Hoy también el ómnibus desvía.
Hoy también el ómnibus desvía.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLas paradas están vacías, cruzadas de vez en cuando por un pasajero perdido. ¿Dónde se han metido los ómnibus de esta ciudad? Son lentos, son feos, son ruidosos, son olorosos, son un horno, pero ¿dónde están cuando se los necesita?
Y desvían. No es una ley ni un decreto, es norma ancestral de la gestión. Se ama la calle como espacio de masas.
Las masas estos días solo quieren comprar regalitos de Navidad, tratar de que el aguinaldo alcance, pero los políticos insisten: “¡Vamos a tomar la calle!”
Se remeda la época dorada en que los de cabello blanco eran gente veinteañera, flaca, ágil, valiente para enfrentar el caballo de un soldado y el porrazo de este, fuerte como para treparse a un monumento, romántica como para hacer el amor después de una manifestación.
Ahora en cambio todos los ómnibus desvían muchas cuadras a la hora pico porque habla Bonomi de los logros de su gestión. Es el Día de la Policía. Y los antiguos rivales son “nuestros”. 18 está cortada y varias calles alrededor.
Bajo la estatua de Artigas, el ministro habla con micrófono y pantalla gigante detrás, pero no se le entiende nada. Un grupete delante hace que escucha. El resto de la Plaza Independencia está vacía. En los bordes, un montón de uniformados muestran sus ametralladoras como si fuesen a enfrentar a las FARC.
El día anterior fue lo mismo. Se trató del Carnaval de las Promesas. Cumplidas o incumplidas, los niños del futuro Carnaval se lanzan por 18 y de paso bloquean el Centro entero.
Y días atrás… ¡más! Los 100 años de La Cumparsita coincidieron con el Día del Centro —a pocos días de la Navidad—, y el tablado y sus parlantes se instalaron en la amplia calzada bajo el Salvo.
Podrían haber usado la plaza, pero parece que esta es solo para asuntos solemnes. Fue inaugurada con mausoleo en la dictadura; ahora habla Bonomi y ponen sillitas rojas y doradas para los cargos y jefes. Así no se cansan y aplauden con ahínco.
“La Cumparsita” nació hace cien años y se bailó en piringundines, quizás en la calle Brecha, antes plena de burdeles y ahora atravesada por ómnibus que acaban de partir hacia alguna parte, pero que antes deberán cumplir con el ritual del desvío.
En 2016, “La Cumparsita” se festeja con un tablado negro lleno de cables que costó muchísima plata poner allí. Y que volvió locos a conductores, guardas, inspectores, pero por sobre todo, a pasajeros.
Es una parte del todo. El país está cada día más bizarro.
Y me viene a la memoria un video que anda por Internet, el “Mujica’s song”.
He quedado asombrada: en las redes sociales los uruguayos se lo toman en serio. Creen que en verdad es un homenaje a Muuuuuujica. Se enojan con los extranjeros que hicieron ese video, porque piensan que es una alabanza, elogios para el presidente cool.
Pero es un fiel espejo. Pocas leyes: la ley del porro, la ley del beso público y luego, bizarrez.
El Uruguay entero baila al compás del “Mujica’s song”.
Debería sonar por los parlantes de la Plaza Independencia.