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    Diez años sin banda cambiaria: el dólar libre muestra sus rasgos

    Por algunos días fue un “secreto” que supieron cuatro personas. Reunidos en la residencia presidencial de Suárez y Reyes, el mandatario de la época Jorge Batlle y los integrantes de su equipo económico habían tomado la decisión de eliminar la “banda de flotación” que desde 1990 aseguraba valores mínimo y máximo para el dólar que aumentaban poco a poco con una gradualidad conocida. Luego buscaron el mejor momento para ejecutar la medida y en la mañana del 20 de junio de 2002 el secreto dejó de serlo y sacudió a los uruguayos: desde entonces y hasta la actualidad, diez años después, el tipo de cambio surge del libre juego de la oferta y la demanda.

    Por estos días el régimen de flotación libre muestra sus rasgos más característicos, en un fenómeno casi universal. Debido a la incertidumbre que provoca la crisis de deuda, fiscal y de crecimiento en Europa, en Uruguay la cotización del dólar aumentó fuertemente a fin de mayo y comienzos de este mes, provocando inquietud entre quienes tienen cuentas a pagar en esa moneda o la usan para importar insumos o productos. Aquellos que compraron electrodomésticos en los shoppings el pasado fin de semana no notaron la suba de los precios, porque el ajuste se vio diluido por los descuentos.

    En contrapartida, con el dólar valorizado festejan los exportadores y otros agentes que reciben esa divisa.

    La modificación del régimen cambiario ocurrida en 2002 fue para muchas empresas y familias uno de los episodios más traumáticos derivados de la crisis que atravesaba Uruguay en ese año ya que habilitó en los días siguientes una brusca devaluación. Pero para las autoridades económicas de la época supuso una decisión necesaria ante un problema menor comparado con la desestabilización del sistema bancario y el riesgo de una cesación de pagos de la deuda pública.

    De hecho, esa reunión en Suárez y Reyes que fue decisiva en materia de política cambiaria —en la que participaron el ministro de Economía, Alberto Bensión, el presidente del Banco Central (BCU), César Rodríguez Batlle y el director de Planeamiento y Presupuesto, Ariel Davrieux, además del presidente Batlle—, tuvo como tema central la corrida de depositantes. “Había un convencimiento de que era el mejor camino y nadie opuso objeción”, afirmó Rodríguez Batlle a Búsqueda. “Era inevitable”, reforzó Bensión.

    Uno o dos días después de ese cónclave, por la mañana del 20 de junio, el mandatario les comunicó la decisión a algunos líderes políticos. El llamado al principal referente de la oposición en ese momento, Tabaré Vázquez, lo hizo el titular del BCU, según el relato del periodista Claudio Paolillo en su libro “Con los días contados”.

    Empezar a flotar

    El régimen de paridad deslizante o banda de flotación cambiaria fue adoptado en Uruguay en 1990 con el propósito de controlar una inflación de tres dígitos. El BCU se comprometía a adquirir con sus reservas todos los dólares que los agentes le vendieran al precio “piso” de la banda, y a vender todas las divisas que le demandaran al valor del “techo”. Era una especie de “tablita” como la que se quebró en 1982, aunque en lugar de conocerse de antemano el nivel exacto del tipo de cambio de cada día como entonces, la banda garantizaba que el mismo se ubicaría dentro de determinado rango de precios.

    El sistema sufrió varios cambios durante su vigencia. En el momento en que se desmanteló, entre la cotización “piso” y “techo” había una brecha de 12% y ambos precios eran aumentados diariamente de forma que en todo el mes el dólar se apreciara 2,4%. Si el régimen de banda de flotación se hubiera mantenido con idéntico ritmo de deslizamiento, a fines de 2012 un dólar debería valer entre $ 232 y $ 260.

    La decisión de abandonar el régimen de banda de flotación y adoptar la libre flotación fue comunicado en una conferencia de prensa a media mañana del 20 de junio, en la residencia presidencial. Bensión, que cesaría en su cargo al mes siguiente luego de que el Partido Nacional le retirara el apoyo, fue el encargado de hacer el anuncio.

    Allí alegó que la modificación buscó “darle mayor flexibilidad” al sistema cambiario para “adaptarse a las condiciones cambiantes de la región” y aclaró que la medida “no es una devaluación” sino una “flotación”, en el sentido de que las “posibilidades de la evolución del tipo de cambio están a priori indeterminadas”. En los hechos, eso fue lo que ocurrió: el precio de la divisa subió ligeramente en los días posteriores, pero esa tendencia se acentuó sobre todo en agosto y setiembre (llegó a $ 32,35 la compra y $ 32,4 la venta el día 10). Después bajó y se estabilizó en torno a los $ 27.

    Bensión explicó a Búsqueda que a raíz de la devaluación de Brasil en 1999 y el abandono de la convertibilidad que a fines de 2001 dio paso a una libre flotación en Argentina, a comienzos de 2002 el equipo económico de la época evaluaba que “las dos posibilidades eran flotar directamente o un adelanto, una aproximación a la flotación, que era tener una banda de 12% y una devaluación de 33%”.

    “En Argentina teníamos un caos cambiario, muertes y el abandono de la Presidencia por parte de Fernando de la Rúa. No era una situación fácil”, recordó. De haber optado por la flotación libre ya al inicio de ese año quizás hubiera ocurrido una “duplicación o una triplicación del tipo de cambio. No estábamos seguros de lo que podía pasar y teníamos una situación de descontrol muy fuerte en el campo cambiario”, añadió.

    Pero ante el agravamiento de la crisis bancaria y los fortísimos retiros de depósitos, el BCU debió utilizar parte de sus reservas para asistir a instituciones financieras. “Eso en realidad fue lo que puso en jaque las reservas. La crisis de 2002 no fue cambiaria —la autoridad monetaria nunca tuvo que salir a vender un dólar para sostener el tipo de cambio— sino bancaria”, aseguró el ex ministro.

    Otro factor que precipitó el abandono de la banda de flotación fueron las presiones del Fondo Monetario Internacional que se dieron en el marco de negociaciones por créditos al país. “Éramos el último de los Mohicanos y no podíamos tener un régimen cambiario que ya estaba desacreditado en el mundo académico y de los organismos internacionales”, añadió.

    Bensión dijo que la decisión sobre el momento en el cual concretar la eliminación de la banda de flotación fue adoptada “uno o dos días antes” de que se hiciera el anuncio el 20 de junio de 2002. “Ahí jugaban dos cosas. Primero, que el mercado no estuviera en una posición en la que interpretara que liberábamos el precio del dólar porque estábamos con el agua al cuello desde el punto de vista cambiario. Y segundo, porque era muy difícil mantener tanto tiempo un secreto, aunque fuera entre cuatro personas, y temíamos que se produjera una filtración”, explicó.

    “Mi preocupación estaba en la banca” más que en el asunto cambiario, contó el ex secretario de Estado.

    Dos días antes de que se produjera el cambio de régimen, el BCU había intervenido el Banco Montevideo, uno de los que estaban sufriendo importantes retiros.

    Desde antes de la crisis de 2002 el presidente del Central en esos días era partidario de que Uruguay adoptara un régimen de inflation targeting, que se basa en el manejo de la tasa de interés en moneda nacional pero que es incompatible con un sistema de tipo de cambio administrado, como era la banda de flotación. “Lastimosamente, el cambio se decidió en un momento de crisis”, dijo Rodríguez Batlle.

    Las actuales autoridades económicas han ponderado el régimen de flotación cambiaria vigente como instrumento para amortiguar los shocks que el país está recibiendo desde el exterior. Los uruguayos, en tanto, tratan de acostumbrarse todavía a ver oscilar el precio del dólar, movido la mayoría de las veces por fuerzas que se gestan en fenómenos en el exterior.

    Economía
    2012-06-14T00:00:00

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