confiscado, enterrado, arrebatado de nuestras manos”.
Leer-Lolita-Azar-Nafisi
Escucho una vieja entrevista radial a Jorge Esmoris sobre la censura durante la dictadura uruguaya. Está contando cómo músicos y artistas tenían que ingeniarse para decir lo que querían sin decirlo. Él tenía que ir una y otra vez a la oficina de Inteligencia por las letras de la Antimurga BCG. Les terminaba cantando a los encargados de turno algunas canciones para que las entendieran.
Un día el entonces Consejo del Niño le prohibió la palabra caca en una canción. El militar que atendió a Esmoris le sugirió que la cambiara por popó, que era una palabra más adecuada para el público infantil. Entonces Esmoris le dijo que él quería hacer reír. “Si yo le digo ‘popó’, usted no se ríe. Si le digo ‘caca’, sí”. El milico se rio.
Escucho la entrevista y también me río. En tiempos sombríos hace falta reírse.
Afuera, sigue la guerra.
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Antes de despedirme, te dejo varias recomendaciones de notas de Pablo Staricco: una es sobre la expansión del cine brasileño, otra es una entrevista al productor de cine Rodrigo Teixeira y la tercera es una crítica a la película El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho.