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Jorge Pozzi es tan apasionado de la política como del ferrocarril. De hecho, llegó a compartir sus tareas parlamentarias con la presidencia de la Asociación Uruguaya de Amigos del Riel, una sociedad civil sin fines de lucro que corre trenes turísticos con viejas máquinas a vapor recuperadas.
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Ya hace dos años que Pozzi (Nuevo Espacio) se alejó de los Amigos del Riel y de las locomotoras que él mismo conducía, pero aún firme en la Cámara de Diputados ve con preocupación la realidad del ferrocarril uruguayo. Es que el modo ferroviario está ante la “oportunidad histórica” de captar la carga de la nueva planta que pretende instalar UPM: 2.000.000 de toneladas anuales para una empresa que en su mejor año (1945) llegó a mover 1.840.000.
En contraposición con la oportunidad que trae la celulosa, el ferrocarril uruguayo atraviesa uno de sus peores momentos. A pesar del esfuerzo que el anterior gobierno de José Mujica hizo por reestructurar el sector para darle “dinamismo”, la empresa Servicios Logísticos Ferroviarios (SLF) —propiedad de AFE y la Corporación Nacional para el Desarrollo— no logra consolidarse y, casi seguro, cerrará el año con el registro histórico más bajo de carga.
El gobierno logró aprobar la reestructura ferroviaria que separó la actividad en tres áreas (operación, infraestructura y regulación) que antes estaban dentro de la Administración de Ferrocarriles del Estado (AFE). El nuevo esquema dejó a la sociedad anónima estatal SLF encargada de la operación de los trenes de carga, a AFE a cargo de las vías y los servicios de pasajeros y a la Dirección Nacional de Transporte Ferroviario como organismo regulador de la actividad.
Para Pozzi, la reforma que se llevó adelante “está bien” y está convencido de que el modelo “debe seguir adelante”. Sin embargo, reconoce que la nueva operadora, lejos de darle al ferrocarril la “dinámica” que buscaban, “lo único que mostró hasta ahora es una caída en los números de carga año a año”.
“Hicimos todo esto porque se iban a arreglar las locomotoras más fácil, se iban a arreglar los vagones más fácil, era más fácil hacer compras sin todas las trancas del Estado. Era más fácil todo, pero lo único que está demostrando desde que nació es que hay menos carga, menos locomotoras disponibles… Ese gran instrumento que creamos hoy no está dando resultados”, valoró.
Pozzi cree que ya es tiempo de “sacar conclusiones” y él tiene la suya clara: “Está fallando la gestión”. En su opinión, la resistencia del sindicato ferroviario a la reforma —que durante los últimos años fue señalada como el principal motivo de los retrasos— ya no es “excusa”. Tampoco cree que los pocos recursos económicos disponibles sean un argumento válido porque considera que experiencias como la de los Amigos del Riel demuestran que casi sin dinero es posible hacer cosas.
“¡Ni siquiera pintaron las locomotoras con el logo de SLF, que es lo primero que haría cualquiera!”, planteó como ejemplo de los problemas de gestión en la nueva operadora.
En la situación actual, Pozzi sostiene que SLF “no está a la altura” de la posibilidad histórica de captar la carga de UPM. Incluso, reconoció que si él estuviera en la posición de la empresa finlandesa no le confiaría a SLF el transporte de la celulosa.
De todas formas, está convencido de que todavía “hay tiempo” para “dinamizar” la gestión y posicionarla como una “operadora seria”. Para eso son necesarios “cambios” que se deben iniciar ya porque, de lo contrario, SLF perderá la “gran oportunidad” de UPM. Eso, a su vez, implicaría el ingreso al mercado ferroviario de operadores privados que si muestran eficiencia pueden terminar desplazando a la sociedad anónima estatal.
“Ahí abrís la puerta a que se privatice de verdad la actividad ferroviaria. ¡Pónganse las pilas! Tienen un tiempito todavía. Dentro de diez meses están fritos”, afirmó.
El peor año.
Tras dos años de idas y vueltas, en julio del 2015 SLF asumió definitivamente los servicios de carga por tren que hasta entonces cumplía AFE. Ese primer año de gestión cerró con un tráfico de carga de 821.993 toneladas, un registro que está entre los niveles más bajos históricos del ferrocarril.
Para 2016 el presidente de AFE y SLF, Wilfredo Rodríguez, se trazó el objetivo de mover 1.500.000 toneladas (Búsqueda Nº 1.849), pero los resultados estuvieron todavía más lejos de esa meta que el año anterior.
Al cerrar el mes de noviembre, según datos a los que accedió Búsqueda, SLF había transportado apenas 621.207 toneladas. Con ese panorama, es probable que el ferrocarril cierre el año con su peor registro histórico, por debajo de las 750.000 toneladas transportadas en 1972.
Hasta ahora, las principales críticas a la gestión de SLF habían partido del director de AFE por el Partido Nacional, Alfonso Lereté. En mayo, ante los malos resultados obtenidos, el jerarca había llegado a pedir la remoción del gerente general de la operadora, Gonzalo Ponce de León, y del gerente comercial, Christian de Marchis.
“Entierro de lujo”.
En octubre, el ministro de Transporte, Víctor Rossi, dio las primeras señales respecto al rol de SLF de cara al proyecto de UPM de instalar una nueva planta (Búsqueda Nº 1.887). En esa oportunidad, explicó que la sociedad anónima estatal no necesariamente sería la encargada de mover la celulosa de la planta al puerto. Más aún, afirmó que “sería razonable” que la propia UPM se ocupara del traslado de la mercadería.
Aquellas señales parecen confirmarse ahora. Fuentes del Poder Ejecutivo aseguraron a Búsqueda que una de las solicitudes de UPM fue ocuparse ella misma del transporte de carga y no recurrir a los servicios de AFE.
Para el diputado Daniel Caggiani (Movimiento de Participación Popular), la posibilidad de que la operadora ferroviaria estatal quede por fuera del proyecto es “preocupante”. El legislador estima que el transporte de carga de la celulosa es un negocio que ronda los U$S 75 millones. Ese volumen de actividad, en su opinión, le permitiría a SLF “consolidarse institucionalmente” y “avanzar en otras áreas de negocio” en las que hoy no puede por su “debilidad”.
“De confirmarse que la operación del transporte de carga de celulosa la va a hacer una operadora privada y ni siquiera un porcentaje de esa carga queda para SLF, seríamos el hijo de la pavota”, dijo.
Para Caggiani, conceder esas condiciones a UPM implicaría que el Poder Ejecutivo no tiene “una posición fuerte en defensa de los intereses nacionales” para “seguir avanzando en la transformación del modo ferroviario”. Es que el diputado asegura que la convivencia de más de un operador ferroviario es “inviable” económicamente y permitir el avance de un privado en la actividad sería “el entierro de lujo para el ferrocarril estatal”.